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miércoles, 12 de septiembre de 2007

Icarus en llamas

Sí, ya se que no es original llamar Icarus a un personaje como el protagonista de mi historia, tan parecido al Ícaro de los mitos griegos, pero no pude resistir la tentación. Todos los personajes menos él y Benedict Diggory son de J. K. Rowling. Espero que les guste.

Icarus Hunter estaba muy satisfecho consigo mismo. Sus méritos lo habían ayudado a avanzar enormemente en su carrera en el Ministerio de la Magia hasta llegar a ser nombrado jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional. Lo notable no era el cargo en sí (no se trataba de un puesto muy apetecible), sino el hecho de que Hunter fuese el primer mago hijo de muggles en ser designado jefe de Departamento. Los Black, los Lestrange, los Malfoy, los Avery, los Rosier, los Crabbe, los Goyle y otras familias de sangre pura habían refunfuñado bastante al enterarse del nombramiento. No es que ninguno de ellos quisiera ser jefe de ese Departamento: simplemente no querían que un hijo de muggles lo fuese.
Durante los siguientes 7 años, Hunter se había dedicado prolijamente a hacer una gestión eficiente al frente del Departamento, pues no solo quería evitar que sus detractores le quitasen el puesto, sino que incluso quería continuar su ascenso hacia cargos más importantes. Hunter había sido puesto en Ravenclaw por el Sombrero Seleccionador, pero era en términos de ambición un auténtico Slytherin. Hunter mantuvo un alto perfil (tenía muchos periodistas amigos dispuestos a darle espacio en las páginas de El Profeta) y se ocupó de mostrarse como un funcionario activo y muy eficaz. Sus reuniones con representantes de comunidades mágicas de otros países -en muchos casos, se trataba de sus primeros contactos con la comunidad británica- eran seguidas con mucho interés. El año anterior, Hunter había anunciado sus planes para volver a celebrar el Torneo de los Tres Magos, y a los pocos meses había conseguido la aprobación de los directores de Hogwarts y Beauxbatons; sólo el director de Durmstrang seguía renuente.
Todo éste trajín había servido para colocar a Hunter en el centro de la escena política, y unos días atrás había salido un artículo en El Profeta en el que se hablaba de la posibilidad de que el ministro de la Magia se retirase. El periódico mencionaba varios nombres, y entre ellos estaba nada más y nada menos que el de Icarus Hunter (ciertamente era útil tener amigos periodistas, pensó el jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional cuando leyó el texto).
La reacción de las familias de sangre pura no se había hecho esperar, y lo que antes habían sido gruñidos se convirtió en un clamor de rugidos. ¿Cómo un sangre impura osaba aspirar a dirigir la comunidad mágica? ¿Cómo tantos magos de sangre pura podían apoyarlo? ¿Y cómo, en primer lugar, había llegado el sangre impura a ser jefe de Departamento? La polémica no preocupaba a Hunter, sino todo lo contrario: todo este fuego verbal lo hacía destacarse aún más entre los ministeriables. Si los magos de sangre pura hubiesen sido más discretos en sus ataques contra Hunter, y se hubiesen limitado a hacer lobby en el Ministerio, hubiesen tenido más posibilidades de éxito; ahora si él no sucedía al ministro, todos creerían que él había sido rechazado por su status de hijo de muggles. Todo era ganancia.
Hunter sólo se lamentaba de una cosa: carecer casi completamente de amigos. No es que fuese un antisocial; era imposible ascender en el Ministerio sin tener capacidad para llevase bien con todo el mundo. Pero se trataba de amistades muy poco firmes, basadas más bien en la simpatía que en la afinidad. La única persona con quien tenía algo similar a una amistad era su secretario, Benedict Diggory. Benedict tenía casi 20 años menos que su jefe, era de sangre pura y había estado en Slytherin, pero ambos se parecían mucho en cuanto a la ambición y la inteligencia. Hunter se consideraba su mentor y le agradaba la idea de ir formándolo para que siguiese sus pasos. Pero, pensaba Hunter a veces, era una lástima que su trabajo lo forzase a pasar más tiempo con su secretario que con sus padres o sus parejas ocasionales.
Esa noche, Hunter y Benedict regresaban del Ministerio, pero eso no significaba que hubiesen terminado de trabajar: aún les quedaban dos o tres horas más de papeleo y deberían pasarlas en la casa de Hunter, pues generalmente no se permitía a los funcionarios quedarse en el Ministerio durante la noche.
Hunter abrió la puerta a su secretario mientras le decía:
-Bueno, Diggory, debemos comenzar escribiendo un informe para el ministro sobre la reunión con el director de Durm…
Pero sus palabras fueron cortadas por una voz fría y alta que gritó desde el interior:
Petrificus totalus!
El hechizo golpeó al mago y lo dejó paralizado instantáneamente. Benedict intentó sacar su varita, pero un segundo hechizo salió del mismo lugar y le dio. Un hombre encapuchado salió de la oscuridad de la vivienda y, con un movimiento de varita, encendió las luces de la casa de Hunter, permitiendo que ambos lo vieran. Tenía la piel tan blanca como la leche, era calvo y muy delgado y huesudo. Lo más aterrador de todo eran sus ojos, cuyo color anormalmente rojo hacía que se resaltasen muchísimo en un rostro tan blanco.
-Icarus Hunter… -dijo el mago-. Qué placer es conocerte por fin. He pasado muchos años alejado de la comunidad mágica, por lo que no me he mantenido al tanto de los acontecimientos políticos; imaginarás entonces mi sorpresa cuando retorné a Inglaterra y descubrí que mis compatriotas estaban a punto de designar a un sangre impura ministro de la Magia.
“‘¡Qué increíble cambio!’, pensé. ‘¿Los mismos magos y brujas que despreciaban a los sangre impura como Hunter ahora quieren ponerlo al frente de la comunidad? ¿Qué puede haber pasado?’ Y pronto me di cuenta: la culpa es tuya, por supuesto, dado que durante años has estado trepando lentamente hacia el poder, pero también es culpa de otros magos, magos de linaje decente, que no han mantenido la adecuada vigilancia sobre ustedes, los sangre impura. Y de magos como ese Albus Dumbledore, que apoyan el ascenso de los sangre impura. Entonces me dije a mi mismo: ‘¡Debo hacer algo para cambiar la situación, por el bien de los magos de sangre pura como yo!’ Y aquí estoy, Hunter.
El mago oscuro luego dijo “Levicorpus” y Benedict y Hunter fueron levantados y levitaron al interior de la casa, cuya puerta se cerró. Luego se aproximó a la chimenea, utilizó un Incendio para encender los leños, utilizó el hechizo Muffliato para evitar que sus rehenes escuchasen lo que decía, arrojó un puñado de polvos Flu al fuego y dijo “Mansión Malfoy”.
Pronto el mago pudo ver la cabeza encapuchada y enmascarada de un hombre, a quien llamó:
-Abraxas. Los tengo conmigo en su casa. Vengan.
El mago se alejó de la chimenea, y después de unos segundos un grupo de magos fueron saliendo de las llamas. Todos llevaban capas y capuchas negras y máscaras metálicas que cubrían sus rostros. Cuando el último de ellos, una mujer joven por lo que se adivinaba a través de la ropa, salió del fuego, el mago oscuro habló:
-Mis leales seguidores, los he llamado aquí esta noche porque estamos a punto de presenciar un momento histórico. El momento en el que acabará para siempre la perniciosa influencia de los sangre impura sobre nuestra comunidad, y retornará la hegemonía de nosotros, los magos de sangre pura. Sólo nosotros tenemos derecho a conocer los secretos de la magia, sólo nosotros tenemos derecho a gobernar el mundo. ¡Y sólo nosotros tenemos derecho a aspirar a los cargos más altos y honorables! ¡Éste sangre impura osó intentar elevarse por encima de su posición natural, y ahora pagará! ¡Y ustedes serán testigos de su castigo! ¡Crucio!
Durante la siguiente hora, el mago oscuro torturó a Icarus Hunter con el maleficio Cruciatus. Sería bastante triste relatar aquí cómo aquel mago hijo de muggles fue quebrado por el dolor y por la tortura psicológica a la que lo sometió su victimario, prometiéndole perdonarlo para luego reanudar la faena. Hunter se fue precipitando cada vez más hacia la desesperación por poner fin al dolor, aún cuando esto significase la muerte.
Finalmente, el mago oscuro se detuvo, se inclinó y le susurró suavemente al oído a Hunter:
-¿Quieres que termine? Pídelo y lo haré.
-Sí -contestó Hunter con lo que le quedaba de voz. El mago oscuro se enderezó y dijo, dirigiéndose a los testigos:
-Siglos atrás, los muggles solían quemar vivos a los magos y brujas. Es cierto que era fácil para muchos escapar de las llamas, pero quienes eran capturados sin varita debían arder. Es justo que ahora éste muggle sufra el mismo castigo que sus congéneres infringieron a nuestros antepasados.
Y antes de que Hunter comprendiese lo que iba a pasar, el mago oscuro le apuntó con su varita y gritó:
Incendio!
Una vez más, Hunter gritó con todas sus fuerzas y se retorció, pero el mago oscuro le lanzó un Impedimenta para evitar que se moviese y quemase el resto de la casa. Así, Hunter se carbonizó lentamente frente a los ojos del mago oscuro, sus seguidores y Benedict, que seguía paralizado.
Cuando Hunter murió, el mago oscuro se dirigió a sus seguidores.
-Váyanse. Yo me ocuparé del muchacho.
Uno a uno, los magos entraron en las llamas y desaparecieron. Cuando el último se fue, el mago oscuro se volvió hacia Benedict, que había debido observar el suplicio de su jefe sin intervenir.
-Veamos quién eres, muchacho. ¡Legilimens!
Fue como si la habitación desapareciera. En un par de segundos, todos los recuerdos de Benedict Diggory desfilaron frente a sus ojos, y los del mago oscuro. Una vez más, Benedict jugaba con su hermano Amos en el jardín de su casa. De nuevo experimentaba su primer estallido involuntario de magia. De nuevo entraba al local del señor Ollivander a comprar su varita. De nuevo estaba sentado en el medio del Gran Salón mientras el Sombrero Seleccionador, posado sobre su cabeza, gritaba “¡SLYTHERIN!”. De nuevo jugaba su primer partido de Quidditch, como buscador, y atrapaba la snitch. De nuevo besaba por primera vez a una chica. De nuevo su padre le anunciaba que le había conseguido trabajo como secretario de Icarus Hunter. Y de nuevo él e Icarus entraban en su casa, para encontrarse con el ser horroroso que los esperaba adentro…
-Bueno, Benedict, parece que hoy es tu día de suerte. Como yo, eres un Slytherin de sangre pura. No voy a matarte. No: tú tendrás la misión de contarle a todo el mundo lo que ocurrió aquí. Y si te preguntan quién soy… -añadió con una sonrisa cruel- bueno, digamos que la respuesta está bajo tus narices.
El mago oscuro se acercó más a Benedict y, con un nuevo movimiento de su varita, desgarró su túnica y la camisa que llevaba debajo, dejando su pecho desnudo. A continuación, el hombre dijo “¡Sectumsempra!”, y Benedict sintió como si un cuchillo, invisible para él, estuviese tajeando su pecho. Los cortes fueron rápidos, y al poco tiempo Benedict sintió la sangre correr por su pecho, su estomago y sus piernas.
-No te preocupes, Benedict, no morirás desangrado. Pero me temo que las heridas jamás desaparecerán de tu pecho, pues están malditas. Lo siento -dijo el mago oscuro, con el mismo tono frío y desapasionado en que muchos años más tarde se disculparía por matar a otro mago de la Casa de Slytherin. Apuntó con su varita a Benedict y dijo “Finite”, tras lo cual se fue por la chimenea dejando al muchacho a solas con los restos de su jefe.
El último pensamiento de Benedict Diggory antes de desmayarse fue desear que nunca recuperase el conocimiento. Recién muchas horas después, cuando despertó en San Mungo, supo qué era lo que el mago oscuro le había escrito en su pecho.
“SOY LORD VOLDEMORT”

1 comentario:

  1. Albus en Hogwarts… EXCELENTE! Me encanto que este en Slytherin. Aparte.. detesto a James I y James II (viva imagen del abuelo XD)
    La verdad que los que leí me gustaron. Tanto la forma en la que redactas como la historia.
    Los personajes, mantenes la personalidad de cada uno.
    La verdad… daba por sentado de que los Lestrange estaban muertos. Me “resolviste” XD temas como en donde están los cuerpos de los mortifagos y de Voldemort.
    Bueno, espero que sigas escribiendo fics de Harry Potter. Voy a recomendarte.

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