Fecha y hora de la Argentina

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miércoles, 13 de febrero de 2008

Pino, Perón y Página

Hay dos cosas que quiero señalar sobre el artículo de Pino Solanas publicado por Página/12 hace poco.
Por un lado, Pino la pifió mal con Perón. No comprendo como puede rescatar el hecho de que la constitución peronista de 1949 afirmaba que “los minerales y caídas de agua, los yacimientos de petróleo, carbón y gas (...) son propiedades inalienables e imprescriptibles de la Nación” ignorando que unos cinco años después aquel mismo Perón quiso darles a las petroleras estadounidenses unas concesiones de la p… madre (prácticamente estuvo por regalarles Santa Cruz). Luego Pino hace una relectura de la historia del Perón terminal de la tercera presidencia diciendo que “en su mensaje sobre el Proyecto Argentino en el Congreso -1/5/74- Perón planteaba realizar una revolución en paz y ratificaba la propiedad sobre los recursos naturales.” Muy bonitas palabras, pero ese mismo Perón que planteaba la revolución pacífica era el que permitía y/o alentaba el accionar de la Triple A. Y finalmente concluye presentando una teoría conspirativa de que a Perón “lo dejaron morir o lo envenenaron como a Joao Goulart”. No voy a ponerme a defender al ex policía devenido en astrólogo y luego en ministro de Bienestar Social y a la ex bailarina de cabaret devenida en Primera Dama y vicepresidenta que dirigían el entorno del General en aquellos años, pero que yo sepa ningún historiador ha planteado seriamente la posibilidad de que a Perón lo hayan liquidado.
(Ojo, me parece que el planteo que hace Pino sobre los recursos naturales es muy válido. Nomás le critico esos aspectos puntuales de su visión de Perón.)
El otro punto que quiero señalar es que es indudable que darle espacio a Pino para lapidar a los Kirchner en las páginas de Página -valga la redundancia- es un pase de facturas (lo mismo que este artículo en el que se critica la construcción del tren bala). Como bien señalan acá, la predilección del kirchnerismo por el Gran Diario Argentino está causando bastante hastío en la corporación periodística. Recordemos que el día en que se confirmó que Cristina Fernández de Kirchner iba a ser la candidata oficialista en las elecciones de octubre, la primicia la dio Clarín, mientras que Página, si no me equivoco, puso en tapa una (en comparación) aburridísima nota sobre las ganancias de Repsol titulada con poco ingenio Oro negro. Y ahora, en el mismo día en que Clarín mostraba a Kirchner y Lavagna en los jardines de Olivos, en Página hablaban sobre la mala relación del gobierno kirchnerista y el Vaticano. Después de casi cinco años de oficialismo, los Kirchner siguen prefiriendo mimar a Clarín antes que usar al siempre complaciente Página. Robando y alterando los términos de la metáfora usada acá para definir la relación entre la CTA y el gobierno, podríamos decir que Página es para los Kirchner como la esposa vieja y aburrida con la que se consuelan cuando la amante joven y exigente -Clarín- les corta el rostro.

miércoles, 17 de octubre de 2007

62 años

Decir que el 17 de octubre de 1945 fue una fecha histórica es una perogrullada, pero es imprescindible reconocerlo. El 17 de octubre fue el momento en que un simple militar con ambiciones políticas -lo mismo que decenas, quizá centenares de otros militares en las décadas anteriores- se convirtió en el segundo líder de masas de la historia argentina. Es imposible, sea uno peronista o no (y yo no lo soy), no ver esa jornada como algo épico; un golpe palaciego le quita a Perón el poder y luego lo encarcela, los obreros reaccionan (¿espontáneamente? ¿importa?) y logran que sea liberado, para unos meses después consagrarlo presidente de la Nación en las urnas.
El peronismo después se fue corrompiendo. Los casi 10 años en el poder que siguieron, en los que se persiguió a la oposición con saña, el enfrentamiento entre su ala derecha y su ala izquierda en 1973-1976, y finalmente la conversión del movimiento en un aparato (el “pejotismo”, como lo definió Kirchner bastante acertadamente en el 2002) únicamente interesado en conservar el poder, al margen de cualquier ideología, que se dio a partir de 1983, no pueden ser olvidados. Pero si yo hubiese estado en ese día mágico, tal vez diría hoy que valió la pena.

miércoles, 8 de agosto de 2007

La ¿maldición? de los gobernadores bonaerenses

Gobernar la provincia de Buenos Aires, en la Argentina, significa estar al frente de uno de los pocos distritos que superan el millón de habitantes. Por lo tanto no es extraño que tantos gobernadores bonaerenses se hayan considerado a sí mismos presidenciables desde el momento en que asumieron el cargo. No obstante, ninguno de ellos logró ser elegido presidente, y además hubo muchísimos casos de gobernadores que no alcanzaron a concluir sus mandatos, lo cual hace que muchos piensen que hay una maldición que pesa sobre el cargo.
Hay dos aparentes excepciones a la maldición: Bartolomé Mitre y Eduardo Duhalde. Mitre fue presidente en 1862 y Duhalde en 2002, pero ninguno surgió de elecciones propiamente dichas: Mitre ganó la guerra civil contra Urquiza y el gobierno de la Confederación y se hizo elegir presidente apoyado por su ejército; Duhalde fue designado presidente por la Asamblea Legislativa cuando se produjo la renuncia de Adolfo Rodríguez Saá. Un detalle interesante es que el propio Duhalde creía en la maldición, e hizo que un brujo llamado Manuel Salazar “exorcizase” la Casa Rosada en junio de 2002. En 1999, cuando se postuló a la presidencia, también hizo que Salazar practicase un ritual similar, pero el resultado no fue el mismo. Ya hablaré de eso más abajo.
Se dice que la maldición se remonta a principios de la década de 1880. Julio Roca había debido aplastar una sublevación del gobernador bonaerense Carlos Tejedor para poder asumir la presidencia, y el nuevo gobernador Dardo Rocha no ocultaba sus planes de suceder a Roca en 1886. El presidente, dice la leyenda, hizo que una bruja maldijese a Rocha para que no pudiese ser presidente jamás, y que esa maldición se extendió a todos sus sucesores. La maldición funcionó, y la candidatura de Rocha naufragó antes de ser proclamada.
Bernardo de Irigoyen (gobernador en 1898-1902) no fue víctima de la maldición, pues cuando terminó su mandato no quiso ser presidente, pero había sido candidato a la Primera Magistratura en 1886 y 1892 y había sido vencido, de modo que podría decirse que la maldición lo afectó a la inversa.
Marcelino Ugarte (1902-1906) quiso ser presidente en las elecciones de 1904, pero Julio Roca decidió convocar a la famosa “Convención de Notables” para designar a quien sería el candidato presidencial del oficialismo, y Ugarte debió postergar sus ambiciones. En 1910 Ugarte también quiso ser candidato presidencial, pero José Figueroa Alcorta optó por Roque Saenz Peña (en aquellos años en los que el fraude electoral era cosa de todos los días, los presidentes directamente designaban a sus sucesores a dedo). Y en 1912 Saenz Peña sancionó la ley que lleva su nombre y que garantizaba la limpieza de los comicios, lo cual le cerró definitivamente la entrada a la Casa Rosada a Ugarte. Logró ser elegido gobernador nuevamente en 1914, pero la provincia de Buenos Aires fue intervenida por Hipólito Yrigoyen en 1917.
José Camilo Crotto, elegido gobernador en 1918, se destacaba por su larga trayectoria de militante en el radicalismo yrigoyenista, pero apenas se convirtió en gobernador se fue diferenciando cada vez más del presidente; por ejemplo, reaccionando en forma adversa a la Reforma Universitaria -mientras que Yrigoyen la apoyó con bastante entusiasmo- y apoyando abiertamente a los aliados en la Primera Guerra Mundial -mientras que Yrigoyen había mantenido tenazmente la neutralidad argentina en el conflicto. Esto seguramente se debía al deseo de ser presidente en 1922, cuando expirase el mandato de Yrigoyen. El entonces poderoso radicalismo bonaerense, leal a Yrigoyen, le retiró su apoyo y lo forzó a renunciar en 1921, tras lo cual Crotto pasó a militar en las filas del radicalismo antipersonalista (léase antiyrigoyenista).
Manuel Fresco (1936-1940), aspiraba a ser presidente en 1938, pero Agustín Justo eligió a Roberto Ortiz como sucesor (hay que recordar que en ese entonces se había reimplantado el fraude electoral). Rodolfo Moreno, elegido gobernador en 1942, quiso que Ramón Castillo lo nombrase candidato oficialista para las elecciones de 1944, pero Castillo optó por Robustiano Patrón Costa. De poco le hubiera servido ser el candidato, pues en 1943 un golpe militar derrocó a Castillo, de modo que nunca se celebraron elecciones en 1944.
Domingo Mercante (1946-1952), era uno de los dirigentes históricos del justicialismo, y había acompañado a Perón desde 1945 o antes. Por eso esperaba que, cuando su mandato venciese en 1952, Perón lo proclamase candidato presidencial. No obstante, el peronismo logró reformar la constitución en 1949, permitiéndole al General ser reelecto en 1952. Mercante, visto con mucha desconfianza por Perón y Evita, fue forzado a renunciar.
Oscar Alende fue gobernador entre 1958 y 1962. Luego fue candidato presidencial en 1963, 1973, 1983, y fue derrotado en las tres ocasiones. Su Partido Intransigente logró un respetable caudal electoral en la década de 1980 y principios de la de 1990, pero la muerte de Alende en 1996 hizo que prácticamente se disolviera.
Antonio Cafiero (1987-1991) soñaba con suceder a Raúl Alfonsín como presidente en 1989, pero una torpeza suya en 1987 le costó probablemente la elección: ofreció a Eduardo Duhalde la candidatura a vicegobernador, y él aceptó. Pero luego Cafiero cambió de parecer y le pidió al entonces intendente de Lomas de Zamora que encabezase la lista de candidatos a diputados nacionales por la provincia. Duhalde aceptó. Pero Cafiero volvió a cambiar de idea y le pidió que ocupase el segundo puesto de la lista. Duhalde aceptó, pero juró a sus íntimos destruir a Cafiero (de hecho, las palabras que usó fueron “mandarlo a un geriátrico”). Y cumplió: en las elecciones internas de 1988 Duhalde fue precandidato a vicepresidente junto a Carlos Menem, aportándole numerosos votos bonaerenses y permitiéndole vencer a la fórmula Cafiero-José De la Sota y convertirse en candidato del PJ a la presidencia en 1989. Después de la derrota, Cafiero se dedicó a buscar la reforma de la constitución provincial, para poder ser reelecto en 1991 y, seguramente, tener una base para candidatearse a presidente en 1995, al concluir el mandato de Menem. Pero Menem y Duhalde frustraron sus planes y lo forzaron a contentarse con entrar al Congreso, donde estuvo hasta el 2005, si no me equivoco.
Duhalde fue quién sucedió a Cafiero en 1991, y él también deseaba ser presidente en 1995, pero sus planes también se vieron frustrados cuando Menem consiguió reformar la constitución nacional y ser reelecto para un segundo mandato. Duhalde entonces imitó al presidente y reformó la constitución provincial para poder ser reelecto (según las malas lenguas consiguió que se aprobase la reelección sobornando a los convencionales constituyentes del MODIN, el partido de Aldo Rico). Su plan era suceder a Menem en 1999, y cuando Menem dio muestras de querer buscar un tercer mandato, Duhalde se le opuso tenazmente y logró obligarlo a abandonar sus planes. El gobernador pudo ser candidato del PJ en 1999, pero fue vencido por la entonces ascendente Alianza, que llevaba a Fernando De la Rúa como candidato a presidente.
Carlos Ruckauf (1999-2002) aspiraba muy abiertamente a ser presidente en el 2003, y toda su acción de gobierno en la provincia estuvo encaminada a ese objetivo; de hecho, el gobernador se ocupaba de sus tareas de Estado desde una elegante oficina en la Ciudad de Buenos Aires en vez de en la Casa de Gobierno en La Plata. No obstante, su decisión de pagar a los empleados públicos de la provincia en bonos (los famosos y hoy olvidados “patacones”) y su posible participación como instigador de los saqueos que produjeron la caída de De la Rúa en 2001, al igual que su actitud de obstruir el accionar del gobierno nacional en general, causaron que su imagen pública cayese tanto en las encuestas que cuando Duhalde fue nombrado presidente en enero del 2002, le pidió un cargo desesperadamente (parece que llegó a decir que estaba dispuesto a trabajar para el gobierno “hasta de granadero”). Duhalde lo nombró canciller, y en el 2003 fue elegido diputado. Como tantos otros, cuando se produjo el enfrentamiento entre Duhalde y Néstor Kirchner en el 2005, él se alineó primero con el bando duhaldista y luego con el kirchnerista. No ha vuelto a manifestar deseos de ser presidente.
En cuanto a Felipe Solá, nunca parece haber tenido ambiciones de ocupar la presidencia, pero sí tenía planes de proyección nacional que le fueron frustrados. En primer lugar, quiso forzar una interpretación de la constitución provincial que le permitiese ser reelecto éste año. No obstante, recibió una orden del presidente Kirchner de abandonar su planteo judicial, y debió desistir. Luego operó para ser candidato a vicepresidente, y hubiese tenido buenas chances si Kirchner se hubiese presentado a la reelección, pero como sabemos el presidente decidió que la candidata sería CFK. Y la hipotética fórmula de CFK-Solá rompería la tradición que se remonta a 1862, de tener en la presidencia y en la vicepresidencia a un porteño o bonaerense y a un provinciano, al ser tanto él como ella bonaerenses. Ahora se sabe que Solá encabezará la lista de candidatos a diputados nacionales por la provincia, y se cree que cuando sea elegido lo nombrarán presidente de la Cámara de Diputados, como premio consuelo.
Supongo que Daniel Scioli y todos los que quieren que, al terminar su período en la gobernación bonaerense, sea candidato presidencial deberían tomar en cuenta los derroteros de sus antecesores.

sábado, 28 de julio de 2007

CFK y Cleto

Está confirmado que los candidatos del kirchnerismo en las elecciones de octubre serán la senadora Cristina Elizabeth Fernández de Kirchner y Julio César Cleto Cobos, gobernador radical de Mendoza. La postulación de Cleto forma parte de lo que los Kirchner llaman “concertación plural”, con gobernadores e intendentes del radicalismo.

Fragmento del discurso de CFK en el lanzamiento de su candidatura (fíjense en su tic de acomodar constantemente los micrófonos)

En la Argentina han sido raras las ocasiones en que los presidentes se han llevado bien con sus vicepresidentes. Miguel Juárez Celman desconfiaba profundamente de su vice, Carlos Pellegrini, a quién consideraba -con razón- demasiado vinculado a Julio Roca, su cuñado y ex aliado político; la renuncia de Juárez Celman en 1890 permitió que Roca y Pellegrini gobernasen el país.
Manuel Quintana y José Figueroa Alcorta tenían una relación muy fría, y cuando los radicales hicieron su tercer intento revolucionario en 1905, tomaron prisionero al vicepresidente y lo obligaron a pedir por telégrafo al presidente ciertas condiciones, bajo la amenaza de ejecutarlo. Quintana se rehusó, y ese incidente dañó sus relaciones durante el resto de su mandato.
Marcelo T. de Alvear no sentía tampoco mucha confianza hacia su vice Elpidio González, un radical yrigoyenista; debido a ello, evitó durante su mandato abandonar el país, pues debía dejar la presidencia en manos de González.
El vicepresidente de Hipólito Yrigoyen durante su segundo mandato, Enrique Martínez, permitió que avanzase la conspiración de José Uriburu para poder reemplazarlo eventualmente en la presidencia, pero Uriburu los depuso a ambos, en el primer golpe de Estado exitoso de la historia argentina contemporánea.
Roberto Ortíz y Ramón Castillo mantuvieron una relación relativamente cordial mientras ocuparon la presidencia y la vicepresidencia, pero cuando Ortíz se quedó ciego, Castillo lo reemplazó, abandonó sus tímidas iniciativas en pos de la apertura del sistema político y restauró el “fraude patriótico”. Ésto fue seguramente una de las causas del golpe de 1943, que fue la causa del surgimiento del peronismo, así que es interesante preguntarse qué hubiese pasado si Ortíz hubiese conservado su buena salud, o si Castillo no lo hubiese traicionado.
El segundo vicepresidente de Perón, Alberto Teisaire, goza de la rara distinción de ser el único en no haber sido elegido junto con un presidente. Cuando el vicepresidente Hortensio Quijano -otro caso único en la historia argentina, por haber sido el único vicepresidente reelecto- murió en 1952, Perón convocó elecciones para cubrir esa vacante, estableciendo un precedente que ningún sucesor ha seguido (todos prefirieron, en los casos en que “perdieron” a sus vices, que el presidente del Senado ocupase ese rol). Teisaire no le disputó el liderazgo, pero fue el más destacado de los miembros de lo que podríamos llamar “segunda generación” de dirigentes peronistas, marcada por la corrupción, el autoritarismo y la adulación al Líder, de modo que podría decirse que lo perjudicó bastante. Tras la caída de Perón, Teisaire estuvo entre quienes lo abandonaron para lanzarse a los brazos de los “libertadores”.
Alejandro Gómez, vicepresidente de Arturo Frondizi, renunció en noviembre de 1958, por diferencias con la política petrolera del gobierno, sentando también un precedente inédito. Falleció en febrero del 2005, a los 96 años.
El vicepresidente de Raul Alfonsín, Víctor Martínez, era un hombre vinculado a la derecha radical y a los militares, que en muchas ocasiones analizaron ponerlo en la presidencia. Los dos vices de Carlos Menem, Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf, aspiraban a sucederlo y no tardaron en diferenciarse de él. El vicepresidente de Fernando De la Rúa, Carlos “Chacho” Álvarez, se enfrentó a él casi enseguida después de asumir, y acabó renunciando.
En cuando al actual vicepresidente, Daniel Scioli, su relación con el presidente Kirchner parece haberse estabilizado, pero en los primeros meses de su mandato “corrió por derecha” a Kirchner criticando su política de DD.HH. y pidiendo un aumento de tarifas de servicios públicos. Kirchner le aplicó una fulminante “terapia del teléfono”, negándose a ver al vicepresidente, y a atender sus llamadas, hasta que Scioli terminó doblegándose. Ahora Kirchner lo “indultó” y lo ha candidateado a gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Y, de paso, quiero mencionar a una de mis series favoritas, 24. En su segunda temporada, el presidente de EUA es David Palmer, y su vicepresidente es Jim Prescott. Cuando se encuentran evidencias de que tres países de Oriente Medio estuvieron involucrados en un atentado nuclear en EUA, Palmer es presionado por sus asesores para que realice un ataque sorpresa a esos tres países, pero el héroe de la serie, Jack Bauer, lo convence de que las evidencias podrían ser falsas. Entonces, el jefe de Gabinete Mike Novick se las arregla para invocar la 25ª enmienda de la Constitución estadounidense, que permite a los miembros del gabinete suspender al presidente y reemplazarlo por el vicepresidente, en caso de que ellos juzgen que el presidente es incapaz de cumplir sus funciones. Prescott apoya a Novick y finalmente Palmer es suspendido.
En la última temporada, el presidente es el hermano menor de David Palmer, Wayne, y su vicepresidente es Noah Daniels. Cuando Wayne sufre un atentado y cae en coma, Daniels asume la presidencia. Pero cuando Wayne es despertado del coma e intenta reasumir el cargo, Daniels invoca la 25ª enmienda para conservar el poder en sus manos.
¿Cleto será diferente a los otros vicepresidentes? ¿Será leal a CFK, una vez que ambos ocupen la cúspide del Estado? ¿O la traicionará, como hizo con su padrino político Roberto Iglesias? Yo me inclino por creer lo segundo. Cleto tiene sus propias ambiciones, y algo me dice que podría ser tan peligroso para CFK como Prescott y Daniels para los Palmer. Si yo fuese CFK, habría postulado a alguien absolutamente leal y carente de estatura política en vez de arriesgarme a darle un puesto tan importante como la vicepresidencia a alguien como Cleto.