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sábado, 20 de octubre de 2007

La masacre de La Plata

El asesinato de los tres policías en la ciudad de La Plata no puede verse apenas como un hecho delictivo. Hay que ser o un tarado o un hipócrita para creer que esto es simplemente producto del fracaso de la política de seguridad de Kirchner, Solá y Arslanian. No se trató de una venganza personal ni de un robo que desembocó en un triple homicidio: los policías fueron ejecutados. El robo posterior de las armas y del vehículo policial fue intento de disimular el movil del asesinato, o bien de confundir a los investigadores y la opinión pública.
Es un error grosero por parte del kirchnerismo intentar atribuir a la oposición el crimen. También es un error por parte de la oposición atribuir el crimen a la incompetencia del oficalismo (o a un resurgimiento de la guerrilla de izquierda, como insinuó el candidato a presidente y a senador Ricardo López Murphy y afirmó más categóricamente Isidoro_Cañones en ElForro).
A menos que nuevas evidencias demuestren lo contrario, a mi entender lo que pasó fue obra de la “Maldita Policía”. No es imposible que los policías que fueron desplazados por Arslanian pero que aún conservan su influencia en el submundo del delito tengan interés en condicionar al eventual gobierno de Scioli. Tampoco es imposible que haya un componente político en el crimen; a los ojos de los “porongas” un gobierno de derecha sería más propenso a darles carta blanca para dedicarse a sus negocios libremente. Matar a tres policías a una semana de las elecciones no puede dejar de tener su impacto político, pues instala una sensación de descontrol y quizá le arrée votos al Pibe Valderrama o al falso ingeniero Blumberg. Por ahora los interrogantes superan en número a las certezas.

domingo, 9 de septiembre de 2007

Murphy, presidente y diputado

Ricardo López Murphy acaba de demostrar su inmenso respeto por la calidad institucional al candidatearse simultáneamente a presidente y diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Recordemos que hace pocas semanas, Murphy estaba dispuesto a bajarse de la candidatura presidencial a cambio de ser el candidato del PRO y de la Coalición Cívica Libertadora… perdón, Coalición Cívica a secas (tengo que dejar de leer a Verbitsky, hizo que se me pegara lo de “Libertadora”) a senador por la ciudad de Buenos Aires.
¿Alguien podría decirme qué diferencia hay entre lo que hizo Murphy y lo que hizo CFK al pasar de ser senadora por Santa Cruz a senadora por Buenos Aires? ¿O lo que hizo Borocotó al ser elegido diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires en la lista del PRO, para luego pasarse al kirchnerismo? ¿O lo que hizo Bielsa, que tras ser elegido diputado nacional porteño quiso renunciar a su banca para ser embajador en Francia, para luego desistir de ese puesto, candidatearse a gobernador de Santa Fe, ser derrotado y finalmente renunciar a su banca porteña? Yo creía que solamente el kirchnerismo dañaba la calidad institucional, pero veo que sus oponentes son mucho más parecidos de lo que nos quieren hacer creer.
De todas maneras, hay que decir que Murphy le hizo -o le quiso hacer- mucho más daño a las instituciones con el ajuste absurdo que propuso en 2001 (ajuste que causó que él fuese uno de los ministros de Economía que menos tiempo estuvo en su cartera) que con esto.

lunes, 27 de agosto de 2007

Esperando a un Fabio Máximo

Las elecciones se acercan, y el kirchnerismo puede, al menos por ahora, conservar la calma. La oposición pareciera querer regalarle la elección del 2007 con sus increíbles metidas de pata. Así tenemos, por ejemplo, al “peronismo disidente” (al que un amigo del Coronel bautizó, plagiando a Kirchner, “Grupo Mausoleo”) que va a las elecciones con dos candidaturas presidenciales en vez de una, la de Alberto Rodríguez Saá y la de Jorge Sobisch. Es extraordinario que un ¿partido, movimiento, espacio político? que arrastra menos votos que el partido neonazi de Biondini divida así su escasísimo caudal electoral. Ya de por sí el hecho de que impresentables como los Rodríguez Saá, Menem, Sobisch, Puerta & cía. crean posible ganar una elección en la Argentina posterior a la crisis del 2001 supera mi capacidad de análisis.
Elisa Carrió y Ricardo López Murphy eligieron hacer una alianza, y generaron resistencias por izquierda y por derecha. Los dirigentes del ARI, fundado por Carrió en un 2001 cada vez más lejano y olvidado, que ya se habían debido tragar varios sapos, aceptando las alianzas de su líder con gente tan copada y progresista como Juanjo Sebrelli, Patricia Bullrich, Enrique Olivera y el rabino Bergman, decidieron que López Murphy era el límite y que aliarse con tipos como él era inaceptable.
La oposición del PRO de Mauricio Macri parece ser menos ideológica y más ligada al orgullo del jefe de Gobierno porteño electo. Carrió y Macri tienen una larga historia de enfrentamientos, principalmente porque Carrió detesta a Macri. Recordemos que ella apoyó a Ibarra en el 2003, compitió directamente contra él en las legislativas del 2005 (y le dio palos muy duros), y éste año apoyó a Telerman. Quizá Macri hubiese perdonado todo eso y bendecido discretamente la alianza de Murphy con Carrió, si ella no hubiese cometido la estupidez de criticar, una vez más, a Macri en una entrevista radial. De modo que Macri le planteó a su aliado una opción aparentemente de hierro: “o ella o yo”. Todavía no se sabe a quién elegirá Murphy, pero está claro que la responsable de ésta pelea innecesaria es Carrió.
Ya se está imponiendo en muchos la idea de que el año de la oposición será 2011 y no 2007; así piensa, por ejemplo, el dueño del blog Imágenes y comentarios, cuyas opiniones respeto a pesar de que generalmente no las comparta. Incluso Mariano Grondona parece creer esto. En su artículo de ayer en La Nación, él habla de dos estrategias para vencer al kirchnerismo: enfrentarlo a todo o nada en estos comicios, o esperar a que se desgaste y forzarlo a abandonar el poder. El Doctor, muy docto en Historia antigua, utiliza el ejemplo de Quinto Fabio Máximo el Contemporizador, un político y general romano del siglo III a. C. que logró expulsar a Aníbal de Italia evitando los combates frontales con su ejército y obligándolo a permanecer en pie de guerra hasta que acabó siendo forzado por los conflictos entre sus tropas y las escaramuzas de los romanos a abandonar la península y regresar a Cartago. Para el Doctor, el que mejor encarna el espíritu fabiano en la política argentina contemporánea es Macri, quien prefirió conquistar la Jefatura de Gobierno porteña y esperar al 2011 para aspirar al sillón de Rivadavia. Supongo que la comparación es adecuada, aunque dudo mucho que Macri conozca la historia de Fabio Máximo o de cualquier otro general romano. No es precisamente un gran intelectual, aunque hay que reconocer que tiene varios intelectuales competentes a su servicio, como el Doctor o Ale Rozitchner (lo mismo que los Kirchner tienen a José Nun y a José Pablo Feinmann entre sus filas).
Continuando con las metáforas romanas, podríamos decir que Carrió, Murphy, Lavagna y el Grupo Mausoleo encarnan el espíritu de los cónsules Cayo Flaminio y Gneo Servilio Gemino, que enfrentaron a Aníbal en la batalla del lago Trasimeno, en el 217 a. C. El resultado fue terrible para los romanos: su ejército de alrededor de 40.000 soldados fue aniquilado por el genial militar cartaginés, dejando un saldo de 30.000 muertos y 10.000 prisioneros. Los cartagineses apenas perdieron 1.500 hombres. (Un muy buen relato de la batalla puede leerse en éste link). Tras esa debacle, Fabio Máximo se hizo cargo de la conducción de la guerra. ¿Sucederá lo mismo con el “Fabio Máximo porteño”?