Hay dos cosas que quiero señalar sobre el artículo de Pino Solanas publicado por Página/12 hace poco.
Por un lado, Pino la pifió mal con Perón. No comprendo como puede rescatar el hecho de que la constitución peronista de 1949 afirmaba que “los minerales y caídas de agua, los yacimientos de petróleo, carbón y gas (...) son propiedades inalienables e imprescriptibles de la Nación” ignorando que unos cinco años después aquel mismo Perón quiso darles a las petroleras estadounidenses unas concesiones de la p… madre (prácticamente estuvo por regalarles Santa Cruz). Luego Pino hace una relectura de la historia del Perón terminal de la tercera presidencia diciendo que “en su mensaje sobre el Proyecto Argentino en el Congreso -1/5/74- Perón planteaba realizar una revolución en paz y ratificaba la propiedad sobre los recursos naturales.” Muy bonitas palabras, pero ese mismo Perón que planteaba la revolución pacífica era el que permitía y/o alentaba el accionar de la Triple A. Y finalmente concluye presentando una teoría conspirativa de que a Perón “lo dejaron morir o lo envenenaron como a Joao Goulart”. No voy a ponerme a defender al ex policía devenido en astrólogo y luego en ministro de Bienestar Social y a la ex bailarina de cabaret devenida en Primera Dama y vicepresidenta que dirigían el entorno del General en aquellos años, pero que yo sepa ningún historiador ha planteado seriamente la posibilidad de que a Perón lo hayan liquidado.
(Ojo, me parece que el planteo que hace Pino sobre los recursos naturales es muy válido. Nomás le critico esos aspectos puntuales de su visión de Perón.)
El otro punto que quiero señalar es que es indudable que darle espacio a Pino para lapidar a los Kirchner en las páginas de Página -valga la redundancia- es un pase de facturas (lo mismo que este artículo en el que se critica la construcción del tren bala). Como bien señalan acá, la predilección del kirchnerismo por el Gran Diario Argentino está causando bastante hastío en la corporación periodística. Recordemos que el día en que se confirmó que Cristina Fernández de Kirchner iba a ser la candidata oficialista en las elecciones de octubre, la primicia la dio Clarín, mientras que Página, si no me equivoco, puso en tapa una (en comparación) aburridísima nota sobre las ganancias de Repsol titulada con poco ingenio Oro negro. Y ahora, en el mismo día en que Clarín mostraba a Kirchner y Lavagna en los jardines de Olivos, en Página hablaban sobre la mala relación del gobierno kirchnerista y el Vaticano. Después de casi cinco años de oficialismo, los Kirchner siguen prefiriendo mimar a Clarín antes que usar al siempre complaciente Página. Robando y alterando los términos de la metáfora usada acá para definir la relación entre la CTA y el gobierno, podríamos decir que Página es para los Kirchner como la esposa vieja y aburrida con la que se consuelan cuando la amante joven y exigente -Clarín- les corta el rostro.
Por un lado, Pino la pifió mal con Perón. No comprendo como puede rescatar el hecho de que la constitución peronista de 1949 afirmaba que “los minerales y caídas de agua, los yacimientos de petróleo, carbón y gas (...) son propiedades inalienables e imprescriptibles de la Nación” ignorando que unos cinco años después aquel mismo Perón quiso darles a las petroleras estadounidenses unas concesiones de la p… madre (prácticamente estuvo por regalarles Santa Cruz). Luego Pino hace una relectura de la historia del Perón terminal de la tercera presidencia diciendo que “en su mensaje sobre el Proyecto Argentino en el Congreso -1/5/74- Perón planteaba realizar una revolución en paz y ratificaba la propiedad sobre los recursos naturales.” Muy bonitas palabras, pero ese mismo Perón que planteaba la revolución pacífica era el que permitía y/o alentaba el accionar de la Triple A. Y finalmente concluye presentando una teoría conspirativa de que a Perón “lo dejaron morir o lo envenenaron como a Joao Goulart”. No voy a ponerme a defender al ex policía devenido en astrólogo y luego en ministro de Bienestar Social y a la ex bailarina de cabaret devenida en Primera Dama y vicepresidenta que dirigían el entorno del General en aquellos años, pero que yo sepa ningún historiador ha planteado seriamente la posibilidad de que a Perón lo hayan liquidado.
(Ojo, me parece que el planteo que hace Pino sobre los recursos naturales es muy válido. Nomás le critico esos aspectos puntuales de su visión de Perón.)
El otro punto que quiero señalar es que es indudable que darle espacio a Pino para lapidar a los Kirchner en las páginas de Página -valga la redundancia- es un pase de facturas (lo mismo que este artículo en el que se critica la construcción del tren bala). Como bien señalan acá, la predilección del kirchnerismo por el Gran Diario Argentino está causando bastante hastío en la corporación periodística. Recordemos que el día en que se confirmó que Cristina Fernández de Kirchner iba a ser la candidata oficialista en las elecciones de octubre, la primicia la dio Clarín, mientras que Página, si no me equivoco, puso en tapa una (en comparación) aburridísima nota sobre las ganancias de Repsol titulada con poco ingenio Oro negro. Y ahora, en el mismo día en que Clarín mostraba a Kirchner y Lavagna en los jardines de Olivos, en Página hablaban sobre la mala relación del gobierno kirchnerista y el Vaticano. Después de casi cinco años de oficialismo, los Kirchner siguen prefiriendo mimar a Clarín antes que usar al siempre complaciente Página. Robando y alterando los términos de la metáfora usada acá para definir la relación entre la CTA y el gobierno, podríamos decir que Página es para los Kirchner como la esposa vieja y aburrida con la que se consuelan cuando la amante joven y exigente -Clarín- les corta el rostro.



