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jueves, 27 de septiembre de 2007
Anuncio sobre Harry Potter
Quiero avisarles que a partir de hoy todos los relatos de fan fiction de la saga de Harry Potter los voy a publicar en un blog aparte, Albus y Harry. Lo hago más que nada por comodidad mía y de los lectores, porque me parece que los relatos quedan bastante descolgados acá. Ya de por sí Terra Incognita II es una ensalada de textos sobre distintos temas, como para añadirle además textos como esos (lo cual no significa para nada que no disfrute escribiéndolos).
Saludos
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sábado, 22 de septiembre de 2007
Harry en la Calle de la Hilandera
Continuación de La señora Tonks y la señora Malfoy.
Todos los personajes son de J. K. Rowling.
La Calle de la Hilandera era un lugar tan deprimente como Harry imaginaba. No era raro que un hombre como Severus Snape no hubiese querido mudarse jamás, considerando lo que le gustaban los lugares siniestros. Pero Harry tenía una misión y no podía delegarla en nadie más.
Todos los personajes son de J. K. Rowling.
La Calle de la Hilandera era un lugar tan deprimente como Harry imaginaba. No era raro que un hombre como Severus Snape no hubiese querido mudarse jamás, considerando lo que le gustaban los lugares siniestros. Pero Harry tenía una misión y no podía delegarla en nadie más.
Muerto su último propietario, las protecciones mágicas de la casa que había sido de Tobias Snape y Eileen Prince habían desaparecido y Harry pudo entrar con un simple Alohomora dirigido a la cerradura. El interior estaba bastante ordenado, y en rigor no se diferenciaba mucho de cualquier casa muggle. Hacía varios meses que Snape no residía allí.
Harry vio que había dos dormitorios, uno que había sido de Snape y otro que había pertenecido a sus padres. Dentro del dormitorio de Snape, Harry halló lo que buscaba: un retrato cubierto con una sábana, del propio Severus Snape. McGonagall le había contado que poco después de su nombramiento como director, Snape había traído a un pintor mágico para que lo retratase. Eventualmente la pintura sería colgada en el despacho del director, pero el hecho de que Snape hubiese abandonado su cargo poco antes de morir había impedido que el retrato apareciese allí mágicamente, como había ocurrido con el de Dumbledore. Alguien debía buscarlo y llevarlo a Hogwarts para colgarlo en donde le correspondía estar, y Harry exigió ser él quien lo hiciera.
Con el corazón latiéndole rápidamente, Harry destapó el cuadro. Snape había hecho que lo pintasen sentado en su escritorio, con varios libros frente a él (sin duda para que su “otro yo” no se aburriese demasiado). El pintor había capturado a la perfección el aspecto de su ex profesor de pociones, la piel pálida, el pelo negro y grasiento, la nariz ganchuda. Y cuando Snape abrió los ojos, Harry también lo alabó mentalmente por poder capturar lo penetrante de su mirada en el lienzo.
-Vaya, Potter -dijo Snape fríamente-. ¿Qué demonios haces en mi casa?
-Vine para recoger su retrato y llevarlo a Hogwarts.
-¿Y por qué vas a llevarlo allá? Por lo que sé, todavía soy director. Por no mencionar que tú eres fugitivo del Ministerio por haber matado a Albus Dumbledore…
-No hace falta que siga fingiendo, profesor. Voldemort murió hace tres días. Yo lo maté.
La mirada de Snape se volvió aún más escrutadora y, de no haber sabido que los retratos no podían hacer Legeremancia, Harry hubiese temido que intentaría penetrar en su mente. Pero Snape se limitó a mirarlo a los ojos con mucha atención. Después de unos instantes, el Snape del retrato pareció creerle, y se desvió la mirada hacia el escritorio. Estaba claro que ahora reflexionaba sobre las implicancias de lo que Harry le había dicho. El joven mago casi podía ver sus engranajes mentales funcionando. Si Harry había vencido a Voldemort, eso significaba que él ya no era director de Hogwarts (pues seguramente planeaba renunciar si sobrevivía, o bien creía que sería enviado a Azkaban). Pero si su retrato iba a ser colgado en la oficina del director, eso significaba que ya se conocía su verdadero rol en la guerra contra Voldemort. Pero si era Harry y no él mismo quién venía a llevar su retrato a Hogwarts, eso significaba…
-Dime, antes de morir, ¿llegué a contarte lo que sucedió cuando el Señor de las Tinieblas intentó matarte?
-Sí, mientras agonizaba me pasó sus recuerdos.
-¿El fragmento de alma residente en tu cuerpo ha sido destruido?
-Sí.
-¿Y cómo es que estás vivo?
Harry no le había contado a nadie, ni siquiera a Ginny, Ron o Hermione, sobre su encuentro con Dumbledore más allá de la muerte en “King’s Cross”, y no planeaba hacer otra cosa con Snape, así que repitió lo que había dicho en su discurso en el Gran Salón:
-Ni siquiera yo lo entiendo. El Avada Kedavra que me lanzó Voldemort me impactó, pero solamente mató a la porción de su alma que estaba en mi cuerpo. Nuestra conexión se rompió, ya no puedo hablar pársel y la cicatriz se volvió más tenue, mire -dijo, mientras acercaba su frente al retrato.
Snape estaba conmocionado, y sus ojos estaban vidriosos. Parecía a punto de llorar.
-No puedo creerlo… no puedo creerlo… El Señor de las Tinieblas ha muerto y tú vives. Gracias a Dios.
Pero poco después se dio cuenta de frente a quién estaba y recuperó la calma.
-Imagino que habrás visto más cosas, aparte de mi rol en la muerte de Dumbledore, ¿verdad, Potter?
-Sí, sé lo de usted y mi madre.
Snape y Harry permanecieron en silencio por un buen rato. Ninguno de los dos se atrevía a hablar del espinoso tema del enamoramiento de Snape hacia Lily Evans. Al final, Harry dijo:
-Bueno, imagino que querrá saber de qué hablábamos Dumbledore y yo en nuestras clases privadas en mi sexto año.
-Muchos queríamos saber eso, Potter, pero Dumbledore no quería soltar presa.
-¿Quiere hablar de eso con el retrato de Dumbledore en Hogwarts?
-No, preferiría que me lo cuentes tú. No me agrada la idea de que nos escuchen todos los ex directores del colegio.
-De acuerdo.
“Dumbledore debe haberle hecho creer que el alma de Lord Voldemort estaba dividida en dos partes: la que permanecía en su cuerpo y la que residía en el mío. La verdad es que estaba dividida en ocho: las dos que mencioné y otras seis que fue colocando voluntariamente en otros objetos.
Snape nuevamente se puso a reflexionar, tras lo cual dijo:
-Vaya, es impresionante. Jamás oí de ningún mago que consiguiese crear más de un Horrocrux. El Señor de las Tinieblas llegó muy lejos.
-Sí, ciertamente lo hizo. Tres de los Horrocruxes eran objetos que habían pertenecido a los Fundadores de Hogwarts: un relicario de Salazar Slytherin, una copa de Helga Hufflepuff y una diadema de Rowena Ravenclaw. Los otros tres tenían un gran valor personal para él: su diario, el anillo de su abuelo materno Sorvolo Gaunt y la serpiente Nagini.
-Bueno, ya sé cómo fueron destruidos el diario y el anillo. ¿Qué pasó con los demás?
Contarle al retrato de Severus Snape la historia de cómo fueron destruidos los cuatro Horrocruxes de Voldemort no era tan intimidante como lo había sido contárselo a la multitud en el Gran Salón, pero era bastante exigente, ya que Snape lo interrumpía a cada momento con preguntas muy agudas; a veces Harry sentía como si estuviese de nuevo en la mazmorra, defendiéndose de uno de los célebres interrogatorios del profesor.
-¡No puedo creerlo! -dijo Snape al cabo de media hora, cuando Harry ya iba concluyendo su relato- ¡¿Longbottom mató a Nagini?!
-Sí, Fawkes le trajo el Sombrero Seleccionador y la espada de Gryffindor, como cuando yo maté al basilisco.
-Bueno, Potter, quizá los haya subestimado… a Longbottom, a tus amigos y a ti. Tuvieron mucha, mucha suerte, pero no puedo negar que también demostraron cierto talento -dijo Snape con cara de estar tragándose un remedio muy amargo. Harry comprendió que eso era lo más cercano a un elogio que recibiría del ex director-. ¿Vamos a Hogwarts?
-Está bien.
Harry levantó el retrato y lo llevó a la salita de estar. Con un Incendio prendió la chimenea y arrojó unos polvos Flu a las llamas. Antes de decir adonde quería ir, Harry apoyó el retrato de Snape en el estante encima de la chimenea.
-¿Qué sucede, Potter?
-Antes de ir a Hogwarts, quisiera hacerle una última pregunta, en privado: ¿Qué hizo con su viejo libro de pociones?
-¿Necesitas ayuda para tu séptimo año en Hogwarts?
-No, solo tengo curiosidad.
-Bueno, Potter, después de que me mostraste el libro de Weasley -sí, me di cuenta enseguida de que era suyo-, imaginé que deberías haber escondido mi libro en algún lugar. No creí que te atrevieses a dejarlo en la Torre de Gryffindor, y como sabía que conocías la existencia de la Sala Multipropósito, imaginé que estaría allí. Así que esa misma noche fui a la Sala y utilicé el Accio para sacarlo de su escondite.
-¿El Accio? ¡Pero si yo lo usé para tratar de alcanzar la diadema de Ravenclaw y no me sirvió!
-Eso es porque no conoces las reglas de esa versión de la Sala Multipropósito. Los únicos que pueden utilizar el encantamiento convocador para sacar las cosas escondidas allí son o los dueños legítimos del objeto o quienes lo escondieron. O sea que el libro sólo lo podíamos recuperar con el Accio tú y yo. En cuanto a la diadema, los únicos que podían usar exitosamente el encantamiento convocador…
-… eran Voldemort y Rowena Ravenclaw. Ahora lo entiendo. ¿Y qué hizo con él cuando lo recuperó?
-Lo dejé aquí, en mi casa. No quería arriesgarme a que otro estudiante lo usase. Pero ahora creo que sería mejor que lo tengas tú. Considero que el hecho de matar al Señor de las Tinieblas te hace lo bastante confiable. ¿Ves ese cuadro de un plato con limones? Detrás de él hay un compartimiento secreto y ahí está el libro.
Así, con el libro del Príncipe Mestizo en una mano y el retrato de Severus Snape en la otra, Harry dijo “¡Hogwarts!” y entró a las llamas.
Harry vio que había dos dormitorios, uno que había sido de Snape y otro que había pertenecido a sus padres. Dentro del dormitorio de Snape, Harry halló lo que buscaba: un retrato cubierto con una sábana, del propio Severus Snape. McGonagall le había contado que poco después de su nombramiento como director, Snape había traído a un pintor mágico para que lo retratase. Eventualmente la pintura sería colgada en el despacho del director, pero el hecho de que Snape hubiese abandonado su cargo poco antes de morir había impedido que el retrato apareciese allí mágicamente, como había ocurrido con el de Dumbledore. Alguien debía buscarlo y llevarlo a Hogwarts para colgarlo en donde le correspondía estar, y Harry exigió ser él quien lo hiciera.
Con el corazón latiéndole rápidamente, Harry destapó el cuadro. Snape había hecho que lo pintasen sentado en su escritorio, con varios libros frente a él (sin duda para que su “otro yo” no se aburriese demasiado). El pintor había capturado a la perfección el aspecto de su ex profesor de pociones, la piel pálida, el pelo negro y grasiento, la nariz ganchuda. Y cuando Snape abrió los ojos, Harry también lo alabó mentalmente por poder capturar lo penetrante de su mirada en el lienzo.
-Vaya, Potter -dijo Snape fríamente-. ¿Qué demonios haces en mi casa?
-Vine para recoger su retrato y llevarlo a Hogwarts.
-¿Y por qué vas a llevarlo allá? Por lo que sé, todavía soy director. Por no mencionar que tú eres fugitivo del Ministerio por haber matado a Albus Dumbledore…
-No hace falta que siga fingiendo, profesor. Voldemort murió hace tres días. Yo lo maté.
La mirada de Snape se volvió aún más escrutadora y, de no haber sabido que los retratos no podían hacer Legeremancia, Harry hubiese temido que intentaría penetrar en su mente. Pero Snape se limitó a mirarlo a los ojos con mucha atención. Después de unos instantes, el Snape del retrato pareció creerle, y se desvió la mirada hacia el escritorio. Estaba claro que ahora reflexionaba sobre las implicancias de lo que Harry le había dicho. El joven mago casi podía ver sus engranajes mentales funcionando. Si Harry había vencido a Voldemort, eso significaba que él ya no era director de Hogwarts (pues seguramente planeaba renunciar si sobrevivía, o bien creía que sería enviado a Azkaban). Pero si su retrato iba a ser colgado en la oficina del director, eso significaba que ya se conocía su verdadero rol en la guerra contra Voldemort. Pero si era Harry y no él mismo quién venía a llevar su retrato a Hogwarts, eso significaba…
-Dime, antes de morir, ¿llegué a contarte lo que sucedió cuando el Señor de las Tinieblas intentó matarte?
-Sí, mientras agonizaba me pasó sus recuerdos.
-¿El fragmento de alma residente en tu cuerpo ha sido destruido?
-Sí.
-¿Y cómo es que estás vivo?
Harry no le había contado a nadie, ni siquiera a Ginny, Ron o Hermione, sobre su encuentro con Dumbledore más allá de la muerte en “King’s Cross”, y no planeaba hacer otra cosa con Snape, así que repitió lo que había dicho en su discurso en el Gran Salón:
-Ni siquiera yo lo entiendo. El Avada Kedavra que me lanzó Voldemort me impactó, pero solamente mató a la porción de su alma que estaba en mi cuerpo. Nuestra conexión se rompió, ya no puedo hablar pársel y la cicatriz se volvió más tenue, mire -dijo, mientras acercaba su frente al retrato.
Snape estaba conmocionado, y sus ojos estaban vidriosos. Parecía a punto de llorar.
-No puedo creerlo… no puedo creerlo… El Señor de las Tinieblas ha muerto y tú vives. Gracias a Dios.
Pero poco después se dio cuenta de frente a quién estaba y recuperó la calma.
-Imagino que habrás visto más cosas, aparte de mi rol en la muerte de Dumbledore, ¿verdad, Potter?
-Sí, sé lo de usted y mi madre.
Snape y Harry permanecieron en silencio por un buen rato. Ninguno de los dos se atrevía a hablar del espinoso tema del enamoramiento de Snape hacia Lily Evans. Al final, Harry dijo:
-Bueno, imagino que querrá saber de qué hablábamos Dumbledore y yo en nuestras clases privadas en mi sexto año.
-Muchos queríamos saber eso, Potter, pero Dumbledore no quería soltar presa.
-¿Quiere hablar de eso con el retrato de Dumbledore en Hogwarts?
-No, preferiría que me lo cuentes tú. No me agrada la idea de que nos escuchen todos los ex directores del colegio.
-De acuerdo.
“Dumbledore debe haberle hecho creer que el alma de Lord Voldemort estaba dividida en dos partes: la que permanecía en su cuerpo y la que residía en el mío. La verdad es que estaba dividida en ocho: las dos que mencioné y otras seis que fue colocando voluntariamente en otros objetos.
Snape nuevamente se puso a reflexionar, tras lo cual dijo:
-Vaya, es impresionante. Jamás oí de ningún mago que consiguiese crear más de un Horrocrux. El Señor de las Tinieblas llegó muy lejos.
-Sí, ciertamente lo hizo. Tres de los Horrocruxes eran objetos que habían pertenecido a los Fundadores de Hogwarts: un relicario de Salazar Slytherin, una copa de Helga Hufflepuff y una diadema de Rowena Ravenclaw. Los otros tres tenían un gran valor personal para él: su diario, el anillo de su abuelo materno Sorvolo Gaunt y la serpiente Nagini.
-Bueno, ya sé cómo fueron destruidos el diario y el anillo. ¿Qué pasó con los demás?
Contarle al retrato de Severus Snape la historia de cómo fueron destruidos los cuatro Horrocruxes de Voldemort no era tan intimidante como lo había sido contárselo a la multitud en el Gran Salón, pero era bastante exigente, ya que Snape lo interrumpía a cada momento con preguntas muy agudas; a veces Harry sentía como si estuviese de nuevo en la mazmorra, defendiéndose de uno de los célebres interrogatorios del profesor.
-¡No puedo creerlo! -dijo Snape al cabo de media hora, cuando Harry ya iba concluyendo su relato- ¡¿Longbottom mató a Nagini?!
-Sí, Fawkes le trajo el Sombrero Seleccionador y la espada de Gryffindor, como cuando yo maté al basilisco.
-Bueno, Potter, quizá los haya subestimado… a Longbottom, a tus amigos y a ti. Tuvieron mucha, mucha suerte, pero no puedo negar que también demostraron cierto talento -dijo Snape con cara de estar tragándose un remedio muy amargo. Harry comprendió que eso era lo más cercano a un elogio que recibiría del ex director-. ¿Vamos a Hogwarts?
-Está bien.
Harry levantó el retrato y lo llevó a la salita de estar. Con un Incendio prendió la chimenea y arrojó unos polvos Flu a las llamas. Antes de decir adonde quería ir, Harry apoyó el retrato de Snape en el estante encima de la chimenea.
-¿Qué sucede, Potter?
-Antes de ir a Hogwarts, quisiera hacerle una última pregunta, en privado: ¿Qué hizo con su viejo libro de pociones?
-¿Necesitas ayuda para tu séptimo año en Hogwarts?
-No, solo tengo curiosidad.
-Bueno, Potter, después de que me mostraste el libro de Weasley -sí, me di cuenta enseguida de que era suyo-, imaginé que deberías haber escondido mi libro en algún lugar. No creí que te atrevieses a dejarlo en la Torre de Gryffindor, y como sabía que conocías la existencia de la Sala Multipropósito, imaginé que estaría allí. Así que esa misma noche fui a la Sala y utilicé el Accio para sacarlo de su escondite.
-¿El Accio? ¡Pero si yo lo usé para tratar de alcanzar la diadema de Ravenclaw y no me sirvió!
-Eso es porque no conoces las reglas de esa versión de la Sala Multipropósito. Los únicos que pueden utilizar el encantamiento convocador para sacar las cosas escondidas allí son o los dueños legítimos del objeto o quienes lo escondieron. O sea que el libro sólo lo podíamos recuperar con el Accio tú y yo. En cuanto a la diadema, los únicos que podían usar exitosamente el encantamiento convocador…
-… eran Voldemort y Rowena Ravenclaw. Ahora lo entiendo. ¿Y qué hizo con él cuando lo recuperó?
-Lo dejé aquí, en mi casa. No quería arriesgarme a que otro estudiante lo usase. Pero ahora creo que sería mejor que lo tengas tú. Considero que el hecho de matar al Señor de las Tinieblas te hace lo bastante confiable. ¿Ves ese cuadro de un plato con limones? Detrás de él hay un compartimiento secreto y ahí está el libro.
Así, con el libro del Príncipe Mestizo en una mano y el retrato de Severus Snape en la otra, Harry dijo “¡Hogwarts!” y entró a las llamas.
jueves, 20 de septiembre de 2007
La caída del Ministerio
Todos los personajes son de Rowling.
Rufus Scrimgeour estaba sentado en su despacho, leyendo el último informe de los Aurores. En realidad se suponía que estaba leyéndolo, pues lo único que hacía era deslizar sus ojos por las líneas. Por lo que él sabía, podían haberle mandado la receta de una torta, y él no se daría cuenta. Sus pensamientos estaban siempre con Potter. Cómo lograr que Potter lo apoyase, cómo lograr que Potter le revelase todo lo que Albus Dumbledore no había querido contarle a él, el ministro de la Magia.
Scrimgeour era un soldado con mente de político, lo cual, creía él, era mucho menos peligroso que un político con mente de soldado. Había que ganar la guerra convencional contra Ryddle (así lo llamaba él en su fuero íntimo, pese a que jamás osase decirlo en voz alta), pero también había que ganar la guerra psicológica. Ryddle tenía bien claro que para ganar, debía infundir terror en el corazón de los magos y brujas, para conseguir que lo apoyasen o que al menos no se atreviesen a enfrentarlo. Y Scrimgeour tenía bien claro que para ganar debía hacer lo opuesto: infundirles confianza para que luchasen contra Ryddle. Potter era imprescindible para ello, era el Chico Que Vivió, el Elegido. Si él aparecía en público con el ministro de la Magia, significaría un espaldarazo muy fuerte a sus acciones. Rufus Scrimgeour estaba al tanto de que había sido una estupidez mandar a Azkaban a Shunpike y los otros supuestos Mortífagos, y planeaba resolver el asunto discretamente, reduciendo la condena por sus “crímenes” a arresto domiciliario. Pero no podía, como quería Potter, decirle a todo el mundo que ellos eran inocentes y liberarlos, pues debería explicar por qué el Ministerio estaba arrestando inocentes. El hecho de que el medio mágico de mayor alcance, El Profeta, fuese prácticamente la voz del Ministerio, no serviría de nada.
Su estallido de violencia, pocos días atrás, cuando Potter se rehusó una vez más a darle información sobre Dumbledore era algo que lo avergonzaba. Por una vez el soldado se había impuesto sobre el político. Y además lo avergonzaba porque, en el fondo, sabía que Harry Potter era el único capaz de matar a Ryddle. El chico podía resultarle insoportable, pero era la única esperanza del mundo mágico. Scrimgeour sabía bien que Dumbledore le había dado a Potter alguna información clave para destruir a Ryddle, y no quería conocerla para robarle la gloria a Potter, como él parecía sospechar, sino para ayudarlo. Dijese Potter lo que dijese, un adolescente no podía matar a Tom Ryddle sin ayuda de adultos…
Una súbita explosión en el pasillo fuera de su oficina lo sacó de sus pensamientos. Scrimgeour se puso de pie y sacó su varita, pero antes de que pudiera acercarse a la puerta para ver qué pasaba, ésta se abrió de golpe y una voz gritó:
-¡Petrificus totalus!
El ministro fue golpeado por el hechizo y quedó paralizado, de pie detrás de su escritorio. Desde allí, pudo ver a sus atacantes.
Scrimgeour se sorprendió al ver entrar a Pius Thicknesse, jefe del Departamento de Seguridad Mágica. No podía creer que Thicknesse, a quién conocía desde Hogwarts y que era su hombre de confianza, fuese un Mortífago. Pero al cabo de unos segundos vio la expresión ausente en sus ojos y se dio cuenta de que estaba bajo el maleficio Imperius (lo cual no era muy reconfortante).
Detrás de él entró Furius Yaxley, otro funcionario del Departamento de Thicknesse, otro a quien Scrimgeour consideraba leal, pero estaba bien claro, por su expresión alegre, que no actuaba contra su voluntad. Y detrás de Yaxley entraron los dos Mortífagos más buscados por el Ministerio, Bellatrix Lestrange y Severus Snape. Yaxley se le acercó y le quitó la varita de la mano, tras lo cual Thicknesse dijo “Finite” y Scrimgeour recuperó la movilidad y el habla.
-Bueno, Scrimgeour -dijo Bellatrix-, hemos ganado. Tenemos el Ministerio bajo nuestro control. Lo mejor que puedes hacer es renunciar a tu cargo.
-Tendrás que matarme, perra.
-¡Crucio!
La maldición hizo que Scrimgeour se retorciese en el suelo, pero no gritó. Cuando terminó, levantó la mirada hacia Bellatrix y le dijo:
-Tendrás que hacerlo mejor que eso, querida. Yo ya había recibido la maldición Cruciatus decenas de veces antes de que tu amado Voldemort te enseñase a utilizarla…
Furiosa al oír llamar a Lord Voldemort por su nombre, Bellatrix volvió a lanzarle la maldición y la mantuvo durante un rato más largo.
-Alto -dijo una voz fría.
Bellatrix se detuvo y se volvió hacia la puerta. Allí estaba el mismísimo Lord Voldemort.
-Mi señor… No sabía que usted participaría personalmente de la misión -dijo Bellatrix con un tono más humilde.
-Conozco a Scrimgeour y supuse que sería necesario que yo mismo me ocupase de él. Verás, Rufus, no es imprescindible que nos des tu renuncia. Lo que deseamos realmente es que nos reveles el paradero de Harry Potter.
-No sé dónde está -contestó Scrimgeour.
-Sabemos que lo sabes, Rufus. Yaxley nos ha estado informando todo este tiempo de tus idas y venidas. Lamentablemente fuiste a ver a Potter solo, de modo que únicamente tú sabes dónde está. Dínoslo, y seré clemente contigo… te permitiré exiliarte a donde quieras. Después de todo, eres un mago de sangre pura y yo no mato a mis iguales si no puedo evitarlo.
Scrimgeour rió y dijo:
-¡Tu igual! ¡Tú y yo sabemos bien que…!
-¡Crucio!
Ésta vez, Scrimgeour sí gritó. El dolor que había experimentado ante el Cruciatus de Bellatrix Lestrange no era nada comparado con el que sentía con el de Voldemort.
-Bueno, Scrimgeour, espero que eso te haya enseñado a ser menos arrogante cuando te diriges al Señor de las Tinieblas. Ahora, dime dónde está Potter.
-¡Jamás!
-¡Crucio! ¡Crucio! ¡CRUCIO!
Scrimgeour sufría muchísimo, pero no quería doblegarse ante Voldemort. Él continuaba lanzándole el Cruciatus y preguntándole por el paradero de Harry Potter una y otra vez, pero el ministro permanecía en silencio. No obstante, Scrimgeour tenía miedo. Sabía que tarde o temprano emplearían la Legeremancia o el Veritaserum para arrancarle la información. Ryddle prefería usar el Cruciatus por puro sadismo, pero pronto se aburriría y terminaría por utilizar métodos menos dolorosos pero más efectivos. La única salida era hacerlo enfadar lo suficiente para que lo matase de inmediato, sin preocuparse por los datos que le pudiera proporcionar. Así que dijo:
-¡Nunca te lo diré, Ryddle! ¡Jamás! ¡Tendrás que matarme!
-¡Si crees que no voy a hacerlo, Scrimgeour -dijo Voldemort, que parecía estar a punto de perder los estribos-, te equivocas! ¡He matado a magos y brujas mucho mejores que tú sin vacilar!
-¡Hazlo, Ryddle, a mí no me importa! ¡Será divertido estar en el más allá! ¡Quién sabe, quizá me encuentre con tu padre muggle y nos sentemos a tomar el té y hablar de los viejos tiem…!
-¡AVADA KEDAVRA! -gritó Lord Voldemort.
Lo último que vieron los ojos de Scrimgeour antes de que la maldición asesina lo alcanzase fue el rostro de Severus Snape, a quién nadie más miraba. Snape tenía una expresión de ligera satisfacción en el rostro, en vez de temor o ira. ¿Significaba que estaba contento de verlo morir, o que estaba contento de que no le hubiese revelado el paradero de Harry Potter a Ryddle?
Rufus Scrimgeour murió haciéndose esa pregunta.
Rufus Scrimgeour estaba sentado en su despacho, leyendo el último informe de los Aurores. En realidad se suponía que estaba leyéndolo, pues lo único que hacía era deslizar sus ojos por las líneas. Por lo que él sabía, podían haberle mandado la receta de una torta, y él no se daría cuenta. Sus pensamientos estaban siempre con Potter. Cómo lograr que Potter lo apoyase, cómo lograr que Potter le revelase todo lo que Albus Dumbledore no había querido contarle a él, el ministro de la Magia.
Scrimgeour era un soldado con mente de político, lo cual, creía él, era mucho menos peligroso que un político con mente de soldado. Había que ganar la guerra convencional contra Ryddle (así lo llamaba él en su fuero íntimo, pese a que jamás osase decirlo en voz alta), pero también había que ganar la guerra psicológica. Ryddle tenía bien claro que para ganar, debía infundir terror en el corazón de los magos y brujas, para conseguir que lo apoyasen o que al menos no se atreviesen a enfrentarlo. Y Scrimgeour tenía bien claro que para ganar debía hacer lo opuesto: infundirles confianza para que luchasen contra Ryddle. Potter era imprescindible para ello, era el Chico Que Vivió, el Elegido. Si él aparecía en público con el ministro de la Magia, significaría un espaldarazo muy fuerte a sus acciones. Rufus Scrimgeour estaba al tanto de que había sido una estupidez mandar a Azkaban a Shunpike y los otros supuestos Mortífagos, y planeaba resolver el asunto discretamente, reduciendo la condena por sus “crímenes” a arresto domiciliario. Pero no podía, como quería Potter, decirle a todo el mundo que ellos eran inocentes y liberarlos, pues debería explicar por qué el Ministerio estaba arrestando inocentes. El hecho de que el medio mágico de mayor alcance, El Profeta, fuese prácticamente la voz del Ministerio, no serviría de nada.
Su estallido de violencia, pocos días atrás, cuando Potter se rehusó una vez más a darle información sobre Dumbledore era algo que lo avergonzaba. Por una vez el soldado se había impuesto sobre el político. Y además lo avergonzaba porque, en el fondo, sabía que Harry Potter era el único capaz de matar a Ryddle. El chico podía resultarle insoportable, pero era la única esperanza del mundo mágico. Scrimgeour sabía bien que Dumbledore le había dado a Potter alguna información clave para destruir a Ryddle, y no quería conocerla para robarle la gloria a Potter, como él parecía sospechar, sino para ayudarlo. Dijese Potter lo que dijese, un adolescente no podía matar a Tom Ryddle sin ayuda de adultos…
Una súbita explosión en el pasillo fuera de su oficina lo sacó de sus pensamientos. Scrimgeour se puso de pie y sacó su varita, pero antes de que pudiera acercarse a la puerta para ver qué pasaba, ésta se abrió de golpe y una voz gritó:
-¡Petrificus totalus!
El ministro fue golpeado por el hechizo y quedó paralizado, de pie detrás de su escritorio. Desde allí, pudo ver a sus atacantes.
Scrimgeour se sorprendió al ver entrar a Pius Thicknesse, jefe del Departamento de Seguridad Mágica. No podía creer que Thicknesse, a quién conocía desde Hogwarts y que era su hombre de confianza, fuese un Mortífago. Pero al cabo de unos segundos vio la expresión ausente en sus ojos y se dio cuenta de que estaba bajo el maleficio Imperius (lo cual no era muy reconfortante).
Detrás de él entró Furius Yaxley, otro funcionario del Departamento de Thicknesse, otro a quien Scrimgeour consideraba leal, pero estaba bien claro, por su expresión alegre, que no actuaba contra su voluntad. Y detrás de Yaxley entraron los dos Mortífagos más buscados por el Ministerio, Bellatrix Lestrange y Severus Snape. Yaxley se le acercó y le quitó la varita de la mano, tras lo cual Thicknesse dijo “Finite” y Scrimgeour recuperó la movilidad y el habla.
-Bueno, Scrimgeour -dijo Bellatrix-, hemos ganado. Tenemos el Ministerio bajo nuestro control. Lo mejor que puedes hacer es renunciar a tu cargo.
-Tendrás que matarme, perra.
-¡Crucio!
La maldición hizo que Scrimgeour se retorciese en el suelo, pero no gritó. Cuando terminó, levantó la mirada hacia Bellatrix y le dijo:
-Tendrás que hacerlo mejor que eso, querida. Yo ya había recibido la maldición Cruciatus decenas de veces antes de que tu amado Voldemort te enseñase a utilizarla…
Furiosa al oír llamar a Lord Voldemort por su nombre, Bellatrix volvió a lanzarle la maldición y la mantuvo durante un rato más largo.
-Alto -dijo una voz fría.
Bellatrix se detuvo y se volvió hacia la puerta. Allí estaba el mismísimo Lord Voldemort.
-Mi señor… No sabía que usted participaría personalmente de la misión -dijo Bellatrix con un tono más humilde.
-Conozco a Scrimgeour y supuse que sería necesario que yo mismo me ocupase de él. Verás, Rufus, no es imprescindible que nos des tu renuncia. Lo que deseamos realmente es que nos reveles el paradero de Harry Potter.
-No sé dónde está -contestó Scrimgeour.
-Sabemos que lo sabes, Rufus. Yaxley nos ha estado informando todo este tiempo de tus idas y venidas. Lamentablemente fuiste a ver a Potter solo, de modo que únicamente tú sabes dónde está. Dínoslo, y seré clemente contigo… te permitiré exiliarte a donde quieras. Después de todo, eres un mago de sangre pura y yo no mato a mis iguales si no puedo evitarlo.
Scrimgeour rió y dijo:
-¡Tu igual! ¡Tú y yo sabemos bien que…!
-¡Crucio!
Ésta vez, Scrimgeour sí gritó. El dolor que había experimentado ante el Cruciatus de Bellatrix Lestrange no era nada comparado con el que sentía con el de Voldemort.
-Bueno, Scrimgeour, espero que eso te haya enseñado a ser menos arrogante cuando te diriges al Señor de las Tinieblas. Ahora, dime dónde está Potter.
-¡Jamás!
-¡Crucio! ¡Crucio! ¡CRUCIO!
Scrimgeour sufría muchísimo, pero no quería doblegarse ante Voldemort. Él continuaba lanzándole el Cruciatus y preguntándole por el paradero de Harry Potter una y otra vez, pero el ministro permanecía en silencio. No obstante, Scrimgeour tenía miedo. Sabía que tarde o temprano emplearían la Legeremancia o el Veritaserum para arrancarle la información. Ryddle prefería usar el Cruciatus por puro sadismo, pero pronto se aburriría y terminaría por utilizar métodos menos dolorosos pero más efectivos. La única salida era hacerlo enfadar lo suficiente para que lo matase de inmediato, sin preocuparse por los datos que le pudiera proporcionar. Así que dijo:
-¡Nunca te lo diré, Ryddle! ¡Jamás! ¡Tendrás que matarme!
-¡Si crees que no voy a hacerlo, Scrimgeour -dijo Voldemort, que parecía estar a punto de perder los estribos-, te equivocas! ¡He matado a magos y brujas mucho mejores que tú sin vacilar!
-¡Hazlo, Ryddle, a mí no me importa! ¡Será divertido estar en el más allá! ¡Quién sabe, quizá me encuentre con tu padre muggle y nos sentemos a tomar el té y hablar de los viejos tiem…!
-¡AVADA KEDAVRA! -gritó Lord Voldemort.
Lo último que vieron los ojos de Scrimgeour antes de que la maldición asesina lo alcanzase fue el rostro de Severus Snape, a quién nadie más miraba. Snape tenía una expresión de ligera satisfacción en el rostro, en vez de temor o ira. ¿Significaba que estaba contento de verlo morir, o que estaba contento de que no le hubiese revelado el paradero de Harry Potter a Ryddle?
Rufus Scrimgeour murió haciéndose esa pregunta.
miércoles, 19 de septiembre de 2007
Valerie Rosier
Continuación de Más varitas y la primera clase de Albus.
Todos los personajes son de Rowling o míos, a excepción de Semiramis Zabini, cuyo nombre inventó Helena Dax, autora del relato El nombre de los Malfoy.
Los días fueron pasando para Albus Potter. Su relación con los otros chicos de Slytherin era desigual. Si bien su amistad con Scorpio Malfoy se profundizaba cada vez más, y había hecho buenas migas con Isaac Prewett, Perseus Flint y Antoine Zabini seguían fríos.
Perseus era un sujeto feo, fornido y malhumorado, obsesionado con el Quidditch (un deporte que a Albus apenas le interesaba, a pesar del fanatismo de sus padres y su hermano James). Antoine era hijo de Blaise Zabini. Al igual que su padre y su abuela, él era un chico bastante atractivo -ya había varias niñas de primero e incluso de segundo que suspiraban precozmente por él-, y desdeñaba el Quidditch. La madre de Antoine era una bruja francesa que su padre había conocido en Beauxbatons. Tras la muerte de Albus Dumbledore, la madre de Blaise Zabini, Semiramis, había comprendido que se aproximaban tiempos muy peligrosos para ella y para su hijo, y había decidido abandonar Inglaterra y partir hacia Italia, el país de donde era oriundo el padre de Blaise, su primer marido, y en donde ellos tenían varias propiedades.
El único inconveniente de Italia era que no había ningún colegio de magia; las opciones era educar a los hijos en casa -ya fuese a manos de los propios padres o de profesores particulares- o mandarlos a alguno de los tres colegios de Europa. Si bien a Blaise le interesaba ir a Durmstrang, Semiramis lo convenció de ir a Beauxbatons, que estaba más cerca de Italia. Allí Blaise hizo su séptimo año y conoció a una joven de sangre pura llamada Isabelle Asset, con quien se puso de novio y se casó al cabo de unos pocos años. Isabelle era hermana mayor de Charlotte, la esposa de Rabastan Lestrange y madre de su hijo Agamemnon, lo cual hacía a Agamemnon y Antoine primos hermanos (pese a ello, no se llevaban muy bien y el hecho de que uno hubiese acabado en Gryffindor y el otro en Slytherin no ayudaría a hacer más calida su relación).
Los cinco chicos de primer año no tardaron en dividirse en dos bloques: por un lado Isaac y Albus, por el otro Antoine y Perseus (unidos más por la poca afinidad que sentían hacia los otros dos que por una profunda amistad), con Scorpio esforzándose por no enemistarse con unos sin perder la amistad de los otros. En rigor, Scorpio se sentía más cercano a Albus e Isaac, pero conocía a Perseus y Antoine desde la infancia pues Draco Malfoy, Blaise Zabini y Marcus Flint frecuentemente intercambiaban visitas y estimulaban a su prole a confraternizar.
Las chicas de primer año de Slytherin eran Valerie Rosier, Portia Nott, Roberta Goyle, Sandra Montague y Adrianne Yaxley. Hasta su tercer día en Hogwarts, Albus no les había prestado mucha atención.
Las cosas cambiaron cuando, al salir de su dormitorio junto a Isaac y Scorpio, dirigiéndose al Gran Salón para desayunar, entró a la sala común y escuchó:
-Es increíble que el Sombrero Seleccionador haya mandado a esa escoria a la Casa de Slytherin.
La voz provenía de los sillones, en donde estaban sentadas las cinco chicas de primer año. Quién había dicho la frase era Valerie Rosier, que estaba de espaldas a los chicos.
De pronto toda la sala común quedó en silencio. Las amigas de Valerie habían visto a Albus, Isaac y Scorpio y no sabían qué hacer, pero también los alumnos de otros años observaban la situación con mucho interés.
Albus comprendió que podían hacer dos cosas. Una era enfrentar a Valerie, y la otra era fingir que lo la habían oído. Él notó que Scorpio e Isaac daban un paso hacia delante, con lo que interpretó que querían hacer lo segundo, pero algo le dijo a Albus que no podía hacerse el tonto ante el insulto que había lanzado Valerie Rosier. Si lo hacía, el resto de la Casa, que probablemente compartía sus opiniones pero no se atrevía a expresarlas abiertamente, lo tomaría como un signo de debilidad. De modo que, con una voz alta y firme, Albus dijo:
-¿A qué escoria te refieres, Valerie?
Valerie Rosier se volteó, con más curiosidad que miedo o sorpresa. Al identificar a Albus, esbozó una sonrisa desafiante y, mirándolo a los ojos, respondió:
-¡Pues a Prewett y a ti, Potter! ¿A quién más?
Albus era hijo de un padre y una madre capaces de aterrorizar a muchos cuando perdían la paciencia, pero no había heredado ese carácter tan fogoso, lo mismo que tampoco había heredado la pasión por el Quidditch. Cuando se enojaba, en vez de dar alaridos como su padre o su madre, sentía una cólera fría, quizá más terrible que la de ellos. Pero ni siquiera ahora, cuando acababa de recibir uno de los peores y más descarados insultos de su vida, Albus estaba enojado. Había algo en Valerie que parecía refrenar su rabia.
Tranquilamente, Albus caminó hacia donde estaba Valerie de modo de poder hablarle mirándola a la cara sin que ella tuviese que voltearse. Una vez que estuvieron frente a frente, le preguntó:
-¿Por qué nos consideras indignos de estar en Slytherin, Valerie?
Valerie estaba bastante irritada con Albus, no sólo por esa calma desconcertante que exhibía, sino, curiosamente, por la forma en que pronunciaba su nombre. Desde que había venido a Gran Bretaña todos los que conocía pronunciaban “Valerie” poniendo el acento en la “A”, a la manera inglesa. En cambio, Albus ponía el acento en la “I”, haciendo que su nombre sonase más francés. Quizá fuese una forma sutil de recordarse que ella había nacido en Francia, hija de una bruja de ese país, pensó Valerie, y le respondió:
-Porque tú eres el hijo de una traidora a la sangre y de un mestizo, y Prewett es nieto de un squib. ¿Hace falta que te recuerde, Potter, que la noble Casa de Slytherin es solo para los de sangre pura?
-¿En serio? ¿Entonces por qué hemos tenido a tantos mestizos en Slytherin?
-¡Quién sabe! ¡Pero siempre les hemos enseñado cuál es su lugar!
-¿Nombrándolos jefes de la Casa como a Severus Snape? -dijo Albus con una sonrisa irónica. Muchos alumnos rieron al darse cuenta del brete en el que había dejado a Valerie. Albus luego le preguntó a Valerie, que lo miraba con odio:- Dices que mi madre es una traidora a la sangre, Valerie. ¿Qué quieres decir con eso?
-¡Qué es una sangre pura que se alía con personas de linaje inferior al de ella! ¡Con muggles, squibs, sangre impura, mestizos, híbridos…!
-Muy interesante. Pero, ¿te das cuenta que, según esa misma definición, tu abuelo también era un traidor a la sangre, así como los padres y abuelos de casi todos los aquí presentes?
-¿CÓMO? -preguntó Valerie, y por un instante, Albus creyó ver que su mano se dirigía hacia donde estaba su varita. Albus también notó que los alumnos que presenciaban éste altercado se ponían tensos.
-Sí, Valerie, pues si aliarse con alguien de linaje “inferior” es traicionar a la sangre, entonces todos los magos y brujas de sangre pura que apoyaron a Tom Ryddle, un mestizo, fueron traidores a la sangre.
Valerie estaba boquiabierta, lo mismo que todas sus amigas de primero y muchos otros alumnos. Sonriendo, Albus le dijo:
-¡Nos vemos en la clase de Longbottom!
Y así, acompañado por Scorpio e Isaac, salió de la sala común de Slytherin. A diferencia de su pelea con James, ésta lo había dejado divertido y satisfecho.
Todos los personajes son de Rowling o míos, a excepción de Semiramis Zabini, cuyo nombre inventó Helena Dax, autora del relato El nombre de los Malfoy.
Los días fueron pasando para Albus Potter. Su relación con los otros chicos de Slytherin era desigual. Si bien su amistad con Scorpio Malfoy se profundizaba cada vez más, y había hecho buenas migas con Isaac Prewett, Perseus Flint y Antoine Zabini seguían fríos.
Perseus era un sujeto feo, fornido y malhumorado, obsesionado con el Quidditch (un deporte que a Albus apenas le interesaba, a pesar del fanatismo de sus padres y su hermano James). Antoine era hijo de Blaise Zabini. Al igual que su padre y su abuela, él era un chico bastante atractivo -ya había varias niñas de primero e incluso de segundo que suspiraban precozmente por él-, y desdeñaba el Quidditch. La madre de Antoine era una bruja francesa que su padre había conocido en Beauxbatons. Tras la muerte de Albus Dumbledore, la madre de Blaise Zabini, Semiramis, había comprendido que se aproximaban tiempos muy peligrosos para ella y para su hijo, y había decidido abandonar Inglaterra y partir hacia Italia, el país de donde era oriundo el padre de Blaise, su primer marido, y en donde ellos tenían varias propiedades.
El único inconveniente de Italia era que no había ningún colegio de magia; las opciones era educar a los hijos en casa -ya fuese a manos de los propios padres o de profesores particulares- o mandarlos a alguno de los tres colegios de Europa. Si bien a Blaise le interesaba ir a Durmstrang, Semiramis lo convenció de ir a Beauxbatons, que estaba más cerca de Italia. Allí Blaise hizo su séptimo año y conoció a una joven de sangre pura llamada Isabelle Asset, con quien se puso de novio y se casó al cabo de unos pocos años. Isabelle era hermana mayor de Charlotte, la esposa de Rabastan Lestrange y madre de su hijo Agamemnon, lo cual hacía a Agamemnon y Antoine primos hermanos (pese a ello, no se llevaban muy bien y el hecho de que uno hubiese acabado en Gryffindor y el otro en Slytherin no ayudaría a hacer más calida su relación).
Los cinco chicos de primer año no tardaron en dividirse en dos bloques: por un lado Isaac y Albus, por el otro Antoine y Perseus (unidos más por la poca afinidad que sentían hacia los otros dos que por una profunda amistad), con Scorpio esforzándose por no enemistarse con unos sin perder la amistad de los otros. En rigor, Scorpio se sentía más cercano a Albus e Isaac, pero conocía a Perseus y Antoine desde la infancia pues Draco Malfoy, Blaise Zabini y Marcus Flint frecuentemente intercambiaban visitas y estimulaban a su prole a confraternizar.
Las chicas de primer año de Slytherin eran Valerie Rosier, Portia Nott, Roberta Goyle, Sandra Montague y Adrianne Yaxley. Hasta su tercer día en Hogwarts, Albus no les había prestado mucha atención.
Las cosas cambiaron cuando, al salir de su dormitorio junto a Isaac y Scorpio, dirigiéndose al Gran Salón para desayunar, entró a la sala común y escuchó:
-Es increíble que el Sombrero Seleccionador haya mandado a esa escoria a la Casa de Slytherin.
La voz provenía de los sillones, en donde estaban sentadas las cinco chicas de primer año. Quién había dicho la frase era Valerie Rosier, que estaba de espaldas a los chicos.
De pronto toda la sala común quedó en silencio. Las amigas de Valerie habían visto a Albus, Isaac y Scorpio y no sabían qué hacer, pero también los alumnos de otros años observaban la situación con mucho interés.
Albus comprendió que podían hacer dos cosas. Una era enfrentar a Valerie, y la otra era fingir que lo la habían oído. Él notó que Scorpio e Isaac daban un paso hacia delante, con lo que interpretó que querían hacer lo segundo, pero algo le dijo a Albus que no podía hacerse el tonto ante el insulto que había lanzado Valerie Rosier. Si lo hacía, el resto de la Casa, que probablemente compartía sus opiniones pero no se atrevía a expresarlas abiertamente, lo tomaría como un signo de debilidad. De modo que, con una voz alta y firme, Albus dijo:
-¿A qué escoria te refieres, Valerie?
Valerie Rosier se volteó, con más curiosidad que miedo o sorpresa. Al identificar a Albus, esbozó una sonrisa desafiante y, mirándolo a los ojos, respondió:
-¡Pues a Prewett y a ti, Potter! ¿A quién más?
Albus era hijo de un padre y una madre capaces de aterrorizar a muchos cuando perdían la paciencia, pero no había heredado ese carácter tan fogoso, lo mismo que tampoco había heredado la pasión por el Quidditch. Cuando se enojaba, en vez de dar alaridos como su padre o su madre, sentía una cólera fría, quizá más terrible que la de ellos. Pero ni siquiera ahora, cuando acababa de recibir uno de los peores y más descarados insultos de su vida, Albus estaba enojado. Había algo en Valerie que parecía refrenar su rabia.
Tranquilamente, Albus caminó hacia donde estaba Valerie de modo de poder hablarle mirándola a la cara sin que ella tuviese que voltearse. Una vez que estuvieron frente a frente, le preguntó:
-¿Por qué nos consideras indignos de estar en Slytherin, Valerie?
Valerie estaba bastante irritada con Albus, no sólo por esa calma desconcertante que exhibía, sino, curiosamente, por la forma en que pronunciaba su nombre. Desde que había venido a Gran Bretaña todos los que conocía pronunciaban “Valerie” poniendo el acento en la “A”, a la manera inglesa. En cambio, Albus ponía el acento en la “I”, haciendo que su nombre sonase más francés. Quizá fuese una forma sutil de recordarse que ella había nacido en Francia, hija de una bruja de ese país, pensó Valerie, y le respondió:
-Porque tú eres el hijo de una traidora a la sangre y de un mestizo, y Prewett es nieto de un squib. ¿Hace falta que te recuerde, Potter, que la noble Casa de Slytherin es solo para los de sangre pura?
-¿En serio? ¿Entonces por qué hemos tenido a tantos mestizos en Slytherin?
-¡Quién sabe! ¡Pero siempre les hemos enseñado cuál es su lugar!
-¿Nombrándolos jefes de la Casa como a Severus Snape? -dijo Albus con una sonrisa irónica. Muchos alumnos rieron al darse cuenta del brete en el que había dejado a Valerie. Albus luego le preguntó a Valerie, que lo miraba con odio:- Dices que mi madre es una traidora a la sangre, Valerie. ¿Qué quieres decir con eso?
-¡Qué es una sangre pura que se alía con personas de linaje inferior al de ella! ¡Con muggles, squibs, sangre impura, mestizos, híbridos…!
-Muy interesante. Pero, ¿te das cuenta que, según esa misma definición, tu abuelo también era un traidor a la sangre, así como los padres y abuelos de casi todos los aquí presentes?
-¿CÓMO? -preguntó Valerie, y por un instante, Albus creyó ver que su mano se dirigía hacia donde estaba su varita. Albus también notó que los alumnos que presenciaban éste altercado se ponían tensos.
-Sí, Valerie, pues si aliarse con alguien de linaje “inferior” es traicionar a la sangre, entonces todos los magos y brujas de sangre pura que apoyaron a Tom Ryddle, un mestizo, fueron traidores a la sangre.
Valerie estaba boquiabierta, lo mismo que todas sus amigas de primero y muchos otros alumnos. Sonriendo, Albus le dijo:
-¡Nos vemos en la clase de Longbottom!
Y así, acompañado por Scorpio e Isaac, salió de la sala común de Slytherin. A diferencia de su pelea con James, ésta lo había dejado divertido y satisfecho.
(Tengo que confesar que yo no estoy del todo satisfecho con cómo me salió el enfrentamiento entre Albus y Valerie. Me lo había imaginado más largo anoche en la cama, cuando se me ocurrió. Igual creo que no será la última vez que los veremos pelearse.)
domingo, 16 de septiembre de 2007
Más varitas y la primera clase de Albus
Continuación de La varita de Norberta.
Casi todos los personajes son de Rowling, pese a que hace semanas que estoy tratando de lavarles el cerebro para que digan que son míos.
En el camino a la clase del profesor MacMillan, Albus se encontró con Scorpio.
-¿Dónde estabas? -preguntó Scorpio con curiosidad.
-Con Rubeus Hagrid, el profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas.
-¿El semigigante? Mi padre no puede oír a nadie nombrarlo sin ponerse a refunfuñar sobre ciertos “escorbutos de cola explosiva” o lo que sean… Me ha dicho que es un tipo peligroso.
-¡Tonterías, es totalmente inofensivo! Es uno de los mejores amigos de papá; de hecho, fue él quien lo rescató de la casa de mis abuelos, después de que Ryddle los matase, y fue él quien después le informó que era un mago y lo llevó al callejón Diagon por primera vez. Papá lo adora.
-Bueno, supongo que es por eso que mi padre lo odia tanto… -Y, queriendo cambiar de tema, le comentó a Albus:- Dentro de poco usaremos las varitas por primera vez para luchar. ¿De qué está hecha la tuya?
-Nervio de dragón y nogal.
-La mía es de garra de hipogrifo y roble.
-¿Garra de hipogrifo? Pensé que Ollivander sólo usaba materiales de fénix, dragones y unicornios para hacer sus varitas.
-Mi padre me contó que hace pocos años decidió ampliar su criterio, pues le resultaba difícil encontrar materiales de tan solo esas tres criaturas mágicas. Ahora usa pelo de veela, garras de hipogrifo y colmillos de acromántula. También parece que ha utilizado colmillos de basilisco para hacer varitas, pero de esas hay muy pocas, pues el último basilisco conocido era el que estaba encerrado en la Cámara Secreta y que tu padre mató en 1992. Después de la muerte de Ryddle, lo primero que Ollivander hizo tras reabrir su tienda fue correr a Hogwarts a buscar los colmillos de ese basilisco. Me hubiese gustado recibir una de esas varitas, pero cuando mi padre convenció a Ollivander de que me la hiciese probar, me rechazó. La que me eligió fue la de hipogrifo, y por algún motivo eso molestó muchísimo a mi padre. No sé por qué no le gustan los hipogrifos.
Scorpio y Albus llegaron al salón donde Ernie MacMillan daba sus clases y entraron. Allí ya estaban sus compañeros de primero de Slytherin, junto con los de primero de Ravenclaw. Albus divisó a Rose, sentada con una chica rubia a quien no pudo identificar, y la saludó con una sonrisa. Rose se la devolvió con más timidez.
Albus y Scorpio acababan de sentarse en sus bancos cuando entró MacMillan. Era un hombre rubio, un poco regordete y con aspecto muy serio. Se sentó en su escritorio y, tras saludarlos, dijo:
-Yo soy su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. He ocupado mi cargo desde que Servilia Crouch renunció a él para convertirse en directora de Hogwarts hace dos años.
“Gran Bretaña no ha debido enfrentar a un mago oscuro desde la derrota y muerte de Tom Sorvolo Ryddle, alias Lord Voldemort, en 1998. Pero si hay un defecto en los magos de éste país es el hecho de que creen que la paz es permanente. En los casi 30 años que pasaron entre la derrota de Gellert Grindelwald en 1945 y el primer asesinato cometido por Ryddle en 1972, nadie consideró seriamente la posibilidad de que surgiese otro mago oscuro, y por lo tanto las exigencias en torno a la defensa contra las Artes Oscuras fueron cada vez más laxas. Nunca se creyó que tendríamos que volver a enfrentarlas, por lo que a nadie le preocupaba demasiado prepararse para ello.
“Lo mismo ocurrió cuando Ryddle “murió” en 1981. Después de casi 10 años de una guerra muchísimo más feroz que la que libraron contra Grindelwald, los magos y brujas del país se dedicaron a disfrutar de los años de paz sin preocuparse por el mañana. Cuando Ryddle recuperó su cuerpo en 1994 el Ministerio tardó más de un año en reconocer que había vuelto, y había pasado ese año intentando impedir que los estudiantes de Hogwarts aprendiésemos Defensa Contra las Artes Oscuras. Los errores fueron muchos y fueron fatales. Muchos buenos magos y brujas seguirían vivos de no ser por ellos.
“Yo nací en 1980, de modo que fui testigo directo de la segunda guerra contra Tom Ryddle. Fui víctima de la incompetencia del Ministerio de aquel entonces, y me prometí que si alguna vez llegaba a ocupar algún puesto de decisión, haría lo posible por no repetir sus errores. Por suerte, tenemos un gran ministro de la Magia, Kingsley Shacklebolt, y él no se opone en absoluto a que les enseñemos todo lo necesario para enfrentarse a la magia oscura.
“Saquen sus varitas y pasen al frente.
Albus, Scorpio, Rose y los demás alumnos se levantaron de sus pupitres y se acercaron al gran espacio vacío que había entre los bancos y el escritorio de MacMillan.
-Hoy practicaremos uno de los hechizos más fáciles y más útiles: el Expelliarmus. ¿Alguien podría decirme para qué sirve?
Rose levantó rápidamente la mano.
-¿Cómo te llamas?
-Rose Weasley, profesor.
-Bueno, Rose, dinos para qué se usa el Expelliarmus.
-Para quitarle la varita al oponente en un duelo.
-Cinco puntos para Ravenclaw. Efectivamente, el Expelliarmus se usa para desarmar a un enemigo, lo cual es extraordinariamente eficaz en algunas situaciones, pero no tanto en otras. ¿Podría alguien decirnos por qué?
Albus levantó la mano.
-¿Eres Albus Potter, verdad? -preguntó MacMillan.
Albus asintió en silencio.
-De acuerdo, Albus, responde la pregunta.
-Si uno está luchando contra un solo mago, quitarle la varita permite ganar la batalla, pero si uno lucha contra varios, puede desarmar a uno pero el otro o los otros pueden atacarlo mientras lo hace.
-Exactamente, Albus. Diez puntos para Slytherin. Ahora quiero que se junten en parejas y se turnen para intentar desarmarse. No usen el Expelliarmus el uno contra el otro al mismo tiempo porque ambos podrían salir despedidos hacia atrás. Pueden comenzar.
Albus y Scorpio, naturalmente, se pusieron juntos para practicar el Expelliarmus, y lo mismo hicieron Rose y la chica rubia amiga suya. Al rato, el salón se llenó de gritos de “¡Expelliarmus!”. Rose fue la primera en lograr desarmar a su oponente (en su segundo intento), y recibió otros cinco puntos de MacMillan. En cuanto a Albus, él debió probar cuatro veces, pero ya en la primera él notó que la varita de Scorpio temblaba en su mano. Scorpio tardó también cuatro veces.
Al principio, se entretuvieron mucho desarmándose el uno al otro, pero al cabo de un rato el ejercicio se hizo demasiado aburrido y repetitivo y se pusieron a mirar los progresos de resto de la clase. Los amigos vieron que todos estaban muy enfrascados en la práctica, a excepción de un chico de pelo negro, de Ravenclaw, que se había acercado al escritorio del profesor.
Ellos notaron que el chico no le hablaba al profesor sino que le estaba escribiendo algo en un pergamino. Con curiosidad, Albus se acercó a su prima y le preguntó por él.
-Oh, se llama Livius Black. Me parece que es mudo, pues no es la primera vez que lo veo escribiendo notas para comunicarse con los demás.
-Entonces, ¿cómo podrá estudiar en Hogwarts?
-Bueno, no es necesario poder hablar para hacer magia: existen hechizos no verbales, y además están las pociones… Imagino que el profesor MacMillan tendrá que darle clases particulares para que no se quede rezagado.
Viendo que la amiga de Rose había quedado al margen de la conversación, Albus dijo:
-¿Podrías presentarme a tu amiga?
-¡Ah, sí, casi lo olvidaba! Irene, te presento a mi primo Albus Potter. Albus, te presento a Irene MacMillan.
-¿Eres pariente del profesor? -preguntó Albus,
-Soy su hija.
-Debe ser raro que tu papá te de clases.
-Entonces prepárate, porque mi papá me contó que en tercer año él siempre invita a tu papá a dar una clase sobre Dementores y Patronus.
Albus rió y luego vio que Scorpio se les había acercado.
-Él es Scorpio Malfoy -dijo Albus, presentándoselos-. Scorpio, ellas son mi prima Rose Weasley y su amiga Irene MacMillan.
Los tres se saludaron con timidez. Esto no solamente se debía al hecho de que los padres de Rose e Irene no eran amigos de Draco Malfoy, sino también a que las relaciones de la Casa de Slytherin con la de Ravenclaw no eran muy cálidas. No había una rivalidad constante como en el caso de Gryffindor, o desprecio mal ocultado como con Hufflepuff, pero la desconfianza era inevitable. Pero antes de que pudiesen seguir charlando, el profesor MacMillan se acercó a ellos.
-Irene, Rose, Albus, Scorpio, sigan practicando el Expelliarmus. Podrán hablar todo lo que quieran después de clases.
Casi todos los personajes son de Rowling, pese a que hace semanas que estoy tratando de lavarles el cerebro para que digan que son míos.
En el camino a la clase del profesor MacMillan, Albus se encontró con Scorpio.
-¿Dónde estabas? -preguntó Scorpio con curiosidad.
-Con Rubeus Hagrid, el profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas.
-¿El semigigante? Mi padre no puede oír a nadie nombrarlo sin ponerse a refunfuñar sobre ciertos “escorbutos de cola explosiva” o lo que sean… Me ha dicho que es un tipo peligroso.
-¡Tonterías, es totalmente inofensivo! Es uno de los mejores amigos de papá; de hecho, fue él quien lo rescató de la casa de mis abuelos, después de que Ryddle los matase, y fue él quien después le informó que era un mago y lo llevó al callejón Diagon por primera vez. Papá lo adora.
-Bueno, supongo que es por eso que mi padre lo odia tanto… -Y, queriendo cambiar de tema, le comentó a Albus:- Dentro de poco usaremos las varitas por primera vez para luchar. ¿De qué está hecha la tuya?
-Nervio de dragón y nogal.
-La mía es de garra de hipogrifo y roble.
-¿Garra de hipogrifo? Pensé que Ollivander sólo usaba materiales de fénix, dragones y unicornios para hacer sus varitas.
-Mi padre me contó que hace pocos años decidió ampliar su criterio, pues le resultaba difícil encontrar materiales de tan solo esas tres criaturas mágicas. Ahora usa pelo de veela, garras de hipogrifo y colmillos de acromántula. También parece que ha utilizado colmillos de basilisco para hacer varitas, pero de esas hay muy pocas, pues el último basilisco conocido era el que estaba encerrado en la Cámara Secreta y que tu padre mató en 1992. Después de la muerte de Ryddle, lo primero que Ollivander hizo tras reabrir su tienda fue correr a Hogwarts a buscar los colmillos de ese basilisco. Me hubiese gustado recibir una de esas varitas, pero cuando mi padre convenció a Ollivander de que me la hiciese probar, me rechazó. La que me eligió fue la de hipogrifo, y por algún motivo eso molestó muchísimo a mi padre. No sé por qué no le gustan los hipogrifos.
Scorpio y Albus llegaron al salón donde Ernie MacMillan daba sus clases y entraron. Allí ya estaban sus compañeros de primero de Slytherin, junto con los de primero de Ravenclaw. Albus divisó a Rose, sentada con una chica rubia a quien no pudo identificar, y la saludó con una sonrisa. Rose se la devolvió con más timidez.
Albus y Scorpio acababan de sentarse en sus bancos cuando entró MacMillan. Era un hombre rubio, un poco regordete y con aspecto muy serio. Se sentó en su escritorio y, tras saludarlos, dijo:
-Yo soy su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. He ocupado mi cargo desde que Servilia Crouch renunció a él para convertirse en directora de Hogwarts hace dos años.
“Gran Bretaña no ha debido enfrentar a un mago oscuro desde la derrota y muerte de Tom Sorvolo Ryddle, alias Lord Voldemort, en 1998. Pero si hay un defecto en los magos de éste país es el hecho de que creen que la paz es permanente. En los casi 30 años que pasaron entre la derrota de Gellert Grindelwald en 1945 y el primer asesinato cometido por Ryddle en 1972, nadie consideró seriamente la posibilidad de que surgiese otro mago oscuro, y por lo tanto las exigencias en torno a la defensa contra las Artes Oscuras fueron cada vez más laxas. Nunca se creyó que tendríamos que volver a enfrentarlas, por lo que a nadie le preocupaba demasiado prepararse para ello.
“Lo mismo ocurrió cuando Ryddle “murió” en 1981. Después de casi 10 años de una guerra muchísimo más feroz que la que libraron contra Grindelwald, los magos y brujas del país se dedicaron a disfrutar de los años de paz sin preocuparse por el mañana. Cuando Ryddle recuperó su cuerpo en 1994 el Ministerio tardó más de un año en reconocer que había vuelto, y había pasado ese año intentando impedir que los estudiantes de Hogwarts aprendiésemos Defensa Contra las Artes Oscuras. Los errores fueron muchos y fueron fatales. Muchos buenos magos y brujas seguirían vivos de no ser por ellos.
“Yo nací en 1980, de modo que fui testigo directo de la segunda guerra contra Tom Ryddle. Fui víctima de la incompetencia del Ministerio de aquel entonces, y me prometí que si alguna vez llegaba a ocupar algún puesto de decisión, haría lo posible por no repetir sus errores. Por suerte, tenemos un gran ministro de la Magia, Kingsley Shacklebolt, y él no se opone en absoluto a que les enseñemos todo lo necesario para enfrentarse a la magia oscura.
“Saquen sus varitas y pasen al frente.
Albus, Scorpio, Rose y los demás alumnos se levantaron de sus pupitres y se acercaron al gran espacio vacío que había entre los bancos y el escritorio de MacMillan.
-Hoy practicaremos uno de los hechizos más fáciles y más útiles: el Expelliarmus. ¿Alguien podría decirme para qué sirve?
Rose levantó rápidamente la mano.
-¿Cómo te llamas?
-Rose Weasley, profesor.
-Bueno, Rose, dinos para qué se usa el Expelliarmus.
-Para quitarle la varita al oponente en un duelo.
-Cinco puntos para Ravenclaw. Efectivamente, el Expelliarmus se usa para desarmar a un enemigo, lo cual es extraordinariamente eficaz en algunas situaciones, pero no tanto en otras. ¿Podría alguien decirnos por qué?
Albus levantó la mano.
-¿Eres Albus Potter, verdad? -preguntó MacMillan.
Albus asintió en silencio.
-De acuerdo, Albus, responde la pregunta.
-Si uno está luchando contra un solo mago, quitarle la varita permite ganar la batalla, pero si uno lucha contra varios, puede desarmar a uno pero el otro o los otros pueden atacarlo mientras lo hace.
-Exactamente, Albus. Diez puntos para Slytherin. Ahora quiero que se junten en parejas y se turnen para intentar desarmarse. No usen el Expelliarmus el uno contra el otro al mismo tiempo porque ambos podrían salir despedidos hacia atrás. Pueden comenzar.
Albus y Scorpio, naturalmente, se pusieron juntos para practicar el Expelliarmus, y lo mismo hicieron Rose y la chica rubia amiga suya. Al rato, el salón se llenó de gritos de “¡Expelliarmus!”. Rose fue la primera en lograr desarmar a su oponente (en su segundo intento), y recibió otros cinco puntos de MacMillan. En cuanto a Albus, él debió probar cuatro veces, pero ya en la primera él notó que la varita de Scorpio temblaba en su mano. Scorpio tardó también cuatro veces.
Al principio, se entretuvieron mucho desarmándose el uno al otro, pero al cabo de un rato el ejercicio se hizo demasiado aburrido y repetitivo y se pusieron a mirar los progresos de resto de la clase. Los amigos vieron que todos estaban muy enfrascados en la práctica, a excepción de un chico de pelo negro, de Ravenclaw, que se había acercado al escritorio del profesor.
Ellos notaron que el chico no le hablaba al profesor sino que le estaba escribiendo algo en un pergamino. Con curiosidad, Albus se acercó a su prima y le preguntó por él.
-Oh, se llama Livius Black. Me parece que es mudo, pues no es la primera vez que lo veo escribiendo notas para comunicarse con los demás.
-Entonces, ¿cómo podrá estudiar en Hogwarts?
-Bueno, no es necesario poder hablar para hacer magia: existen hechizos no verbales, y además están las pociones… Imagino que el profesor MacMillan tendrá que darle clases particulares para que no se quede rezagado.
Viendo que la amiga de Rose había quedado al margen de la conversación, Albus dijo:
-¿Podrías presentarme a tu amiga?
-¡Ah, sí, casi lo olvidaba! Irene, te presento a mi primo Albus Potter. Albus, te presento a Irene MacMillan.
-¿Eres pariente del profesor? -preguntó Albus,
-Soy su hija.
-Debe ser raro que tu papá te de clases.
-Entonces prepárate, porque mi papá me contó que en tercer año él siempre invita a tu papá a dar una clase sobre Dementores y Patronus.
Albus rió y luego vio que Scorpio se les había acercado.
-Él es Scorpio Malfoy -dijo Albus, presentándoselos-. Scorpio, ellas son mi prima Rose Weasley y su amiga Irene MacMillan.
Los tres se saludaron con timidez. Esto no solamente se debía al hecho de que los padres de Rose e Irene no eran amigos de Draco Malfoy, sino también a que las relaciones de la Casa de Slytherin con la de Ravenclaw no eran muy cálidas. No había una rivalidad constante como en el caso de Gryffindor, o desprecio mal ocultado como con Hufflepuff, pero la desconfianza era inevitable. Pero antes de que pudiesen seguir charlando, el profesor MacMillan se acercó a ellos.
-Irene, Rose, Albus, Scorpio, sigan practicando el Expelliarmus. Podrán hablar todo lo que quieran después de clases.
sábado, 15 de septiembre de 2007
La varita de Norberta
Continuación de Reunión de profesores.
Casi todos los personajes son de la señora Rowling, yo solamente los tengo secuestrados para usarlos en mi blog. Si les gusta el relato, por favor dejen comentarios. Y si no, al menos dejen comentarios insultándome...
Casi todos los personajes son de la señora Rowling, yo solamente los tengo secuestrados para usarlos en mi blog. Si les gusta el relato, por favor dejen comentarios. Y si no, al menos dejen comentarios insultándome...
(Cometí un error en cuanto al material del que está hecha la varita de Albus y lo corregí; sorry)
Al día siguiente, Albus despertó creyendo que lo que había sucedido la noche anterior -el haber llegado a Hogwarts, haber sido sorteado con increíble rapidez en Slytherin, el haber conocido al hijo de quien había peor enemigo de su padre en el colegio y el haber descubierto que podía hablar pársel- era un sueño. Pero la mortecina luz verde del dormitorio de los estudiantes de primer año de Slytherin lo convenció de que todo había sido real.
Albus saludó con un movimiento de cabeza a Isaac Prewett, Perseus Flint y Antoine Zabini, y ellos le respondieron de la misma manera, pero ninguno quiso entablar conversación con él. Quién sí le dio los buenos días verbalmente fue Scorpio Malfoy, quién lo miró con una sonrisa cómplice o quizá incluso cariñosa.
-¿Qué clases tendremos hoy? -preguntó Albus más tarde, mientras desayunaban en el Gran Salón.
-Bueno, parece que Slughorn bebió más vino de la cuenta anoche después de la cena y no podrá darnos clases hoy, de modo que solamente tendremos Defensa Contra las Artes Oscuras con MacMillan.
-¿Sabes si es buen profesor?
-Dicen que sí, aunque no es nada del otro mundo. Oí que se jacta de que tu padre fue su profesor en esa materia en quinto año.
-Es cierto, aunque papá insiste en que él no les daba clases sino que practicaban Defensa Contra las Artes Oscuras juntos.
-La famosa modestia de Harry Potter… -dijo Scorpio con un dejo de ironía pero sin la crueldad típica de su padre.
Albus estaba distraído mirando hacia la mesa de Gryffindor, donde estaba sentado su hermano James. “James II” seguía pareciendo tan decepcionado como en la cena de la noche anterior, pero no miraba a su hermano en absoluto. Albus sintió el impulso de levantarse y acercarse a la mesa de Gryffindor para hablar con él, pero pronto desechó la idea. La rivalidad entre Slytherin y Gryffindor era demasiado grande como para que un Slytherin se atreviese a acercarse a la mesa de la otra Casa. Debería esperar a que su hermano estuviese solo.
Albus recién tuvo la oportunidad de hablar con su hermano James cuando fue a tomar el té en la cabaña de Hagrid. Él conocía a Hagrid de toda la vida, y por eso le extrañó su actitud algo desconfiada cuando le abrió la puerta. Seguramente por ser un Slytherin, pensó.
Pero el cambio de actitud de Hagrid no era nada comparado con el de James, que también había sido invitado a tomar el té y ya estaba allí cuando Albus llegó; James le lanzó una mirada que, de no provenir de quien provenía, Albus hubiese tomado como de odio.
-Vaya, Al, finalmente terminaste en Slytherin. Nunca hubiese esperado eso de ti.
-No fue decisión mía. El Sombrero me envió allí instantáneamente, tú lo viste.
-Debes tener los típicos rasgos de un Slytherin: traicionero, cobarde, amante de las Artes Oscuras y fanático de la pureza de la sangre…
-¡James, ¿cómo puedes decirle esas cosas a tu hermano?! -exclamó Hagrid.
-¡No lo digo yo, lo dicen todos! ¡Todos en nuestra familia han estado en Gryffindor! ¡Papá, mamá, yo, nuestros abuelos, nuestros tíos, nuestros primos…!
-Olvidas que la tía Penélope era de Ravenclaw, y que Rose ha sido sorteada allí también -dijo Albus fríamente.
-¡Es preferible eso antes que ser un Slytherin! ¡Ryddle estaba en Slytherin, Al! ¡Él mató a nuestros abuelos y a nuestro tío Fred!
-En realidad Fred no murió a manos de Ryddle, James, lo mató uno de sus Mortífagos.
-¡Es igual! ¡Todos los enemigos de nuestra familia han estado en Slytherin!
-Salvo Peter Pettigrew: él estaba en tu amada Casa de Gryffindor, y eso no evitó que entregase a nuestros abuelos a Ryddle y que lo ayudase a recuperar su cuerpo.
Hagrid estaba realmente nervioso ante el enfrentamiento entre los hermanos. Nunca hubiese imaginado que una simple visita de James y Albus, a quienes conocía desde que nacieron, pudiese terminar en algo así. Pero antes de que intentase intervenir para calmar los ánimos, James se puso de pie y salió, furioso, de la cabaña.
Hagrid salió a la puerta y gritó “¡James, espera!”, pero fue infructuoso. Desanimado, entró a su casa nuevamente y miró a Albus.
-No te preocupes, Al, seguramente recapacitará.
-Tienes razón, Hagrid, pero hasta entonces no pienso darle el gusto de dejar que me afecten sus idioteces.
-Lo del Sombrero… nos dejó a todos muy sorprendidos, Al.
-No te preocupes, sigo siendo el mismo de siempre, Hagrid. No me he convertido en el nuevo Señor de las Tinieblas -repuso Albus con una risita.
-¿Has hecho amigos en Slytherin?
-Tal vez. En cualquier caso, todavía no he hecho enemigos.
-Me alegra. Yo estuve en Gryffindor, y nunca me llevé bien con los de Slytherin, pero siempre he tratado de ser ecuánime con ellos, como profesor.
-Hay algo que olvidé contarte -dijo Albus, cambiando de tema-, y que quizá te interese: mi nueva varita tiene nervio del corazón de un dragón en su núcleo.
-Recuerdo que la de tu padre tenía una pluma de fénix… ahora que lo recuerdo, era de Fawkes, el fénix de Dumbledore.
-Bueno, éste nervio es de otro animal mágico que tú conoces bien…
-¿Podría ser…? No, no creo que sea… ella.
-Sí, Hagrid: el nervio es de Norberta. Mi tío Charlie me contó sobre ella y me dijo que el señor Ollivander había hecho unas cuantas varitas con su corazón cuando murió. Así que cuando Ollivander me ofreció una varita hecha de nervio de dragón, le pregunté si era de Norberta y me dijo que sí.
-Imagino que Norberta estaría encantada si lo supiera… ¡Cómo la extraño! Apenas hice un viaje a Rumania para verla, en el ’99 o en el 2000, no lo recuerdo muy bien, y parecía más feliz que nunca. Charlie me contó que le consiguió una pareja y que llegaron a tener crías, pero nunca he tenido tiempo de hacer otro viaje a Rumania para verlas…
Durante un largo rato, Hagrid se la pasó contándole a Albus sobre aquella dragona (que él durante años había considerado un dragón y llamado Norberto) que adquirió durante el primer año de su padre en Hogwarts y sobre cómo la había visto nacer y la había criado durante unos pocos días hasta que Charlie Weasley se la había llevado a Rumania. Albus conocía bien la historia, pero se alegró de poder distraerse del reciente enfrentamiento con James y lo dejó hablar a sus anchas hasta que se dio cuenta de que era hora de su primera clase de Defensa Contra las Artes Oscuras con Ernie MacMillan y debió irse.
Al día siguiente, Albus despertó creyendo que lo que había sucedido la noche anterior -el haber llegado a Hogwarts, haber sido sorteado con increíble rapidez en Slytherin, el haber conocido al hijo de quien había peor enemigo de su padre en el colegio y el haber descubierto que podía hablar pársel- era un sueño. Pero la mortecina luz verde del dormitorio de los estudiantes de primer año de Slytherin lo convenció de que todo había sido real.
Albus saludó con un movimiento de cabeza a Isaac Prewett, Perseus Flint y Antoine Zabini, y ellos le respondieron de la misma manera, pero ninguno quiso entablar conversación con él. Quién sí le dio los buenos días verbalmente fue Scorpio Malfoy, quién lo miró con una sonrisa cómplice o quizá incluso cariñosa.
-¿Qué clases tendremos hoy? -preguntó Albus más tarde, mientras desayunaban en el Gran Salón.
-Bueno, parece que Slughorn bebió más vino de la cuenta anoche después de la cena y no podrá darnos clases hoy, de modo que solamente tendremos Defensa Contra las Artes Oscuras con MacMillan.
-¿Sabes si es buen profesor?
-Dicen que sí, aunque no es nada del otro mundo. Oí que se jacta de que tu padre fue su profesor en esa materia en quinto año.
-Es cierto, aunque papá insiste en que él no les daba clases sino que practicaban Defensa Contra las Artes Oscuras juntos.
-La famosa modestia de Harry Potter… -dijo Scorpio con un dejo de ironía pero sin la crueldad típica de su padre.
Albus estaba distraído mirando hacia la mesa de Gryffindor, donde estaba sentado su hermano James. “James II” seguía pareciendo tan decepcionado como en la cena de la noche anterior, pero no miraba a su hermano en absoluto. Albus sintió el impulso de levantarse y acercarse a la mesa de Gryffindor para hablar con él, pero pronto desechó la idea. La rivalidad entre Slytherin y Gryffindor era demasiado grande como para que un Slytherin se atreviese a acercarse a la mesa de la otra Casa. Debería esperar a que su hermano estuviese solo.
Albus recién tuvo la oportunidad de hablar con su hermano James cuando fue a tomar el té en la cabaña de Hagrid. Él conocía a Hagrid de toda la vida, y por eso le extrañó su actitud algo desconfiada cuando le abrió la puerta. Seguramente por ser un Slytherin, pensó.
Pero el cambio de actitud de Hagrid no era nada comparado con el de James, que también había sido invitado a tomar el té y ya estaba allí cuando Albus llegó; James le lanzó una mirada que, de no provenir de quien provenía, Albus hubiese tomado como de odio.
-Vaya, Al, finalmente terminaste en Slytherin. Nunca hubiese esperado eso de ti.
-No fue decisión mía. El Sombrero me envió allí instantáneamente, tú lo viste.
-Debes tener los típicos rasgos de un Slytherin: traicionero, cobarde, amante de las Artes Oscuras y fanático de la pureza de la sangre…
-¡James, ¿cómo puedes decirle esas cosas a tu hermano?! -exclamó Hagrid.
-¡No lo digo yo, lo dicen todos! ¡Todos en nuestra familia han estado en Gryffindor! ¡Papá, mamá, yo, nuestros abuelos, nuestros tíos, nuestros primos…!
-Olvidas que la tía Penélope era de Ravenclaw, y que Rose ha sido sorteada allí también -dijo Albus fríamente.
-¡Es preferible eso antes que ser un Slytherin! ¡Ryddle estaba en Slytherin, Al! ¡Él mató a nuestros abuelos y a nuestro tío Fred!
-En realidad Fred no murió a manos de Ryddle, James, lo mató uno de sus Mortífagos.
-¡Es igual! ¡Todos los enemigos de nuestra familia han estado en Slytherin!
-Salvo Peter Pettigrew: él estaba en tu amada Casa de Gryffindor, y eso no evitó que entregase a nuestros abuelos a Ryddle y que lo ayudase a recuperar su cuerpo.
Hagrid estaba realmente nervioso ante el enfrentamiento entre los hermanos. Nunca hubiese imaginado que una simple visita de James y Albus, a quienes conocía desde que nacieron, pudiese terminar en algo así. Pero antes de que intentase intervenir para calmar los ánimos, James se puso de pie y salió, furioso, de la cabaña.
Hagrid salió a la puerta y gritó “¡James, espera!”, pero fue infructuoso. Desanimado, entró a su casa nuevamente y miró a Albus.
-No te preocupes, Al, seguramente recapacitará.
-Tienes razón, Hagrid, pero hasta entonces no pienso darle el gusto de dejar que me afecten sus idioteces.
-Lo del Sombrero… nos dejó a todos muy sorprendidos, Al.
-No te preocupes, sigo siendo el mismo de siempre, Hagrid. No me he convertido en el nuevo Señor de las Tinieblas -repuso Albus con una risita.
-¿Has hecho amigos en Slytherin?
-Tal vez. En cualquier caso, todavía no he hecho enemigos.
-Me alegra. Yo estuve en Gryffindor, y nunca me llevé bien con los de Slytherin, pero siempre he tratado de ser ecuánime con ellos, como profesor.
-Hay algo que olvidé contarte -dijo Albus, cambiando de tema-, y que quizá te interese: mi nueva varita tiene nervio del corazón de un dragón en su núcleo.
-Recuerdo que la de tu padre tenía una pluma de fénix… ahora que lo recuerdo, era de Fawkes, el fénix de Dumbledore.
-Bueno, éste nervio es de otro animal mágico que tú conoces bien…
-¿Podría ser…? No, no creo que sea… ella.
-Sí, Hagrid: el nervio es de Norberta. Mi tío Charlie me contó sobre ella y me dijo que el señor Ollivander había hecho unas cuantas varitas con su corazón cuando murió. Así que cuando Ollivander me ofreció una varita hecha de nervio de dragón, le pregunté si era de Norberta y me dijo que sí.
-Imagino que Norberta estaría encantada si lo supiera… ¡Cómo la extraño! Apenas hice un viaje a Rumania para verla, en el ’99 o en el 2000, no lo recuerdo muy bien, y parecía más feliz que nunca. Charlie me contó que le consiguió una pareja y que llegaron a tener crías, pero nunca he tenido tiempo de hacer otro viaje a Rumania para verlas…
Durante un largo rato, Hagrid se la pasó contándole a Albus sobre aquella dragona (que él durante años había considerado un dragón y llamado Norberto) que adquirió durante el primer año de su padre en Hogwarts y sobre cómo la había visto nacer y la había criado durante unos pocos días hasta que Charlie Weasley se la había llevado a Rumania. Albus conocía bien la historia, pero se alegró de poder distraerse del reciente enfrentamiento con James y lo dejó hablar a sus anchas hasta que se dio cuenta de que era hora de su primera clase de Defensa Contra las Artes Oscuras con Ernie MacMillan y debió irse.
miércoles, 12 de septiembre de 2007
Icarus en llamas
Sí, ya se que no es original llamar Icarus a un personaje como el protagonista de mi historia, tan parecido al Ícaro de los mitos griegos, pero no pude resistir la tentación. Todos los personajes menos él y Benedict Diggory son de J. K. Rowling. Espero que les guste.
Icarus Hunter estaba muy satisfecho consigo mismo. Sus méritos lo habían ayudado a avanzar enormemente en su carrera en el Ministerio de la Magia hasta llegar a ser nombrado jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional. Lo notable no era el cargo en sí (no se trataba de un puesto muy apetecible), sino el hecho de que Hunter fuese el primer mago hijo de muggles en ser designado jefe de Departamento. Los Black, los Lestrange, los Malfoy, los Avery, los Rosier, los Crabbe, los Goyle y otras familias de sangre pura habían refunfuñado bastante al enterarse del nombramiento. No es que ninguno de ellos quisiera ser jefe de ese Departamento: simplemente no querían que un hijo de muggles lo fuese.
Durante los siguientes 7 años, Hunter se había dedicado prolijamente a hacer una gestión eficiente al frente del Departamento, pues no solo quería evitar que sus detractores le quitasen el puesto, sino que incluso quería continuar su ascenso hacia cargos más importantes. Hunter había sido puesto en Ravenclaw por el Sombrero Seleccionador, pero era en términos de ambición un auténtico Slytherin. Hunter mantuvo un alto perfil (tenía muchos periodistas amigos dispuestos a darle espacio en las páginas de El Profeta) y se ocupó de mostrarse como un funcionario activo y muy eficaz. Sus reuniones con representantes de comunidades mágicas de otros países -en muchos casos, se trataba de sus primeros contactos con la comunidad británica- eran seguidas con mucho interés. El año anterior, Hunter había anunciado sus planes para volver a celebrar el Torneo de los Tres Magos, y a los pocos meses había conseguido la aprobación de los directores de Hogwarts y Beauxbatons; sólo el director de Durmstrang seguía renuente.
Todo éste trajín había servido para colocar a Hunter en el centro de la escena política, y unos días atrás había salido un artículo en El Profeta en el que se hablaba de la posibilidad de que el ministro de la Magia se retirase. El periódico mencionaba varios nombres, y entre ellos estaba nada más y nada menos que el de Icarus Hunter (ciertamente era útil tener amigos periodistas, pensó el jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional cuando leyó el texto).
La reacción de las familias de sangre pura no se había hecho esperar, y lo que antes habían sido gruñidos se convirtió en un clamor de rugidos. ¿Cómo un sangre impura osaba aspirar a dirigir la comunidad mágica? ¿Cómo tantos magos de sangre pura podían apoyarlo? ¿Y cómo, en primer lugar, había llegado el sangre impura a ser jefe de Departamento? La polémica no preocupaba a Hunter, sino todo lo contrario: todo este fuego verbal lo hacía destacarse aún más entre los ministeriables. Si los magos de sangre pura hubiesen sido más discretos en sus ataques contra Hunter, y se hubiesen limitado a hacer lobby en el Ministerio, hubiesen tenido más posibilidades de éxito; ahora si él no sucedía al ministro, todos creerían que él había sido rechazado por su status de hijo de muggles. Todo era ganancia.
Hunter sólo se lamentaba de una cosa: carecer casi completamente de amigos. No es que fuese un antisocial; era imposible ascender en el Ministerio sin tener capacidad para llevase bien con todo el mundo. Pero se trataba de amistades muy poco firmes, basadas más bien en la simpatía que en la afinidad. La única persona con quien tenía algo similar a una amistad era su secretario, Benedict Diggory. Benedict tenía casi 20 años menos que su jefe, era de sangre pura y había estado en Slytherin, pero ambos se parecían mucho en cuanto a la ambición y la inteligencia. Hunter se consideraba su mentor y le agradaba la idea de ir formándolo para que siguiese sus pasos. Pero, pensaba Hunter a veces, era una lástima que su trabajo lo forzase a pasar más tiempo con su secretario que con sus padres o sus parejas ocasionales.
Esa noche, Hunter y Benedict regresaban del Ministerio, pero eso no significaba que hubiesen terminado de trabajar: aún les quedaban dos o tres horas más de papeleo y deberían pasarlas en la casa de Hunter, pues generalmente no se permitía a los funcionarios quedarse en el Ministerio durante la noche.
Hunter abrió la puerta a su secretario mientras le decía:
-Bueno, Diggory, debemos comenzar escribiendo un informe para el ministro sobre la reunión con el director de Durm…
Pero sus palabras fueron cortadas por una voz fría y alta que gritó desde el interior:
-¡Petrificus totalus!
El hechizo golpeó al mago y lo dejó paralizado instantáneamente. Benedict intentó sacar su varita, pero un segundo hechizo salió del mismo lugar y le dio. Un hombre encapuchado salió de la oscuridad de la vivienda y, con un movimiento de varita, encendió las luces de la casa de Hunter, permitiendo que ambos lo vieran. Tenía la piel tan blanca como la leche, era calvo y muy delgado y huesudo. Lo más aterrador de todo eran sus ojos, cuyo color anormalmente rojo hacía que se resaltasen muchísimo en un rostro tan blanco.
-Icarus Hunter… -dijo el mago-. Qué placer es conocerte por fin. He pasado muchos años alejado de la comunidad mágica, por lo que no me he mantenido al tanto de los acontecimientos políticos; imaginarás entonces mi sorpresa cuando retorné a Inglaterra y descubrí que mis compatriotas estaban a punto de designar a un sangre impura ministro de la Magia.
“‘¡Qué increíble cambio!’, pensé. ‘¿Los mismos magos y brujas que despreciaban a los sangre impura como Hunter ahora quieren ponerlo al frente de la comunidad? ¿Qué puede haber pasado?’ Y pronto me di cuenta: la culpa es tuya, por supuesto, dado que durante años has estado trepando lentamente hacia el poder, pero también es culpa de otros magos, magos de linaje decente, que no han mantenido la adecuada vigilancia sobre ustedes, los sangre impura. Y de magos como ese Albus Dumbledore, que apoyan el ascenso de los sangre impura. Entonces me dije a mi mismo: ‘¡Debo hacer algo para cambiar la situación, por el bien de los magos de sangre pura como yo!’ Y aquí estoy, Hunter.
El mago oscuro luego dijo “Levicorpus” y Benedict y Hunter fueron levantados y levitaron al interior de la casa, cuya puerta se cerró. Luego se aproximó a la chimenea, utilizó un Incendio para encender los leños, utilizó el hechizo Muffliato para evitar que sus rehenes escuchasen lo que decía, arrojó un puñado de polvos Flu al fuego y dijo “Mansión Malfoy”.
Pronto el mago pudo ver la cabeza encapuchada y enmascarada de un hombre, a quien llamó:
-Abraxas. Los tengo conmigo en su casa. Vengan.
El mago se alejó de la chimenea, y después de unos segundos un grupo de magos fueron saliendo de las llamas. Todos llevaban capas y capuchas negras y máscaras metálicas que cubrían sus rostros. Cuando el último de ellos, una mujer joven por lo que se adivinaba a través de la ropa, salió del fuego, el mago oscuro habló:
-Mis leales seguidores, los he llamado aquí esta noche porque estamos a punto de presenciar un momento histórico. El momento en el que acabará para siempre la perniciosa influencia de los sangre impura sobre nuestra comunidad, y retornará la hegemonía de nosotros, los magos de sangre pura. Sólo nosotros tenemos derecho a conocer los secretos de la magia, sólo nosotros tenemos derecho a gobernar el mundo. ¡Y sólo nosotros tenemos derecho a aspirar a los cargos más altos y honorables! ¡Éste sangre impura osó intentar elevarse por encima de su posición natural, y ahora pagará! ¡Y ustedes serán testigos de su castigo! ¡Crucio!
Durante la siguiente hora, el mago oscuro torturó a Icarus Hunter con el maleficio Cruciatus. Sería bastante triste relatar aquí cómo aquel mago hijo de muggles fue quebrado por el dolor y por la tortura psicológica a la que lo sometió su victimario, prometiéndole perdonarlo para luego reanudar la faena. Hunter se fue precipitando cada vez más hacia la desesperación por poner fin al dolor, aún cuando esto significase la muerte.
Finalmente, el mago oscuro se detuvo, se inclinó y le susurró suavemente al oído a Hunter:
-¿Quieres que termine? Pídelo y lo haré.
-Sí -contestó Hunter con lo que le quedaba de voz. El mago oscuro se enderezó y dijo, dirigiéndose a los testigos:
-Siglos atrás, los muggles solían quemar vivos a los magos y brujas. Es cierto que era fácil para muchos escapar de las llamas, pero quienes eran capturados sin varita debían arder. Es justo que ahora éste muggle sufra el mismo castigo que sus congéneres infringieron a nuestros antepasados.
Y antes de que Hunter comprendiese lo que iba a pasar, el mago oscuro le apuntó con su varita y gritó:
-¡Incendio!
Una vez más, Hunter gritó con todas sus fuerzas y se retorció, pero el mago oscuro le lanzó un Impedimenta para evitar que se moviese y quemase el resto de la casa. Así, Hunter se carbonizó lentamente frente a los ojos del mago oscuro, sus seguidores y Benedict, que seguía paralizado.
Cuando Hunter murió, el mago oscuro se dirigió a sus seguidores.
-Váyanse. Yo me ocuparé del muchacho.
Uno a uno, los magos entraron en las llamas y desaparecieron. Cuando el último se fue, el mago oscuro se volvió hacia Benedict, que había debido observar el suplicio de su jefe sin intervenir.
-Veamos quién eres, muchacho. ¡Legilimens!
Fue como si la habitación desapareciera. En un par de segundos, todos los recuerdos de Benedict Diggory desfilaron frente a sus ojos, y los del mago oscuro. Una vez más, Benedict jugaba con su hermano Amos en el jardín de su casa. De nuevo experimentaba su primer estallido involuntario de magia. De nuevo entraba al local del señor Ollivander a comprar su varita. De nuevo estaba sentado en el medio del Gran Salón mientras el Sombrero Seleccionador, posado sobre su cabeza, gritaba “¡SLYTHERIN!”. De nuevo jugaba su primer partido de Quidditch, como buscador, y atrapaba la snitch. De nuevo besaba por primera vez a una chica. De nuevo su padre le anunciaba que le había conseguido trabajo como secretario de Icarus Hunter. Y de nuevo él e Icarus entraban en su casa, para encontrarse con el ser horroroso que los esperaba adentro…
-Bueno, Benedict, parece que hoy es tu día de suerte. Como yo, eres un Slytherin de sangre pura. No voy a matarte. No: tú tendrás la misión de contarle a todo el mundo lo que ocurrió aquí. Y si te preguntan quién soy… -añadió con una sonrisa cruel- bueno, digamos que la respuesta está bajo tus narices.
El mago oscuro se acercó más a Benedict y, con un nuevo movimiento de su varita, desgarró su túnica y la camisa que llevaba debajo, dejando su pecho desnudo. A continuación, el hombre dijo “¡Sectumsempra!”, y Benedict sintió como si un cuchillo, invisible para él, estuviese tajeando su pecho. Los cortes fueron rápidos, y al poco tiempo Benedict sintió la sangre correr por su pecho, su estomago y sus piernas.
-No te preocupes, Benedict, no morirás desangrado. Pero me temo que las heridas jamás desaparecerán de tu pecho, pues están malditas. Lo siento -dijo el mago oscuro, con el mismo tono frío y desapasionado en que muchos años más tarde se disculparía por matar a otro mago de la Casa de Slytherin. Apuntó con su varita a Benedict y dijo “Finite”, tras lo cual se fue por la chimenea dejando al muchacho a solas con los restos de su jefe.
El último pensamiento de Benedict Diggory antes de desmayarse fue desear que nunca recuperase el conocimiento. Recién muchas horas después, cuando despertó en San Mungo, supo qué era lo que el mago oscuro le había escrito en su pecho.
“SOY LORD VOLDEMORT”
Icarus Hunter estaba muy satisfecho consigo mismo. Sus méritos lo habían ayudado a avanzar enormemente en su carrera en el Ministerio de la Magia hasta llegar a ser nombrado jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional. Lo notable no era el cargo en sí (no se trataba de un puesto muy apetecible), sino el hecho de que Hunter fuese el primer mago hijo de muggles en ser designado jefe de Departamento. Los Black, los Lestrange, los Malfoy, los Avery, los Rosier, los Crabbe, los Goyle y otras familias de sangre pura habían refunfuñado bastante al enterarse del nombramiento. No es que ninguno de ellos quisiera ser jefe de ese Departamento: simplemente no querían que un hijo de muggles lo fuese.
Durante los siguientes 7 años, Hunter se había dedicado prolijamente a hacer una gestión eficiente al frente del Departamento, pues no solo quería evitar que sus detractores le quitasen el puesto, sino que incluso quería continuar su ascenso hacia cargos más importantes. Hunter había sido puesto en Ravenclaw por el Sombrero Seleccionador, pero era en términos de ambición un auténtico Slytherin. Hunter mantuvo un alto perfil (tenía muchos periodistas amigos dispuestos a darle espacio en las páginas de El Profeta) y se ocupó de mostrarse como un funcionario activo y muy eficaz. Sus reuniones con representantes de comunidades mágicas de otros países -en muchos casos, se trataba de sus primeros contactos con la comunidad británica- eran seguidas con mucho interés. El año anterior, Hunter había anunciado sus planes para volver a celebrar el Torneo de los Tres Magos, y a los pocos meses había conseguido la aprobación de los directores de Hogwarts y Beauxbatons; sólo el director de Durmstrang seguía renuente.
Todo éste trajín había servido para colocar a Hunter en el centro de la escena política, y unos días atrás había salido un artículo en El Profeta en el que se hablaba de la posibilidad de que el ministro de la Magia se retirase. El periódico mencionaba varios nombres, y entre ellos estaba nada más y nada menos que el de Icarus Hunter (ciertamente era útil tener amigos periodistas, pensó el jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional cuando leyó el texto).
La reacción de las familias de sangre pura no se había hecho esperar, y lo que antes habían sido gruñidos se convirtió en un clamor de rugidos. ¿Cómo un sangre impura osaba aspirar a dirigir la comunidad mágica? ¿Cómo tantos magos de sangre pura podían apoyarlo? ¿Y cómo, en primer lugar, había llegado el sangre impura a ser jefe de Departamento? La polémica no preocupaba a Hunter, sino todo lo contrario: todo este fuego verbal lo hacía destacarse aún más entre los ministeriables. Si los magos de sangre pura hubiesen sido más discretos en sus ataques contra Hunter, y se hubiesen limitado a hacer lobby en el Ministerio, hubiesen tenido más posibilidades de éxito; ahora si él no sucedía al ministro, todos creerían que él había sido rechazado por su status de hijo de muggles. Todo era ganancia.
Hunter sólo se lamentaba de una cosa: carecer casi completamente de amigos. No es que fuese un antisocial; era imposible ascender en el Ministerio sin tener capacidad para llevase bien con todo el mundo. Pero se trataba de amistades muy poco firmes, basadas más bien en la simpatía que en la afinidad. La única persona con quien tenía algo similar a una amistad era su secretario, Benedict Diggory. Benedict tenía casi 20 años menos que su jefe, era de sangre pura y había estado en Slytherin, pero ambos se parecían mucho en cuanto a la ambición y la inteligencia. Hunter se consideraba su mentor y le agradaba la idea de ir formándolo para que siguiese sus pasos. Pero, pensaba Hunter a veces, era una lástima que su trabajo lo forzase a pasar más tiempo con su secretario que con sus padres o sus parejas ocasionales.
Esa noche, Hunter y Benedict regresaban del Ministerio, pero eso no significaba que hubiesen terminado de trabajar: aún les quedaban dos o tres horas más de papeleo y deberían pasarlas en la casa de Hunter, pues generalmente no se permitía a los funcionarios quedarse en el Ministerio durante la noche.
Hunter abrió la puerta a su secretario mientras le decía:
-Bueno, Diggory, debemos comenzar escribiendo un informe para el ministro sobre la reunión con el director de Durm…
Pero sus palabras fueron cortadas por una voz fría y alta que gritó desde el interior:
-¡Petrificus totalus!
El hechizo golpeó al mago y lo dejó paralizado instantáneamente. Benedict intentó sacar su varita, pero un segundo hechizo salió del mismo lugar y le dio. Un hombre encapuchado salió de la oscuridad de la vivienda y, con un movimiento de varita, encendió las luces de la casa de Hunter, permitiendo que ambos lo vieran. Tenía la piel tan blanca como la leche, era calvo y muy delgado y huesudo. Lo más aterrador de todo eran sus ojos, cuyo color anormalmente rojo hacía que se resaltasen muchísimo en un rostro tan blanco.
-Icarus Hunter… -dijo el mago-. Qué placer es conocerte por fin. He pasado muchos años alejado de la comunidad mágica, por lo que no me he mantenido al tanto de los acontecimientos políticos; imaginarás entonces mi sorpresa cuando retorné a Inglaterra y descubrí que mis compatriotas estaban a punto de designar a un sangre impura ministro de la Magia.
“‘¡Qué increíble cambio!’, pensé. ‘¿Los mismos magos y brujas que despreciaban a los sangre impura como Hunter ahora quieren ponerlo al frente de la comunidad? ¿Qué puede haber pasado?’ Y pronto me di cuenta: la culpa es tuya, por supuesto, dado que durante años has estado trepando lentamente hacia el poder, pero también es culpa de otros magos, magos de linaje decente, que no han mantenido la adecuada vigilancia sobre ustedes, los sangre impura. Y de magos como ese Albus Dumbledore, que apoyan el ascenso de los sangre impura. Entonces me dije a mi mismo: ‘¡Debo hacer algo para cambiar la situación, por el bien de los magos de sangre pura como yo!’ Y aquí estoy, Hunter.
El mago oscuro luego dijo “Levicorpus” y Benedict y Hunter fueron levantados y levitaron al interior de la casa, cuya puerta se cerró. Luego se aproximó a la chimenea, utilizó un Incendio para encender los leños, utilizó el hechizo Muffliato para evitar que sus rehenes escuchasen lo que decía, arrojó un puñado de polvos Flu al fuego y dijo “Mansión Malfoy”.
Pronto el mago pudo ver la cabeza encapuchada y enmascarada de un hombre, a quien llamó:
-Abraxas. Los tengo conmigo en su casa. Vengan.
El mago se alejó de la chimenea, y después de unos segundos un grupo de magos fueron saliendo de las llamas. Todos llevaban capas y capuchas negras y máscaras metálicas que cubrían sus rostros. Cuando el último de ellos, una mujer joven por lo que se adivinaba a través de la ropa, salió del fuego, el mago oscuro habló:
-Mis leales seguidores, los he llamado aquí esta noche porque estamos a punto de presenciar un momento histórico. El momento en el que acabará para siempre la perniciosa influencia de los sangre impura sobre nuestra comunidad, y retornará la hegemonía de nosotros, los magos de sangre pura. Sólo nosotros tenemos derecho a conocer los secretos de la magia, sólo nosotros tenemos derecho a gobernar el mundo. ¡Y sólo nosotros tenemos derecho a aspirar a los cargos más altos y honorables! ¡Éste sangre impura osó intentar elevarse por encima de su posición natural, y ahora pagará! ¡Y ustedes serán testigos de su castigo! ¡Crucio!
Durante la siguiente hora, el mago oscuro torturó a Icarus Hunter con el maleficio Cruciatus. Sería bastante triste relatar aquí cómo aquel mago hijo de muggles fue quebrado por el dolor y por la tortura psicológica a la que lo sometió su victimario, prometiéndole perdonarlo para luego reanudar la faena. Hunter se fue precipitando cada vez más hacia la desesperación por poner fin al dolor, aún cuando esto significase la muerte.
Finalmente, el mago oscuro se detuvo, se inclinó y le susurró suavemente al oído a Hunter:
-¿Quieres que termine? Pídelo y lo haré.
-Sí -contestó Hunter con lo que le quedaba de voz. El mago oscuro se enderezó y dijo, dirigiéndose a los testigos:
-Siglos atrás, los muggles solían quemar vivos a los magos y brujas. Es cierto que era fácil para muchos escapar de las llamas, pero quienes eran capturados sin varita debían arder. Es justo que ahora éste muggle sufra el mismo castigo que sus congéneres infringieron a nuestros antepasados.
Y antes de que Hunter comprendiese lo que iba a pasar, el mago oscuro le apuntó con su varita y gritó:
-¡Incendio!
Una vez más, Hunter gritó con todas sus fuerzas y se retorció, pero el mago oscuro le lanzó un Impedimenta para evitar que se moviese y quemase el resto de la casa. Así, Hunter se carbonizó lentamente frente a los ojos del mago oscuro, sus seguidores y Benedict, que seguía paralizado.
Cuando Hunter murió, el mago oscuro se dirigió a sus seguidores.
-Váyanse. Yo me ocuparé del muchacho.
Uno a uno, los magos entraron en las llamas y desaparecieron. Cuando el último se fue, el mago oscuro se volvió hacia Benedict, que había debido observar el suplicio de su jefe sin intervenir.
-Veamos quién eres, muchacho. ¡Legilimens!
Fue como si la habitación desapareciera. En un par de segundos, todos los recuerdos de Benedict Diggory desfilaron frente a sus ojos, y los del mago oscuro. Una vez más, Benedict jugaba con su hermano Amos en el jardín de su casa. De nuevo experimentaba su primer estallido involuntario de magia. De nuevo entraba al local del señor Ollivander a comprar su varita. De nuevo estaba sentado en el medio del Gran Salón mientras el Sombrero Seleccionador, posado sobre su cabeza, gritaba “¡SLYTHERIN!”. De nuevo jugaba su primer partido de Quidditch, como buscador, y atrapaba la snitch. De nuevo besaba por primera vez a una chica. De nuevo su padre le anunciaba que le había conseguido trabajo como secretario de Icarus Hunter. Y de nuevo él e Icarus entraban en su casa, para encontrarse con el ser horroroso que los esperaba adentro…
-Bueno, Benedict, parece que hoy es tu día de suerte. Como yo, eres un Slytherin de sangre pura. No voy a matarte. No: tú tendrás la misión de contarle a todo el mundo lo que ocurrió aquí. Y si te preguntan quién soy… -añadió con una sonrisa cruel- bueno, digamos que la respuesta está bajo tus narices.
El mago oscuro se acercó más a Benedict y, con un nuevo movimiento de su varita, desgarró su túnica y la camisa que llevaba debajo, dejando su pecho desnudo. A continuación, el hombre dijo “¡Sectumsempra!”, y Benedict sintió como si un cuchillo, invisible para él, estuviese tajeando su pecho. Los cortes fueron rápidos, y al poco tiempo Benedict sintió la sangre correr por su pecho, su estomago y sus piernas.
-No te preocupes, Benedict, no morirás desangrado. Pero me temo que las heridas jamás desaparecerán de tu pecho, pues están malditas. Lo siento -dijo el mago oscuro, con el mismo tono frío y desapasionado en que muchos años más tarde se disculparía por matar a otro mago de la Casa de Slytherin. Apuntó con su varita a Benedict y dijo “Finite”, tras lo cual se fue por la chimenea dejando al muchacho a solas con los restos de su jefe.
El último pensamiento de Benedict Diggory antes de desmayarse fue desear que nunca recuperase el conocimiento. Recién muchas horas después, cuando despertó en San Mungo, supo qué era lo que el mago oscuro le había escrito en su pecho.
“SOY LORD VOLDEMORT”
miércoles, 5 de septiembre de 2007
La señora Tonks y la señora Malfoy
Continuación de Harry y Walburga. Todos los personajes son de J. K. Rowling.
Unos meses después de la batalla final, Narcisa Malfoy se sorprendió pensando en su hermana Andrómeda. El motivo por el cual le vino a la mente el tema de Andrómeda nunca le quedó del todo claro, pero desde ese momento no pudo dejar de reflexionar sobre su relación con ella, inexistente desde los años ’70, cuando su hermana se casó con Ted Tonks, un mago hijo de muggles. La boda se había celebrado en secreto, pero fue registrada mágicamente en el Árbol Genealógico de la familia Black. Cuando Orión y Walburga Black advirtieron que el nombre de su sobrina Andrómeda se había unido al de un tal Ted Tonks, se produjo una crisis familiar que concluyó con la decisión de sus padres de desheredar a su segunda hija, de sus tíos de borrar su nombre y el de su flamante esposo del árbol y de todos los Black, a excepción de Sirius, la “oveja negra”, de cortar cualquier contacto con Andrómeda.
Narcisa, la menor de las tres hermanas, recordaba la rabia y el desprecio de sus padres Cygnus y Druella, y de su terrible hermana Bellatrix. Ella misma, por su parte, no se sentía tan escandalizada, pero sabía que expresar cualquier clase de apoyo o incluso indiferencia hacia lo que había hecho Andrómeda la metería en graves problemas, por lo que fingió una indignación tan convincente que ella misma acabo por creérsela. Y durante años, ella había casi olvidado la existencia de su hermana.
En cualquier caso, el recuerdo de Andrómeda no dejó de acosar a Narcisa Malfoy. En la infancia, ellas habían tenido una relación muy íntima, contándose todos sus secretos y travesuras. Como generalmente ocurre, la entrada de “Dromeda” en la adolescencia la había distanciado de Narcisa, y esa distancia había permanecido. No es que Dromeda y Cissy se llevasen mal, pero cada una se ocupaba de sus asuntos y ya no compartían esa complicidad de la niñez. Después del matrimonio de Andrómeda con Ted Tonks, alejarse de ella fue para Narcisa tan fácil como cortar un hilo que ya estaba desgastado de por sí y que hubiese acabado rompiéndose por su cuenta.
Ahora, Narcisa pensaba en Andrómeda con nostalgia, pues nunca había tenido una confidente mejor que ella y nunca había necesitado una tanto como en ese momento. Ni su marido, destruido anímicamente por la caída de Voldemort y por haber traicionado a Rodolphus Lestrange, ni su hijo, aterrorizado por el recuerdo de las cosas que Voldemort le había hecho y le había obligado a hacer o presenciar, eran personas con quienes ella pudiese hablar de todo lo que había sucedido.
Narcisa decidió que haría un tímido intento por restablecer el contacto con su hermana. Después de escribir y desechar varios borradores, terminó mandándole una carta muy breve.
Andrómeda:
Seguramente te sorprenderá recibir noticias mías, dado que no me he comunicado contigo desde hace tanto tiempo. Te escribo porque quisiera volver a verte y tener una charla contigo. No sé qué más decirte, excepto que comprenderé si te niegas a tener cualquier trato conmigo.
Saludos,
Narcisa
No era la carta mejor redactada que ella hubiese escrito, pero era bastante clara. Después de leerla y releerla varias veces, la mandó a la casa de su hermana con su lechuza (los Malfoy eran lo bastante ricos como para tener cada uno su propia lechuza o búho, a diferencia de los Weasley).
Pocos días después le llegó una carta igualmente breve.
Narcisa:
Ven a mi casa mañana a las 18.
Saludos,
Andrómeda
Aliviada por no haber sido rechazada (su peor temor era que Andrómeda le mandase una Vociferadora), Narcisa se aprestó a visitar a su hermana.
Tras decirle a Lucius y Draco que iba al callejón Diagon -algo que sólo podía hacer ahora habiendo tomado la Poción Multijugos-, Narcisa se Apareció en la casa de Andrómeda. Pudo hacerlo gracias a que, tras la captura de su cuñado Rodolphus, Andrómeda había levantado casi todas las medidas de seguridad que había instalado durante la guerra para proteger su casa de los ataques de los Mortífagos.
Antes de que ella golpease la puerta, Andrómeda salió a recibirla.
Narcisa había olvidado lo mucho que se parecían sus hermanas mayores, y por un instante, creyó estar viendo de nuevo a Bellatrix. Pero pronto se dio cuenta de la diferencia entre ambas: en primer lugar, Andrómeda no mostraba los signos de deterioro físico causados en Bellatrix por su larga estadía en Azkaban. En segundo lugar, ella trasmitía una sensación de calma y compostura imperturbables, que Bellatrix había perdido en sus años de encarcelamiento; no es que Bella estuviese siempre desequilibrada, pero era muy fácil que perdiese los estribos. En cambio, Andrómeda parecía ser incapaz de cualquier desborde sentimental.
-Pasa, Narcisa -le dijo su hermana en un tono ni muy frío ni muy amable.
Al entrar, Narcisa no pudo evitar juzgar el tipo de vivienda en la que habían habitado durante años los Tonks. Era innegable que no resistía ninguna comparación con la Mansión Malfoy, ni con la Mansión Lestrange, donde Bellatrix había vivido durante algunos años antes de la primera caída de Voldemort. Pero trasmitía una sensación de calidez ausente en las mansiones de su marido y de su cuñado, lo mismo que de recuerdos familiares alegres y muy recientes. Las paredes de la Mansión Malfoy y de la Mansión Lestrange estaban repletas de retratos de antepasados famosos, que se remontaban a la Edad Media y que vigilaban y juzgaban a sus descendientes desde los marcos; las de la casa de Andrómeda estaban repletas de fotos suyas, de Ted Tonks, de Nymphadora, y más recientemente de Remus y Teddy Lupin, que se movían alegremente y sin prestar atención a los visitantes. Una cosa en la que ambas se parecían es que las dos se preocupaban muchísimo por la limpieza de sus hogares, pero estaba claro que mientras Narcisa se limitaba a ordenar a sus elfos y elfinas que limpiasen alguna de las habitaciones de la Mansión todos los días, Andrómeda hacía las tareas ella misma.
Había un solo retrato en la casa, que mostraba a Andrómeda, Ted y Nymphadora poco después del nacimiento de ésta última. Narcisa los miró con fascinación, comparando a la escena retratada allí con la que ella misma había hecho pintar poco después del nacimiento de Draco. En aquel retrato, Lucius y Narcisa posaban junto al bebé Draco sin apenas moverse y sin abandonar casi nunca su expresión solemne, mientras que Andrómeda y Ted no cesaban de acariciar a su bebita y de conversar alegremente.
-Cuando nació Teddy -dijo Andrómeda, sacándola de sus reflexiones- pensé en hacer pintar un segundo retrato que nos mostrase a los cinco juntos, pero no hubo tiempo.
-Lo… lo lamento, Andrómeda.
-No creo que lo hagas, hermanita. Yo perdí a mi esposo y a mi hija en la guerra, además de a mi yerno. Tú conservas tanto a tu esposo como a tu hijo.
-¡Sólo por casualidad, Andrómeda! ¿Crees que tu hija y tu marido murieron porque mi hijo y mi marido se salvaron? ¡No, Andrómeda! ¡Ellos murieron por culpa de Ryddle, y mi marido y mi hijo estuvieron a punto de morir por culpa suya también!
-Pero tú lo apoyaste. Esa es la diferencia. Tú, tu hijo y tu esposo estuvieron en el bando de Ryddle y sobrevivieron. Mi hija, mi esposo y mi yerno estuvieron en el bando opuesto a Ryddle y murieron, pese a que Ryddle fue vencido.
-¡Cometimos un error, todos nosotros! ¡Nos unimos a él siendo demasiado jóvenes como para comprender la fatuidad de sus ideales, si es que así se los puede llamar, y cuando regresó al poder tuvimos que volver a apoyarlo por miedo a sus represalias!
Las lágrimas se deslizaban por su bello rostro, pero Andrómeda no se conmovía.
-Además, yo nunca fui Mortífaga, Andrómeda. Mi marido y mi hijo sí, y creo que no pasa un día en que lo lamenten su decisión de haberlo sido. Fue el orgullo de los Malfoy, el maldito orgullo de los Malfoy el que los arrastró a ello. Y fui yo la que tuvo que salvarlos a ellos y a Potter mintiéndole a Ryddle en el Bosque Prohibido.
“Soy muy consciente de que no tengo las manos limpias a pesar de ello, Dromeda. Hice cosas imperdonables, y una de las peores, aparte de apoyar a Ryddle, fue no atreverme a ponerme de tu parte cuando te casaste con Ted. Lo que hice en el Bosque Prohibido ha permitido que yo y mi familia no seamos castigados por el Ministerio por haber apoyado a Ryddle; si seguimos siendo responsables moralmente, no lo sé. Pero sí sé que lo único que puede redimirme por lo que te hice es que me perdones.
Andrómeda contempló en silencio a Narcisa, y después de unos instantes, tomó su mano cariñosamente y le dio unas palmaditas. Narcisa supo que estaba perdonada, pero que su hermana era demasiado orgullosa como para decírselo expresamente.
-¿Quieres un té, Cissy? –preguntó luego Andrómeda.
La conversación entre las hermanas se fue haciendo cada vez más larga e interesante. Era como si durante años ellas hubiesen vivido en mundos diferentes, y cada una estaba fascinada por conocer las experiencias de la otra. El único tema del cual no hablaron fue de Bellatrix Lestrange, lo cual no era nada extraño considerando que ella había asesinado a la hija de Andrómeda, su propia sobrina. Pero Andrómeda se mostraba dispuesta a hablar de Nymphadora y de su nieto, y a Narcisa le encantaba hablar de su hijo Draco.
Los encuentros entre Narcisa y Andrómeda (que ya volvían a llamarse por sus diminutivos “Cissy” y “Dromeda”) se fueron haciendo frecuentes, y cuando Lucius y Draco se fueron a pasar un fin de semana en su casa en Fontainebleau -acompañados por Pansy Parkinson, que ya era considerada la futura esposa de Draco-, Narcisa llegó a invitar a su hermana mayor a la Mansión Malfoy. Había sido una experiencia agradable para ambas, pues si bien Andrómeda había abandonado el estilo de vida de las familias ricas y de sangre pura como los Malfoy (y los Black) al casarse con Ted Tonks, eso no significaba que lo detestase. El amor hacia Ted había sido más fuerte que su apego al lujo.
Por supuesto, Lucius y Draco terminaron enterándose del restablecimiento de las relaciones entre Narcisa y Andrómeda, pero jamás lo cuestionaron. Siempre y cuando su esposa y madre no los obligase a confraternizar con esa “traidora a la sangre” que era su cuñada y tía, no les molestaba. A Pansy sí le irritó cuando lo supo, pero sabía que su futura suegra no era la clase de mujer a quien ella pudiese intimidar o avergonzar, de modo que eligió no intervenir.
La primera vez que “Cissy” y “Dromeda” hablaron de Bellatrix fue justamente en la visita de la segunda a la Mansión Malfoy. Después de mostrarle la casa, Narcisa paseó a su hermana por el jardín y le señaló el panteón de los Malfoy.
-Allí los Malfoy han enterrado a sus muertos desde el siglo XIV. Los últimos que sepultamos aquí fueron mi suegro Abraxas y Bella…
Narcisa había olvidado por un instante con quién estaba hablando, y se quedó callada. Pero Andrómeda dijo:
-Creo que es el momento de que hablemos de Bella, Cissy. Ella era nuestra hermana.
-Mató a tu hija.
-Es cierto, y jamás se lo perdonaré. Pero eso no significa que no podamos hablar de ella. Todos siempre decían que yo me parecía más a ella que a ti.
-Físicamente sí. De carácter, no lo sé. Supongo que ambas fueron muy valientes, a su manera. Y ambas fueron muy leales a los hombres que querían…
-¿Te refieres a Ryddle?
-Sí -contestó Narcisa en un susurro, como si temiera ser escuchada-. Estoy segura de que al menos ella estaba muy enamorada de él… mucho más que de Rodolphus, ciertamente, y sólo eso explica que ella impulsase a su marido, a Rabastan y a Barty Crouch a buscarlo cuando desapareció.
-Pero, ¿eran amantes?
-Nunca lo supe a ciencia cierta y nunca me atreví a preguntárselo. Pero sí estoy segura de que ella pasaba mucho más tiempo con él que con Rodolphus. Recuerdo que cuando mataron a Scrimgeour, los Lestrange creyeron seguro volver a su vieja mansión -la había tenido confiscada el Ministerio durante varios años, ¿sabes?- y mandaron a una cuadrilla de elfos domésticos a ponerla en condiciones. Pero cuando estuvo lista, los únicos que se mudaron allí fueron Rodolphus y Rabastan. Bella se quedó en la Mansión Malfoy, con nosotros… y con Ryddle.
“Francamente, dudo mucho que hayan sido amantes. Cuando Ryddle reapareció bajo la identidad de Lord Voldemort, los experimentos que había realizado con la magia oscura lo habían deshumanizado enormemente… eso y los Horrocruxes. Ya no sentía muchas necesidades físicas, apenas comía, bebía y dormía. Y no creo que el sexo le haya interesado mucho. Cuando recuperó su cuerpo, esa deshumanización se acentuó aún más, y Bella ya no tenía esa belleza impresionante de antes de Azkaban, así que es menos probable aún que hayan estado juntos entonces.
-¿Y Bella nunca quiso tener hijos con él o con Lestrange?
-Gracias al Cielo, no. ¿Te imaginas a un hijo de Ryddle y Bella? ¡Tan solo pensar en un hijo de ella con Rodolphus me pone la carne de gallina!
Unos meses después de la batalla final, Narcisa Malfoy se sorprendió pensando en su hermana Andrómeda. El motivo por el cual le vino a la mente el tema de Andrómeda nunca le quedó del todo claro, pero desde ese momento no pudo dejar de reflexionar sobre su relación con ella, inexistente desde los años ’70, cuando su hermana se casó con Ted Tonks, un mago hijo de muggles. La boda se había celebrado en secreto, pero fue registrada mágicamente en el Árbol Genealógico de la familia Black. Cuando Orión y Walburga Black advirtieron que el nombre de su sobrina Andrómeda se había unido al de un tal Ted Tonks, se produjo una crisis familiar que concluyó con la decisión de sus padres de desheredar a su segunda hija, de sus tíos de borrar su nombre y el de su flamante esposo del árbol y de todos los Black, a excepción de Sirius, la “oveja negra”, de cortar cualquier contacto con Andrómeda.
Narcisa, la menor de las tres hermanas, recordaba la rabia y el desprecio de sus padres Cygnus y Druella, y de su terrible hermana Bellatrix. Ella misma, por su parte, no se sentía tan escandalizada, pero sabía que expresar cualquier clase de apoyo o incluso indiferencia hacia lo que había hecho Andrómeda la metería en graves problemas, por lo que fingió una indignación tan convincente que ella misma acabo por creérsela. Y durante años, ella había casi olvidado la existencia de su hermana.
En cualquier caso, el recuerdo de Andrómeda no dejó de acosar a Narcisa Malfoy. En la infancia, ellas habían tenido una relación muy íntima, contándose todos sus secretos y travesuras. Como generalmente ocurre, la entrada de “Dromeda” en la adolescencia la había distanciado de Narcisa, y esa distancia había permanecido. No es que Dromeda y Cissy se llevasen mal, pero cada una se ocupaba de sus asuntos y ya no compartían esa complicidad de la niñez. Después del matrimonio de Andrómeda con Ted Tonks, alejarse de ella fue para Narcisa tan fácil como cortar un hilo que ya estaba desgastado de por sí y que hubiese acabado rompiéndose por su cuenta.
Ahora, Narcisa pensaba en Andrómeda con nostalgia, pues nunca había tenido una confidente mejor que ella y nunca había necesitado una tanto como en ese momento. Ni su marido, destruido anímicamente por la caída de Voldemort y por haber traicionado a Rodolphus Lestrange, ni su hijo, aterrorizado por el recuerdo de las cosas que Voldemort le había hecho y le había obligado a hacer o presenciar, eran personas con quienes ella pudiese hablar de todo lo que había sucedido.
Narcisa decidió que haría un tímido intento por restablecer el contacto con su hermana. Después de escribir y desechar varios borradores, terminó mandándole una carta muy breve.
Andrómeda:
Seguramente te sorprenderá recibir noticias mías, dado que no me he comunicado contigo desde hace tanto tiempo. Te escribo porque quisiera volver a verte y tener una charla contigo. No sé qué más decirte, excepto que comprenderé si te niegas a tener cualquier trato conmigo.
Saludos,
Narcisa
No era la carta mejor redactada que ella hubiese escrito, pero era bastante clara. Después de leerla y releerla varias veces, la mandó a la casa de su hermana con su lechuza (los Malfoy eran lo bastante ricos como para tener cada uno su propia lechuza o búho, a diferencia de los Weasley).
Pocos días después le llegó una carta igualmente breve.
Narcisa:
Ven a mi casa mañana a las 18.
Saludos,
Andrómeda
Aliviada por no haber sido rechazada (su peor temor era que Andrómeda le mandase una Vociferadora), Narcisa se aprestó a visitar a su hermana.
Tras decirle a Lucius y Draco que iba al callejón Diagon -algo que sólo podía hacer ahora habiendo tomado la Poción Multijugos-, Narcisa se Apareció en la casa de Andrómeda. Pudo hacerlo gracias a que, tras la captura de su cuñado Rodolphus, Andrómeda había levantado casi todas las medidas de seguridad que había instalado durante la guerra para proteger su casa de los ataques de los Mortífagos.
Antes de que ella golpease la puerta, Andrómeda salió a recibirla.
Narcisa había olvidado lo mucho que se parecían sus hermanas mayores, y por un instante, creyó estar viendo de nuevo a Bellatrix. Pero pronto se dio cuenta de la diferencia entre ambas: en primer lugar, Andrómeda no mostraba los signos de deterioro físico causados en Bellatrix por su larga estadía en Azkaban. En segundo lugar, ella trasmitía una sensación de calma y compostura imperturbables, que Bellatrix había perdido en sus años de encarcelamiento; no es que Bella estuviese siempre desequilibrada, pero era muy fácil que perdiese los estribos. En cambio, Andrómeda parecía ser incapaz de cualquier desborde sentimental.
-Pasa, Narcisa -le dijo su hermana en un tono ni muy frío ni muy amable.
Al entrar, Narcisa no pudo evitar juzgar el tipo de vivienda en la que habían habitado durante años los Tonks. Era innegable que no resistía ninguna comparación con la Mansión Malfoy, ni con la Mansión Lestrange, donde Bellatrix había vivido durante algunos años antes de la primera caída de Voldemort. Pero trasmitía una sensación de calidez ausente en las mansiones de su marido y de su cuñado, lo mismo que de recuerdos familiares alegres y muy recientes. Las paredes de la Mansión Malfoy y de la Mansión Lestrange estaban repletas de retratos de antepasados famosos, que se remontaban a la Edad Media y que vigilaban y juzgaban a sus descendientes desde los marcos; las de la casa de Andrómeda estaban repletas de fotos suyas, de Ted Tonks, de Nymphadora, y más recientemente de Remus y Teddy Lupin, que se movían alegremente y sin prestar atención a los visitantes. Una cosa en la que ambas se parecían es que las dos se preocupaban muchísimo por la limpieza de sus hogares, pero estaba claro que mientras Narcisa se limitaba a ordenar a sus elfos y elfinas que limpiasen alguna de las habitaciones de la Mansión todos los días, Andrómeda hacía las tareas ella misma.
Había un solo retrato en la casa, que mostraba a Andrómeda, Ted y Nymphadora poco después del nacimiento de ésta última. Narcisa los miró con fascinación, comparando a la escena retratada allí con la que ella misma había hecho pintar poco después del nacimiento de Draco. En aquel retrato, Lucius y Narcisa posaban junto al bebé Draco sin apenas moverse y sin abandonar casi nunca su expresión solemne, mientras que Andrómeda y Ted no cesaban de acariciar a su bebita y de conversar alegremente.
-Cuando nació Teddy -dijo Andrómeda, sacándola de sus reflexiones- pensé en hacer pintar un segundo retrato que nos mostrase a los cinco juntos, pero no hubo tiempo.
-Lo… lo lamento, Andrómeda.
-No creo que lo hagas, hermanita. Yo perdí a mi esposo y a mi hija en la guerra, además de a mi yerno. Tú conservas tanto a tu esposo como a tu hijo.
-¡Sólo por casualidad, Andrómeda! ¿Crees que tu hija y tu marido murieron porque mi hijo y mi marido se salvaron? ¡No, Andrómeda! ¡Ellos murieron por culpa de Ryddle, y mi marido y mi hijo estuvieron a punto de morir por culpa suya también!
-Pero tú lo apoyaste. Esa es la diferencia. Tú, tu hijo y tu esposo estuvieron en el bando de Ryddle y sobrevivieron. Mi hija, mi esposo y mi yerno estuvieron en el bando opuesto a Ryddle y murieron, pese a que Ryddle fue vencido.
-¡Cometimos un error, todos nosotros! ¡Nos unimos a él siendo demasiado jóvenes como para comprender la fatuidad de sus ideales, si es que así se los puede llamar, y cuando regresó al poder tuvimos que volver a apoyarlo por miedo a sus represalias!
Las lágrimas se deslizaban por su bello rostro, pero Andrómeda no se conmovía.
-Además, yo nunca fui Mortífaga, Andrómeda. Mi marido y mi hijo sí, y creo que no pasa un día en que lo lamenten su decisión de haberlo sido. Fue el orgullo de los Malfoy, el maldito orgullo de los Malfoy el que los arrastró a ello. Y fui yo la que tuvo que salvarlos a ellos y a Potter mintiéndole a Ryddle en el Bosque Prohibido.
“Soy muy consciente de que no tengo las manos limpias a pesar de ello, Dromeda. Hice cosas imperdonables, y una de las peores, aparte de apoyar a Ryddle, fue no atreverme a ponerme de tu parte cuando te casaste con Ted. Lo que hice en el Bosque Prohibido ha permitido que yo y mi familia no seamos castigados por el Ministerio por haber apoyado a Ryddle; si seguimos siendo responsables moralmente, no lo sé. Pero sí sé que lo único que puede redimirme por lo que te hice es que me perdones.
Andrómeda contempló en silencio a Narcisa, y después de unos instantes, tomó su mano cariñosamente y le dio unas palmaditas. Narcisa supo que estaba perdonada, pero que su hermana era demasiado orgullosa como para decírselo expresamente.
-¿Quieres un té, Cissy? –preguntó luego Andrómeda.
La conversación entre las hermanas se fue haciendo cada vez más larga e interesante. Era como si durante años ellas hubiesen vivido en mundos diferentes, y cada una estaba fascinada por conocer las experiencias de la otra. El único tema del cual no hablaron fue de Bellatrix Lestrange, lo cual no era nada extraño considerando que ella había asesinado a la hija de Andrómeda, su propia sobrina. Pero Andrómeda se mostraba dispuesta a hablar de Nymphadora y de su nieto, y a Narcisa le encantaba hablar de su hijo Draco.
Los encuentros entre Narcisa y Andrómeda (que ya volvían a llamarse por sus diminutivos “Cissy” y “Dromeda”) se fueron haciendo frecuentes, y cuando Lucius y Draco se fueron a pasar un fin de semana en su casa en Fontainebleau -acompañados por Pansy Parkinson, que ya era considerada la futura esposa de Draco-, Narcisa llegó a invitar a su hermana mayor a la Mansión Malfoy. Había sido una experiencia agradable para ambas, pues si bien Andrómeda había abandonado el estilo de vida de las familias ricas y de sangre pura como los Malfoy (y los Black) al casarse con Ted Tonks, eso no significaba que lo detestase. El amor hacia Ted había sido más fuerte que su apego al lujo.
Por supuesto, Lucius y Draco terminaron enterándose del restablecimiento de las relaciones entre Narcisa y Andrómeda, pero jamás lo cuestionaron. Siempre y cuando su esposa y madre no los obligase a confraternizar con esa “traidora a la sangre” que era su cuñada y tía, no les molestaba. A Pansy sí le irritó cuando lo supo, pero sabía que su futura suegra no era la clase de mujer a quien ella pudiese intimidar o avergonzar, de modo que eligió no intervenir.
La primera vez que “Cissy” y “Dromeda” hablaron de Bellatrix fue justamente en la visita de la segunda a la Mansión Malfoy. Después de mostrarle la casa, Narcisa paseó a su hermana por el jardín y le señaló el panteón de los Malfoy.
-Allí los Malfoy han enterrado a sus muertos desde el siglo XIV. Los últimos que sepultamos aquí fueron mi suegro Abraxas y Bella…
Narcisa había olvidado por un instante con quién estaba hablando, y se quedó callada. Pero Andrómeda dijo:
-Creo que es el momento de que hablemos de Bella, Cissy. Ella era nuestra hermana.
-Mató a tu hija.
-Es cierto, y jamás se lo perdonaré. Pero eso no significa que no podamos hablar de ella. Todos siempre decían que yo me parecía más a ella que a ti.
-Físicamente sí. De carácter, no lo sé. Supongo que ambas fueron muy valientes, a su manera. Y ambas fueron muy leales a los hombres que querían…
-¿Te refieres a Ryddle?
-Sí -contestó Narcisa en un susurro, como si temiera ser escuchada-. Estoy segura de que al menos ella estaba muy enamorada de él… mucho más que de Rodolphus, ciertamente, y sólo eso explica que ella impulsase a su marido, a Rabastan y a Barty Crouch a buscarlo cuando desapareció.
-Pero, ¿eran amantes?
-Nunca lo supe a ciencia cierta y nunca me atreví a preguntárselo. Pero sí estoy segura de que ella pasaba mucho más tiempo con él que con Rodolphus. Recuerdo que cuando mataron a Scrimgeour, los Lestrange creyeron seguro volver a su vieja mansión -la había tenido confiscada el Ministerio durante varios años, ¿sabes?- y mandaron a una cuadrilla de elfos domésticos a ponerla en condiciones. Pero cuando estuvo lista, los únicos que se mudaron allí fueron Rodolphus y Rabastan. Bella se quedó en la Mansión Malfoy, con nosotros… y con Ryddle.
“Francamente, dudo mucho que hayan sido amantes. Cuando Ryddle reapareció bajo la identidad de Lord Voldemort, los experimentos que había realizado con la magia oscura lo habían deshumanizado enormemente… eso y los Horrocruxes. Ya no sentía muchas necesidades físicas, apenas comía, bebía y dormía. Y no creo que el sexo le haya interesado mucho. Cuando recuperó su cuerpo, esa deshumanización se acentuó aún más, y Bella ya no tenía esa belleza impresionante de antes de Azkaban, así que es menos probable aún que hayan estado juntos entonces.
-¿Y Bella nunca quiso tener hijos con él o con Lestrange?
-Gracias al Cielo, no. ¿Te imaginas a un hijo de Ryddle y Bella? ¡Tan solo pensar en un hijo de ella con Rodolphus me pone la carne de gallina!
sábado, 1 de septiembre de 2007
Harry y Walburga
Continuación de Los Malfoy y Snape.
Todos los personajes son de J. K. Rowling.
Aquella noche, cuando llegó a Grimmauld Place, Harry decidió que era el momento de hacer que los retratos de esa vieja casa se comportasen civilizadamente, dado que era imposible despegarlos. Estaba muy cansado, pero después de dar un discurso ante cientos, tal vez miles de personas, se sentía más osado que un león.
El elfo Kreacher, como es natural, había acompañado a su amo a Grimmauld Place, y aunque Harry estaba bastante seguro de su lealtad, no quería ponerla a prueba haciéndolo presenciar un enfrentamiento verbal entre él y los retratos, de modo que le dijo:
-Kreacher, ¿podrías por favor subir y ordenar el cuarto de Sirius? Voy a dormir allí ésta noche. Y cierra bien la puerta de la habitación mientras lo haces.
-Sí, amo -contestó el elfo mirándolo con adoración y sin cuestionarse el por qué de sus ordenes.
Una vez que Kreacher hubo subido las escaleras y cerrado la puerta, Harry se acercó al retrato de la madre de Sirius. Curiosamente, nunca le había preguntado a su padrino su nombre, pero por suerte vio una pequeña placa debajo del marco que decía “Walburga Black”.
Harry luego procedió a destapar el retrato. Walburga, sorprendida, abrió los ojos y una vez que divisó al ahijado de su hijo mayor, lo miró con odio y se puso a dar alaridos:
-¡ASQUEROSO MESTIZO, SAL DE MI CASA INMEDIATAMENTE! ¡DEJA DE MANCILLAR ÉSTA MORADA DE MAGOS DE SANGRE PURA CON TU INMUNDA PRESEN…!
-¡CÁLLATE! -gritó Harry- ¡CÁLLATE INMEDIATAMENTE, WALBURGA!
Walburga, sorprendida, guardó silencio, pero estaba claro que pronto reemprendería sus rugidos de rabia contra la presencia de Harry Potter en su casa. Harry no le dio tiempo.
-¡¿TÚ, EL RETRATO DE UNA MUJER QUE LLEVA MUERTA CASI 10 AÑOS, PRETENDES IMPEDIR QUE YO, HARRY POTTER, VIVA EN LA CASA DE LA QUE SOY LEGÍTIMO PROPIETARIO?! ¡¿YO, QUE HE MATADO A LORD VOLDEMORT, NO PUEDO VIVIR AQUÍ SOLO PORQUE UN RETRATO DICE QUE NO PUEDO?!
“¡YO, HARRY JAMES POTTER, HE DERROTADO Y MATADO A LORD VOLDEMORT HACE MENOS DE 24 HORAS, WALBURGA! ¡TUS IDEAS SOBRE LA SUPREMACÍA DE LA SANGRE PURA HAN SIDO VENCIDAS JUNTO CON ÉL! ¡ESTÁN TAN MUERTAS COMO ÉL Y COMO TÚ, WALBURGA!
“¡Y DÉJAME DECIRTE OTRA COSA, WALBURGA BLACK: TUS DOS HIJOS SE REBELARON CONTRA ESAS IDEAS Y MURIERON POR ELLO! ¡REGULUS MURIÓ TRAS INTENTAR DESTRUIR UN HORROCRUX DE VOLDEMORT, Y SIRIUS MURIÓ LUCHANDO CONTRA LOS MORTÍFAGOS, A MANOS DE TU QUERIDA SOBRINA BELLATRIX! ¡YA NO QUEDAN VARONES DE SANGRE PURA QUE LLEVEN EL APELLIDO BLACK, Y TODO POR CULPA DE VOLDEMORT! ¡DE VOLDEMORT, WALBURGA, NO DE LOS “SANGRE IMPURA” NI DE LOS “TRAIDORES A LA SANGRE” NI DE LOS MESTIZOS: DE VOLDEMORT!
Walburga estaba estupefacta. La confirmación de que su hijo menor había muerto parecía haberla afectado menos que la noticia de que, antes de morir, había traicionado a Voldemort. Y la noticia de que su hijo mayor había muerto parecía afectarla menos que el hecho de que con él se hubiesen extinguido los Black. Nadie se había molestado en contárselo.
Por primera vez en años, el retrato de Walburga habló en un tono normal de voz:
-¿Es… es cierto lo que me dices?
-Absolutamente cierto. Yo mismo vi morir a Sirius, y Kreacher vio morir a Regulus. Puedo traerlo y preguntarle si quieres.
-No, no hace falta.
Con mayor suavidad que antes, pero con la misma firmeza, Harry le dijo:
-Walburga, te guste o no, yo tengo derecho a vivir aquí y voy a vivir aquí. El último heredero de ésta casa, tu hijo Sirius, me la dejó en su testamento. Cuando me case, traeré a mi esposa a vivir aquí. Si tengo hijos, ellos crecerán aquí. Y, con suerte, ésta casa será habitada por generaciones y generaciones de miembros de la familia Potter.
“Tal vez esa perspectiva te desagrade… no, seguramente esa perspectiva te desagrada, Walburga. Pero hay otra perspectiva mucho peor: la destrucción de ésta casa. Porque si tú vuelves a insultar a los “traidores a la sangre”, a los “sangre impura” o a los mestizos, si vuelves a insultar a cualquier persona en ésta casa o a pedir que se vayan, te prenderé fuego y dejaré que el fuego devore toda la casa. Si no aceptas que yo, Harry Potter, y mis hijos y los hijos de mis hijos y los hijos de los hijos de mis hijos vivan aquí, en el número 12 de Grimmauld Place, entonces me aseguraré de que nadie más viva aquí. Y no creas que perder ésta casa me dolerá en términos financieros, pues tu hijo y mi padre me han dejado suficiente dinero como para comprar tres o cuatro propiedades como ésta, al menos. Pero quiero vivir aquí, quiero que ésta casa sea habitada por personas felices de una vez por todas, en vez de por una familia fanática de las ideas de Voldemort cuyos miembros amaban más a su propio linaje que a ellos mismos, y que desheredaban a todos aquellos que se saliesen del molde.
“Así que, a menos que quieras que ésta casa se queme hasta los cimientos, comenzando por tu retrato, guarda silencio. ¿Entendido?
-Sí -respondió Walburga con un hilo de voz.
-Y diles a los demás retratos que lo mismo va para ellos.
Todos los personajes son de J. K. Rowling.
Aquella noche, cuando llegó a Grimmauld Place, Harry decidió que era el momento de hacer que los retratos de esa vieja casa se comportasen civilizadamente, dado que era imposible despegarlos. Estaba muy cansado, pero después de dar un discurso ante cientos, tal vez miles de personas, se sentía más osado que un león.
El elfo Kreacher, como es natural, había acompañado a su amo a Grimmauld Place, y aunque Harry estaba bastante seguro de su lealtad, no quería ponerla a prueba haciéndolo presenciar un enfrentamiento verbal entre él y los retratos, de modo que le dijo:
-Kreacher, ¿podrías por favor subir y ordenar el cuarto de Sirius? Voy a dormir allí ésta noche. Y cierra bien la puerta de la habitación mientras lo haces.
-Sí, amo -contestó el elfo mirándolo con adoración y sin cuestionarse el por qué de sus ordenes.
Una vez que Kreacher hubo subido las escaleras y cerrado la puerta, Harry se acercó al retrato de la madre de Sirius. Curiosamente, nunca le había preguntado a su padrino su nombre, pero por suerte vio una pequeña placa debajo del marco que decía “Walburga Black”.
Harry luego procedió a destapar el retrato. Walburga, sorprendida, abrió los ojos y una vez que divisó al ahijado de su hijo mayor, lo miró con odio y se puso a dar alaridos:
-¡ASQUEROSO MESTIZO, SAL DE MI CASA INMEDIATAMENTE! ¡DEJA DE MANCILLAR ÉSTA MORADA DE MAGOS DE SANGRE PURA CON TU INMUNDA PRESEN…!
-¡CÁLLATE! -gritó Harry- ¡CÁLLATE INMEDIATAMENTE, WALBURGA!
Walburga, sorprendida, guardó silencio, pero estaba claro que pronto reemprendería sus rugidos de rabia contra la presencia de Harry Potter en su casa. Harry no le dio tiempo.
-¡¿TÚ, EL RETRATO DE UNA MUJER QUE LLEVA MUERTA CASI 10 AÑOS, PRETENDES IMPEDIR QUE YO, HARRY POTTER, VIVA EN LA CASA DE LA QUE SOY LEGÍTIMO PROPIETARIO?! ¡¿YO, QUE HE MATADO A LORD VOLDEMORT, NO PUEDO VIVIR AQUÍ SOLO PORQUE UN RETRATO DICE QUE NO PUEDO?!
“¡YO, HARRY JAMES POTTER, HE DERROTADO Y MATADO A LORD VOLDEMORT HACE MENOS DE 24 HORAS, WALBURGA! ¡TUS IDEAS SOBRE LA SUPREMACÍA DE LA SANGRE PURA HAN SIDO VENCIDAS JUNTO CON ÉL! ¡ESTÁN TAN MUERTAS COMO ÉL Y COMO TÚ, WALBURGA!
“¡Y DÉJAME DECIRTE OTRA COSA, WALBURGA BLACK: TUS DOS HIJOS SE REBELARON CONTRA ESAS IDEAS Y MURIERON POR ELLO! ¡REGULUS MURIÓ TRAS INTENTAR DESTRUIR UN HORROCRUX DE VOLDEMORT, Y SIRIUS MURIÓ LUCHANDO CONTRA LOS MORTÍFAGOS, A MANOS DE TU QUERIDA SOBRINA BELLATRIX! ¡YA NO QUEDAN VARONES DE SANGRE PURA QUE LLEVEN EL APELLIDO BLACK, Y TODO POR CULPA DE VOLDEMORT! ¡DE VOLDEMORT, WALBURGA, NO DE LOS “SANGRE IMPURA” NI DE LOS “TRAIDORES A LA SANGRE” NI DE LOS MESTIZOS: DE VOLDEMORT!
Walburga estaba estupefacta. La confirmación de que su hijo menor había muerto parecía haberla afectado menos que la noticia de que, antes de morir, había traicionado a Voldemort. Y la noticia de que su hijo mayor había muerto parecía afectarla menos que el hecho de que con él se hubiesen extinguido los Black. Nadie se había molestado en contárselo.
Por primera vez en años, el retrato de Walburga habló en un tono normal de voz:
-¿Es… es cierto lo que me dices?
-Absolutamente cierto. Yo mismo vi morir a Sirius, y Kreacher vio morir a Regulus. Puedo traerlo y preguntarle si quieres.
-No, no hace falta.
Con mayor suavidad que antes, pero con la misma firmeza, Harry le dijo:
-Walburga, te guste o no, yo tengo derecho a vivir aquí y voy a vivir aquí. El último heredero de ésta casa, tu hijo Sirius, me la dejó en su testamento. Cuando me case, traeré a mi esposa a vivir aquí. Si tengo hijos, ellos crecerán aquí. Y, con suerte, ésta casa será habitada por generaciones y generaciones de miembros de la familia Potter.
“Tal vez esa perspectiva te desagrade… no, seguramente esa perspectiva te desagrada, Walburga. Pero hay otra perspectiva mucho peor: la destrucción de ésta casa. Porque si tú vuelves a insultar a los “traidores a la sangre”, a los “sangre impura” o a los mestizos, si vuelves a insultar a cualquier persona en ésta casa o a pedir que se vayan, te prenderé fuego y dejaré que el fuego devore toda la casa. Si no aceptas que yo, Harry Potter, y mis hijos y los hijos de mis hijos y los hijos de los hijos de mis hijos vivan aquí, en el número 12 de Grimmauld Place, entonces me aseguraré de que nadie más viva aquí. Y no creas que perder ésta casa me dolerá en términos financieros, pues tu hijo y mi padre me han dejado suficiente dinero como para comprar tres o cuatro propiedades como ésta, al menos. Pero quiero vivir aquí, quiero que ésta casa sea habitada por personas felices de una vez por todas, en vez de por una familia fanática de las ideas de Voldemort cuyos miembros amaban más a su propio linaje que a ellos mismos, y que desheredaban a todos aquellos que se saliesen del molde.
“Así que, a menos que quieras que ésta casa se queme hasta los cimientos, comenzando por tu retrato, guarda silencio. ¿Entendido?
-Sí -respondió Walburga con un hilo de voz.
-Y diles a los demás retratos que lo mismo va para ellos.
viernes, 31 de agosto de 2007
Los Malfoy y Snape
Continuación de La cena en el Gran Salón.
Todos los personajes son de J. K. Rowling.
A continuación, Kingsley se puso de pie y dijo:
-A quienes deseen seguir celebrando la victoria, les aconsejo que salgan al exterior del castillo, donde George Weasley ofrecerá un espectáculo de fuegos artificiales en honor a su hermano Fred y los demás caídos en la guerra. Les aseguro que son los mejores que verán en sus vidas.
La mayoría de los comensales siguió el consejo del ministro, a excepción de unos pocos. Entre ellos estaban los Malfoy.
-¿Qué hacemos ahora? -preguntó Draco a sus padres.
Lucius no respondió, sumido en sus pensamientos. Narcisa, en cambio, dijo rápidamente:
-Volver a la Mansión, por supuesto. No tenemos nada que temer.
-Pero seguramente el Ministerio querrá ajustar cuentas con nosotros por lo que hicimos a órdenes del Señor…
-Lo mejor es no llamarlo así donde puedan escucharnos, hijo -lo interrumpió Narcisa-. Dile “Ryddle” o “el Innombrable”. Mira, Draco, Potter me debe un favor enorme, sin mí él hubiese muerto en el Bosque Prohibido, y Ryddle no habría podido ser derrotado. Él se asegurará de que no terminemos en Azkaban. Pero debemos actuar como lo que somos: una familia mágica antigua y respetable. Los del Ministerio esperarán que mantengamos un bajo perfil, quizá que nos vayamos al extranjero. No debemos darles el gusto.
-Está bien, entonces regresemos a la Mansión. Pero tendremos que limpiar todas las evidencias del paso de Ryddle y los demás Mortífagos -dijo Draco.
-Nos ocuparemos de eso cuando estemos allá. Por ahora la prioridad es irnos el castillo antes de que alguien se acuerde de nosotros. Aprovechemos los fuegos artificiales de Weasley para salir de los terrenos de Hogwarts y Desaparecernos.
Liderados por Narcisa, los Malfoy se dirigieron a la salida, pero pronto oyeron una voz.
-Un momento, por favor.
Se volvieron y, para su sorpresa, encontraron a Harry Potter observándolos. Estaba claro que había escuchado toda o casi toda la conversación.
-Imagino que antes de irte, Draco, querrás que te devuelva esto -dijo mientras le tendía su varita-. Ahora podrás devolverle su varita a tu madre.
-De acuerdo, Potter… Gracias.
-No, Draco, gracias a ti. Involuntariamente, fuiste clave para que Ryddle muriese.
Draco no supo qué responder, pero Harry no esperaba respuesta alguna. Se volvió hacia Narcisa:
-A usted también quiero darle las gracias, señora Malfoy. Fue muy valiente al mentirle a Ryddle.
-Hice lo que tenía que hacer para proteger a mi hijo, Potter -respondió Narcisa con un poco de arrogancia.
-Y supongo -añadió Harry con un poco de ironía- que debería agradecerle también a usted, señor Malfoy. De no haber sido por su astuto plan para perjudicar a Arthur Weasley, yo no hubiese podido destruir el diario de Ryddle en mi segundo año en Hogwarts.
Como toda respuesta, Lucius gruñó.
Luego Harry volvió a dirigirse a Draco:
-Draco, estoy seguro de que tú y yo jamás seremos amigos. Han pasado demasiadas cosas entre nosotros desde aquel día en el Expreso de Hogwarts en el que yo rechacé tu amistad como para que podamos reconciliarnos. Pero me gustaría, al menos, una tregua entre nosotros. Imagino que después del verano querrás hacer tu séptimo año, como yo, y no será un año fácil para ninguno de los dos. Pero será un poco menos difícil sin ésta rivalidad entre tú y yo. ¿Estás de acuerdo?
Sin mirarlo a los ojos, Draco respondió:
-Sí, Potter.
-Dame la mano entonces.
Y con un apretón de manos, Harry Potter y Draco Malfoy pusieron fin a su enemistad. Desde esa noche, ninguno de los dos volvió a insultar o a burlarse del otro; de hecho, a partir de esa noche Draco y Harry intercambiaron muy pocas palabras, al menos hasta que sus hijos se conocieron y se hicieron amigos en Hogwarts.
Después de despedirse de los Malfoy, Harry salió del castillo, aunque no para ver los fuegos artificiales. Quería hablar con el nuevo ministro de la Magia.
Shacklebolt estaba parado junto a McGonagall, Slughorn, Sprout y Flitwick, observando el espectáculo de George.
-Kingsley, ¿podría robarte unos minutos?
-Por supuesto, Harry.
Harry y el ministro volvieron a entrar en Hogwarts y se detuvieron en uno de los pasillos, lejos de las luces y los ruidos del exterior.
-¿Qué necesitas?
-Quisiera saber qué se ha hecho con los cuerpos.
-Los de aquellos que tenían familiares que los reclamasen, los entregamos a ellos. Los que no tenían, los sepultaremos en Hogsmeade.
-¿Han encontrado el de Severus Snape?
-Sí, envié a un par de Aurores a la Casa de los Gritos a recuperarlo.
-¿No tiene parientes vivos?
-No, era hijo único y sus padres murieron hace muchos años.
-Entonces me gustaría ocuparme yo mismo de su entierro.
-¿Qué planes tienes?
-Quiero enterrarlo en el Valle de Godric, junto a mi madre.
-Bueno, será necesario bastante papeleo para lograrlo, pero no es imposible. Yo me ocuparé.
-Muchas gracias, ministro. De paso, ¿qué se hizo con el de Bellatrix Lestrange?
-Se lo dimos a su hermana Narcisa. Creo que lo enterrará en el panteón de los Malfoy, cerca de su mansión.
Harry arrugó el ceño pero no hizo ningún comentario. Él y Shacklebolt salieron nuevamente fuera del castillo y, antes de volver a unirse a los profesores de Hogwarts, el ministro le preguntó:
-¿Vas a pasar la noche con los Weasley en la Madriguera?
-No, iré a Grimmauld Place. Necesito estar un tiempo a solas.
A continuación, Kingsley se puso de pie y dijo:
-A quienes deseen seguir celebrando la victoria, les aconsejo que salgan al exterior del castillo, donde George Weasley ofrecerá un espectáculo de fuegos artificiales en honor a su hermano Fred y los demás caídos en la guerra. Les aseguro que son los mejores que verán en sus vidas.
La mayoría de los comensales siguió el consejo del ministro, a excepción de unos pocos. Entre ellos estaban los Malfoy.
-¿Qué hacemos ahora? -preguntó Draco a sus padres.
Lucius no respondió, sumido en sus pensamientos. Narcisa, en cambio, dijo rápidamente:
-Volver a la Mansión, por supuesto. No tenemos nada que temer.
-Pero seguramente el Ministerio querrá ajustar cuentas con nosotros por lo que hicimos a órdenes del Señor…
-Lo mejor es no llamarlo así donde puedan escucharnos, hijo -lo interrumpió Narcisa-. Dile “Ryddle” o “el Innombrable”. Mira, Draco, Potter me debe un favor enorme, sin mí él hubiese muerto en el Bosque Prohibido, y Ryddle no habría podido ser derrotado. Él se asegurará de que no terminemos en Azkaban. Pero debemos actuar como lo que somos: una familia mágica antigua y respetable. Los del Ministerio esperarán que mantengamos un bajo perfil, quizá que nos vayamos al extranjero. No debemos darles el gusto.
-Está bien, entonces regresemos a la Mansión. Pero tendremos que limpiar todas las evidencias del paso de Ryddle y los demás Mortífagos -dijo Draco.
-Nos ocuparemos de eso cuando estemos allá. Por ahora la prioridad es irnos el castillo antes de que alguien se acuerde de nosotros. Aprovechemos los fuegos artificiales de Weasley para salir de los terrenos de Hogwarts y Desaparecernos.
Liderados por Narcisa, los Malfoy se dirigieron a la salida, pero pronto oyeron una voz.
-Un momento, por favor.
Se volvieron y, para su sorpresa, encontraron a Harry Potter observándolos. Estaba claro que había escuchado toda o casi toda la conversación.
-Imagino que antes de irte, Draco, querrás que te devuelva esto -dijo mientras le tendía su varita-. Ahora podrás devolverle su varita a tu madre.
-De acuerdo, Potter… Gracias.
-No, Draco, gracias a ti. Involuntariamente, fuiste clave para que Ryddle muriese.
Draco no supo qué responder, pero Harry no esperaba respuesta alguna. Se volvió hacia Narcisa:
-A usted también quiero darle las gracias, señora Malfoy. Fue muy valiente al mentirle a Ryddle.
-Hice lo que tenía que hacer para proteger a mi hijo, Potter -respondió Narcisa con un poco de arrogancia.
-Y supongo -añadió Harry con un poco de ironía- que debería agradecerle también a usted, señor Malfoy. De no haber sido por su astuto plan para perjudicar a Arthur Weasley, yo no hubiese podido destruir el diario de Ryddle en mi segundo año en Hogwarts.
Como toda respuesta, Lucius gruñó.
Luego Harry volvió a dirigirse a Draco:
-Draco, estoy seguro de que tú y yo jamás seremos amigos. Han pasado demasiadas cosas entre nosotros desde aquel día en el Expreso de Hogwarts en el que yo rechacé tu amistad como para que podamos reconciliarnos. Pero me gustaría, al menos, una tregua entre nosotros. Imagino que después del verano querrás hacer tu séptimo año, como yo, y no será un año fácil para ninguno de los dos. Pero será un poco menos difícil sin ésta rivalidad entre tú y yo. ¿Estás de acuerdo?
Sin mirarlo a los ojos, Draco respondió:
-Sí, Potter.
-Dame la mano entonces.
Y con un apretón de manos, Harry Potter y Draco Malfoy pusieron fin a su enemistad. Desde esa noche, ninguno de los dos volvió a insultar o a burlarse del otro; de hecho, a partir de esa noche Draco y Harry intercambiaron muy pocas palabras, al menos hasta que sus hijos se conocieron y se hicieron amigos en Hogwarts.
Después de despedirse de los Malfoy, Harry salió del castillo, aunque no para ver los fuegos artificiales. Quería hablar con el nuevo ministro de la Magia.
Shacklebolt estaba parado junto a McGonagall, Slughorn, Sprout y Flitwick, observando el espectáculo de George.
-Kingsley, ¿podría robarte unos minutos?
-Por supuesto, Harry.
Harry y el ministro volvieron a entrar en Hogwarts y se detuvieron en uno de los pasillos, lejos de las luces y los ruidos del exterior.
-¿Qué necesitas?
-Quisiera saber qué se ha hecho con los cuerpos.
-Los de aquellos que tenían familiares que los reclamasen, los entregamos a ellos. Los que no tenían, los sepultaremos en Hogsmeade.
-¿Han encontrado el de Severus Snape?
-Sí, envié a un par de Aurores a la Casa de los Gritos a recuperarlo.
-¿No tiene parientes vivos?
-No, era hijo único y sus padres murieron hace muchos años.
-Entonces me gustaría ocuparme yo mismo de su entierro.
-¿Qué planes tienes?
-Quiero enterrarlo en el Valle de Godric, junto a mi madre.
-Bueno, será necesario bastante papeleo para lograrlo, pero no es imposible. Yo me ocuparé.
-Muchas gracias, ministro. De paso, ¿qué se hizo con el de Bellatrix Lestrange?
-Se lo dimos a su hermana Narcisa. Creo que lo enterrará en el panteón de los Malfoy, cerca de su mansión.
Harry arrugó el ceño pero no hizo ningún comentario. Él y Shacklebolt salieron nuevamente fuera del castillo y, antes de volver a unirse a los profesores de Hogwarts, el ministro le preguntó:
-¿Vas a pasar la noche con los Weasley en la Madriguera?
-No, iré a Grimmauld Place. Necesito estar un tiempo a solas.
martes, 28 de agosto de 2007
La cena en el Gran Salón
Éste relato trascurre antes de Albus en Hogwarts y Reunión de profesores, pero no hace falta leerlos en el orden cronológico. Me gusta la idea de narrar lo que hizo Harry inmediatamente después de la muerte de Voldemort paralelamente con lo que hizo su hijo Albus en Hogwarts. Espero que les guste.
(Disclaimer: todos los personajes son de J. K. Rowling)
La cena en el Gran Salón, en el día de la derrota de Lord Voldemort, fue considerada histórica por todos los presentes, principalmente por el discurso de Harry Potter. Harry, Ron y Hermione se sentaron en la mesa de los profesores, ocupando los asientos pertenecientes a los Carrow y a Snape. Después de una hora en la cual las cientos de personas que asistieron al banquete comieron y bebieron a gusto, el ministro Shacklebolt se puso de pie y comenzó su discurso, utilizando el mismo hechizo para amplificar su voz que Lord Voldemort había empleado horas antes:
-Espero que la cena haya sido de su agrado. Esta noche celebramos algo que no hemos gozado del todo desde hace 30 años o más: la paz. Pues desde que Tom Sorvolo Ryddle inició su sangrienta guerra para “purificar” el mundo mágico, los magos y brujas de Gran Bretaña y del mundo hemos vivido aterrorizados por sus ataques. Incluso entre 1981 y 1994, cuando creíamos que Ryddle había desaparecido para siempre, seguíamos temiéndolo y no osábamos decir su nombre (o más bien el nombre que él mismo se inventó, “Lord Voldemort”, pues su nombre real era Tom Ryddle).
“Hoy podemos decir que no tenemos miedo, magos y brujas. Ryddle ha muerto definitivamente, y frente a nuestros ojos. Su cuerpo ha sido cremado, sus cenizas descansan en fondo del lago. No volverá para ponerse al frente de sus “Mortífagos”. La muerte, que es lo que ese mago tan terrible y poderoso más temía, lo ha alcanzado.
“Esto ha sido posible gracias a los esfuerzos de todos los magos y brujas de Gran Bretaña que no lo apoyaron en su cruzada maligna. Y todos serán recompensados en mayor o menor medida. Pero hay alguien a quien podemos llamar, sin temor a equivocarnos, el vencedor de Tom Ryddle: Harry James Potter.
El ministro se volvió hacia Harry y, con una gran sonrisa, le dijo:
-Harry, quiero agradecerte en nombre de todos los magos y brujas de Gran Bretaña y del mundo, y en nombre de todos los muggles que, sin saberlo, hubieran sido víctimas del régimen de Tom Ryddle. Y también en nombre de todos los hombres y mujeres (sin importar que fuesen magos o muggles) que fueron sus víctimas, personas maravillosas cuyas vidas fueron brutalmente segadas por Ryddle y sus seguidores. En nombre de todos ellos, te doy las gracias.
Un aplauso estruendoso inundó el Gran Salón. Todos los presentes se pusieron de pie y aplaudieron con entusiasmo a Harry Potter, mientras él sonreía, agradecía y se sonrojaba.
Después de unos minutos, el aplauso amainó. Shacklebolt dijo:
-Nuestra lucha no termina, magos y brujas. Muchos Mortífagos consiguieron escapar y probablemente continuarán luchando por destruir nuestro mundo, nuestra forma de vida. Pero serán vencidos, pues lo único que los unía era el poder de Tom Ryddle. Muerto él, su causa está perdida. En cambio, nuestra causa no depende de una persona, nuestra causa es la de cada mago o bruja dispuesto a defenderla. ¡Nuestra causa vencerá!
Una segunda ola de aplausos, tan larga y ruidosa como la anterior, volvió a llenar el salón.
-Concluyo éste discurso pidiéndoles que recuerden a todos los que fallecieron para que éste día llegase. Ellos nos acompañan, se los aseguro. Sus espíritus están tan felices como nosotros por la victoria. Ellos también ocuparán un lugar importantísimo en un nuevo mundo que construiremos juntos.
“Ahora Harry Potter dirá unas palabras. Escúchenlo con mucha atención. Ven aquí, Harry.
Harry se puso de pie y se acercó hasta donde estaba Shacklebolt. Ambos se fundieron en un estrecho abrazo, y luego el ministro volvió a su asiento. Harry, visiblemente nervioso pero decidido a cumplir su rol, se aclaró la garganta y dijo:
-Buenas noches a todos. En primer lugar, quiero agradecer a todos aquellos que dieron lo más valioso que poseían en la lucha contra Tom Ryddle: sus vidas. Quiero dar las gracias a mis padres, que murieron intentando protegerme de Ryddle hace 17 años; a Cedric Diggory, que murió hace casi 4 años cuando Ryddle recuperó su cuerpo; a mi padrino Sirius Black, asesinado por Bellatrix Lestrange hace 3 años en el Departamento de Misterios; a Albus Dumbledore -un tercer aplauso estalló, y Harry debió esperar unos minutos para continuar con su discurso-, el único mago a quien Ryddle tenía miedo, que murió el año pasado a manos de Severus Snape, en circunstancias de las que hablaré en más detalle más tarde; a Alastor Moody, asesinado por el propio Ryddle el año pasado; al elfo doméstico Dobby, quien nos ayudó a mí, a Ron Weasley, Hermione Granger y a otros prisioneros a escapar de la Mansión Malfoy, donde éramos prisioneros de los Mortífagos y donde seguramente hubiésemos muerto, pero que fue asesinado por Bellatrix Lestrange. Al ministro Rufus Scrimgeour, que fue torturado por los Mortífagos hasta la muerte por negarse a revelar mi paradero; pese a que tuvimos muchísimas diferencias, él dio su vida para protegerme, y le doy las gracias. A Ted Tonks, asesinado por Merodeadores hace unos meses por el “crimen” de ser hijo de muggles. A Remus y Nymphadora Lupin, que murieron combatiendo a Antonin Dolohov y Bellatrix Lestrange. A Fred Weasley, que también murió en la batalla, justo después de reconciliarse con su hermano Percy. A Colin Creevey, un joven mago hijo de muggles que eligió volver a Hogwarts para luchar contra los Mortífagos, y pagó el precio de su enorme valentía. A Regulus Black, que murió intentando destruir uno de los Horrocruxes de Tom Ryddle. Y a todos los magos y brujas que olvidé mencionar. A todos ellos les agradezco: ellos fueron los verdaderos héroes.
“También quiero agradecer a Severus Snape. El profesor Snape fue un Mortífago, pero siempre fue secretamente leal a Albus Dumbledore y a la Orden del Fénix, y trabajó para vencer a Tom Ryddle hasta el momento de su muerte. Explicaré esto más adelante, pero por ahora sólo quiero darle las gracias.
“En éste momento, muchos deben estar preguntándose cómo llegamos aquí. Es imposible comprender la locura destructiva de Tom Ryddle, eso es algo que sólo Ryddle podría explicar. Pero sí podemos comprender cómo Ryddle llegó a ser tan poderoso como para arrastrarnos a ésta maldita guerra.
“La historia comienza a mediados de los años ’20. En el pueblo de Pequeño Hangleton vivía un mago llamado Sorvolo Gaunt con sus hijos Morfin y Mérope. También vivía allí un atractivo muggle llamado Tom Ryddle, de quien Mérope estaba enamorada. No obstante, los Gaunt no eran la clase de familia que tolerase las uniones entre brujas y muggles. Ellos descendían nada más y nada menos que de Salazar Slytherin, y durante generaciones habían intentado mantener su sangre pura casándose sólo con sus primos. De modo que Morfin Gaunt castigó a su hermana por su pasión prohibida atacando a Ryddle. Los oficiales del Ministerio le borraron la memoria y arrestaron a Morfin por el ataque, llevándose consigo también a Sorvolo, quién opuso resistencia a la detención de su hijo. Mérope se quedó sola, y pudo dar rienda suelta libremente a su pasión por Tom Ryddle.
“Por medio de una poción de amor, Mérope sedujo a Ryddle y logró que éste se casara con ella y se fugasen juntos de Pequeño Hangleton. Al poco tiempo ella quedó encinta, y dejó de administrarle la poción a Ryddle, quizá creyendo que se había enamorado de ella o que al menos se quedaría a su lado por el bien de su hijo; no obstante, se equivocó: Ryddle la abandonó en un abrir y cerrar de ojos apenas se libró de los efectos de la poción. Deprimida, en la Nochevieja de 1926 Mérope dio a luz a su hijo en un orfanato muggle, y murió poco después, habiendo alcanzado apenas a pedir que bautizasen a su hijo Tom por su padre y Sorvolo por su abuelo materno.
“Tom Sorvolo Ryddle creció en el orfanato, y no solo desarrolló sus poderes mágicos desde temprana edad sino que logró ejercer un gran control sobre ellos, utilizándolos para atormentar a otros niños del orfanato. Al cumplir 11 años, Albus Dumbledore fue enviado para revelarle al joven Tom que él era un mago y que podía asistir, si lo deseaba a Hogwarts. Por supuesto Ryddle accedió y fue estudiante en Hogwarts entre 1938 y 1945. En esos años reunió en torno suyo a un grupo de estudiantes, la mayoría de ellos miembros de la Casa de Slytherin, sobre los cuales ejercía una enorme influencia y muchos de los cuales terminaron convirtiéndose en Mortífagos años después. Entre ellos, Ryddle utilizaba el nombre de Lord Voldemort (como muchos deben haber deducido, ‘Soy Lord Voldemort’ es un anagrama de ‘Tom Sorvolo Ryddle’).
“En 1943, Ryddle descubrió su propia identidad. Viajó a Pequeño Hangleton y conoció a su tío Morfin (Sorvolo había muerto años atrás), quien le reveló la historia de su hermana Mérope con Tom Ryddle. Ryddle entonces mató a su padre y sus abuelos muggles y alteró la memoria de su tío Morfin para que él confesara los asesinatos. También le robó a su tío el anillo de la familia Gaunt, que antes había pertenecido a Sorvolo. Morfin murió años después en Azkaban.
“Ese mismo año, Ryddle abrió la Cámara Secreta en Hogwarts, liberando al basilisco encerrado adentro por su antepasado Salazar Slytherin. El monstruo atacó y mató a una estudiante hija de muggles, que hoy sigue habitando los baños de Hogwarts como fantasma y es conocida como Myrtle la Llorona. La muerte de Myrtle asustó a las autoridades de Hogwarts, que decidieron cerrar el colegio. Como Ryddle no quería tener que quedarse en el orfanato muggle, decidió volver a cerrar la Cámara y acusó a Rubeus Hagrid, que entonces era estudiante de segundo año en el colegio, de ser el responsable de la muerte de Myrtle. Como Hagrid tenía una acromántula en el castillo, todos supusieron que había sido ella la responsable, y se castigó a Hagrid con la destrucción de su varita y su expulsión del colegio, pero Dumbledore utilizó su influencia para permitir que se quedase en Hogwarts como guardabosque.
“En su quinto año en Hogwarts, Ryddle se obsesionó con la posibilidad de alcanzar la inmortalidad. Después de varias investigaciones, él descubrió la existencia de los Horrocruxes, objetos en donde una persona puede guardar una porción de su alma. Para poder fabricar uno, hace falta desgarrar la propia alma mediante un asesinato, el acto más maligno que existe.
Harry miró a Slughorn, que se removía incómodo en su asiento, quizá temiendo que su nombre estuviese por ser nombrado, y le sonrió tranquilizadoramente. Su secreto estaba a salvo.
-Ryddle -continuó Harry- quería crear seis Horrocruxes, de modo que su alma quedase dividida en siete partes (él creía que el número 7 tenía un poder talismánico irresistible), aunque terminó creando siete Horrocruxes.
“El primer Horrocrux fue su diario íntimo. Ryddle lo creó tras la muerte de Myrtle la Llorona. También fue el primero en ser destruido: Ryddle se lo entregó a Lucius Malfoy sin revelarle lo que era realmente, creyendo que Malfoy se limitaría a esconderlo. Pero tras su caída, Malfoy creyó que Ryddle había muerto y decidió utilizar el diario para su propio beneficio. En 1992 colocó el diario en la mochila de Ginny Weasley, esperando que el espíritu residente en él la poseyera. Efectivamente eso sucedió, y Ginny, bajo su influencia, abrió la Cámara Secreta nuevamente. Por suerte, el basilisco no llegó a matar a nadie en esa ocasión, y yo logré matarlo con la ayuda del fénix Fawkes y de la espada de Gryffindor. Luego clavé uno de los colmillos del basilisco en el diario y, sin saberlo, destruí ese primer fragmento del alma de Ryddle.
Harry dijo todo esto en un tono monocorde, enumerando los impresionantes acontecimientos sin ninguna inflexión en su voz. No quería narrar sus aventuras, sino que la gente comprendiera aquella larga y extraña historia.
-El segundo Horrocrux fue el anillo de los Gaunt; Ryddle puso una porción de su alma en él tras asesinar a su padre. Más tarde lo escondió en las ruinas de la cabaña donde habían vivido los Gaunt, en Pequeño Hangleton. En 1996 Albus Dumbledore lo encontró y lo destruyó utilizando la espada de Gryffindor, pero la maldición que contenía dañó severamente su mano y lo hubiese terminado matando de no haber muerto a manos de Severus Snape. Recuerden ese detalle, por favor.
“El tercer Horrocrux fue el relicario de Salazar Slytherin. Éste había pertenecido a los Gaunt, pero había sido vendido a Borgin & Burkes por su madre Mérope en un momento de necesidad, y luego había ido a parar a manos de una anciana bruja llamada Hepzibah Smith. Ryddle la envenenó (hizo que el Ministerio creyese que la vieja elfina doméstica de Hepzibah, Hokey, la había envenenado por accidente) y le robó el relicario, al que convirtió en Horrocrux tras matar a un pescador muggle. Ryddle luego escondió el relicario en una cueva marina que había visitado cuando era niño, protegido por distintos sortilegios. Por causalidad, el Mortífago Regulus Black descubrió la existencia de ese Horrocrux y logró sacarlo de la cueva con la ayuda de su elfo doméstico Kreacher, pero él mismo murió a manos de los Inferi que Ryddle puso allí para protegerlo. Kreacher intentó durante años destruir el relicario pero no lo logró. Luego el Horrocrux fue robado por Mundungus Fletcher y vendido a Dolores Umbridge. Hermione Granger, Ron Weasley y yo logramos infiltrarnos en el Ministerio de la Magia y quitárselo. Severus Snape más tarde utilizó su Patronus para guiarnos al lugar donde estaba la espada de Gryffindor, y Ron la usó para destruir el relicario.
“Otro objeto que Ryddle robó a Hepzibah Smith fue una copa perteneciente a la antepasada de ella, Helga Hufflepuff. Ryddle la convirtió en su cuarto Horrocrux con la muerte de Hepzibah y se la entregó a sus más fieles seguidores, Rodolphus y Bellatrix Lestrange, para que la guardasen en su bóveda en Gringotts. Ron, Hermione y yo, con la ayuda del duende Griphook, logramos penetrar en la bóveda y robar la copa. Más tarde, en Hogwarts, Ron y Hermione entraron en la Cámara Secreta, y Hermione utilizó uno de los colmillos del basilisco para destruir la copa.
“El quinto Horrocrux era la diadema de Rowena Ravenclaw, robada por su hija Helena siglos atrás y escondida en Albania. El espíritu de Helena no es otro que la Dama Gris, fantasma de la Casa de Ravenclaw. Ryddle utilizó sus encantos para lograr que Helena le revelase el lugar donde había escondido la diadema de su madre, y luego viajó a Albania, mató a un campesino y utilizó ese asesinato para convertir la diadema en Horrocrux. Más tarde la escondió nada más y nada menos que en la Sala Multipropósito, en Hogwarts. Ron, Hermione y yo la encontramos y estábamos a punto de destruirla cuando nos interrumpieron Draco Malfoy, Vincent Crabbe y Gregory Goyle. Crabbe intentó matarnos utilizando el Fuego Maldito, pero lo único que consiguió fue destruir la diadema y morir quemado vivo -concluyó Harry con desprecio mal disimulado.
-El sexto Horrocrux fue la serpiente que Ryddle tenía como mascota, Nagini. Para crearla, Ryddle utilizó la muerte de Bertha Jorkins, una empleada del Ministerio a quien Ryddle y Peter Pettigrew secuestraron y asesinaron en 1994. Todos sabemos cómo fue destruida, pues Neville Longbottom la decapitó con la espada de Gryffindor frente al propio Ryddle.
El público, que había guardado silencio hasta ese momento, aplaudió calurosamente a Neville, quien dio las gracias con su timidez habitual. Una vez que los aplausos fueron amainando, Harry cambió su sonrisa en una expresión más seria.
-El séptimo Horrocrux de Tom Ryddle era yo.
“Como muchos de ustedes deben saber, mi madre Lily murió intentando protegerme de Ryddle cuando yo era bebé. Lo que casi nadie debe saber es por qué Ryddle intentó matarme.
“En 1979, Albus Dumbledore entrevistó a Sibyll Trelawney, aspirante al puesto de profesora de Adivinación en Hogwarts, en la taberna Cabeza de Cerdo. Durante esa entrevista, Trelawney cayó en un trance profético y predijo que “quien tiene el poder para destruir al Señor de las Tinieblas” nacería a fines de julio del año siguiente, hijo de “quienes lo desafiaron tres veces”, que “el Señor de las Tinieblas lo marcaría como su igual”, pero que “él conocería un poder que el Señor de las Tinieblas desconoce”, y que “ninguno podrá vivir mientras el otro viva”. Severus Snape, entonces trabajando como espía a ordenes de Ryddle, le informó a su amo de lo que había oído, y Ryddle decidió que quien se ajustaba a los términos de la profecía era yo mismo, pues nací el 31 de julio y era hijo de un mago y una bruja que lucharon contra él desde el comienzo, en la Orden del Fénix.
“Ryddle no había contado con una cosa: que Snape había sido amigo de la infancia de mi madre y que… estaba enamorado de ella. Cuando Snape supo que Ryddle había decidido matarme y que por ende tanto mi vida como la de mi madre corrían riesgo, cambió de bando y se puso al servicio de Dumbledore, revelándole las intenciones de su amo. Dumbledore intentó protegernos mediante un encantamiento Fidelius; mis padres hubiesen elegido como Guardián del Secreto a su amigo Sirius Black, pero él los convenció de darle esa responsabilidad a Peter Pettigrew. Pero Pettigrew traicionó a mis padres y le reveló a Ryddle su paradero, lo cual le permitió atacarlos. Mi padre fue el primero en morir, y Ryddle luego intentó convencer a mi madre de apartarse para que él pudiese matarme (Snape le había pedido que no la matase de ser posible), pero ella se negó. Ryddle entonces la asesinó, pero olvidó algo muy importante: al morir para salvarme, ella me había dado una protección mágica muy poderosa. De modo que cuando me lanzó el Avada Kedavra, la maldición rebotó e hizo blanco en él.
“En ese momento, algo extraordinario y sin precedentes ocurrió. El alma de Ryddle se dividió nuevamente, y un fragmento fue a parar en mí. De allí provino la conexión que siempre existió entre él y yo, y el hecho de que yo tuviese algunos de sus poderes, como la habilidad de hablar pársel.
“El fragmento del alma de Ryddle residente en mí fue destruido anoche, magos y brujas, por el propio Ryddle. Yo me enteré de mi propio carácter de Horrocrux gracias a Snape, que me permitió ver sus recuerdos antes de morir, y cuando supe la verdad decidí dejar que Ryddle me matase, para así terminar la destrucción de los Horrocruxes y dejar a Ryddle como un simple mortal.
La revelación generó una ola de susurros en el Gran Salón, pero Harry continuó con su relato.
-Lo que sucedió entonces, ni siquiera yo lo comprendo del todo. Lo único que es seguro es que el Avada Kedavra que Tom Ryddle me lanzó no logró matarme, pero destruyó el fragmento de su alma que había en mí.
“No creo que haga falta que les explique cómo murió Ryddle, todos lo vieron. Lo último que les contaré es lo que se refiere a la muerte de Albus Dumbledore. El director, como conté antes, estaba agonizando por culpa del hechizo que contenía el Horrocrux de Ryddle. Sabiendo que Ryddle le había encargado a Draco Malfoy la misión de matarlo, arregló las cosas de modo que quien lo terminase matando fuese Severus Snape. No fue un asesinato, magos y brujas, pues Dumbledore y Snape ya lo habían concertado de antemano.
“Snape, como conté antes, nos reveló a Ron, Hermione y yo la ubicación de la espada de Gryffindor, con la que conseguimos destruir el relicario de Slytherin. También, durante su período como director, intentó contener a los Carrow y evitar que matasen alumnos, como le había pedido Dumbledore que hiciera en caso de que la escuela cayese en manos de los Mortífagos. Fue un héroe, magos y brujas, aunque no un héroe perfecto. Los héroes no están hechos de bronce y mármol, sino de carne y hueso, cometen errores y tienen debilidades. Y Severus Snape fue probablemente el héroe más humano, más imperfecto de la historia mágica. Pero debe ser recordado y sus acciones deben ser agradecidas. Por eso pido un aplauso para Severus Snape, director de Hogwarts.
Una nueva ola de aplausos, tan entusiasta como la antes dedicada a Albus Dumbledore, se produjo. Cuando terminaron, Harry dijo:
-Y eso es todo, amigos y amigas. Quiero darles las gracias por escucharme con tanta paciencia. Espero que recuerden éste discurso para poder contarles a sus hijos la verdad cuando les pregunten por esta guerra que acaba de terminar. Gracias.
El último aplauso fue el más largo y ruidoso de todos los que marcaron esa memorable cena.
(Disclaimer: todos los personajes son de J. K. Rowling)
La cena en el Gran Salón, en el día de la derrota de Lord Voldemort, fue considerada histórica por todos los presentes, principalmente por el discurso de Harry Potter. Harry, Ron y Hermione se sentaron en la mesa de los profesores, ocupando los asientos pertenecientes a los Carrow y a Snape. Después de una hora en la cual las cientos de personas que asistieron al banquete comieron y bebieron a gusto, el ministro Shacklebolt se puso de pie y comenzó su discurso, utilizando el mismo hechizo para amplificar su voz que Lord Voldemort había empleado horas antes:
-Espero que la cena haya sido de su agrado. Esta noche celebramos algo que no hemos gozado del todo desde hace 30 años o más: la paz. Pues desde que Tom Sorvolo Ryddle inició su sangrienta guerra para “purificar” el mundo mágico, los magos y brujas de Gran Bretaña y del mundo hemos vivido aterrorizados por sus ataques. Incluso entre 1981 y 1994, cuando creíamos que Ryddle había desaparecido para siempre, seguíamos temiéndolo y no osábamos decir su nombre (o más bien el nombre que él mismo se inventó, “Lord Voldemort”, pues su nombre real era Tom Ryddle).
“Hoy podemos decir que no tenemos miedo, magos y brujas. Ryddle ha muerto definitivamente, y frente a nuestros ojos. Su cuerpo ha sido cremado, sus cenizas descansan en fondo del lago. No volverá para ponerse al frente de sus “Mortífagos”. La muerte, que es lo que ese mago tan terrible y poderoso más temía, lo ha alcanzado.
“Esto ha sido posible gracias a los esfuerzos de todos los magos y brujas de Gran Bretaña que no lo apoyaron en su cruzada maligna. Y todos serán recompensados en mayor o menor medida. Pero hay alguien a quien podemos llamar, sin temor a equivocarnos, el vencedor de Tom Ryddle: Harry James Potter.
El ministro se volvió hacia Harry y, con una gran sonrisa, le dijo:
-Harry, quiero agradecerte en nombre de todos los magos y brujas de Gran Bretaña y del mundo, y en nombre de todos los muggles que, sin saberlo, hubieran sido víctimas del régimen de Tom Ryddle. Y también en nombre de todos los hombres y mujeres (sin importar que fuesen magos o muggles) que fueron sus víctimas, personas maravillosas cuyas vidas fueron brutalmente segadas por Ryddle y sus seguidores. En nombre de todos ellos, te doy las gracias.
Un aplauso estruendoso inundó el Gran Salón. Todos los presentes se pusieron de pie y aplaudieron con entusiasmo a Harry Potter, mientras él sonreía, agradecía y se sonrojaba.
Después de unos minutos, el aplauso amainó. Shacklebolt dijo:
-Nuestra lucha no termina, magos y brujas. Muchos Mortífagos consiguieron escapar y probablemente continuarán luchando por destruir nuestro mundo, nuestra forma de vida. Pero serán vencidos, pues lo único que los unía era el poder de Tom Ryddle. Muerto él, su causa está perdida. En cambio, nuestra causa no depende de una persona, nuestra causa es la de cada mago o bruja dispuesto a defenderla. ¡Nuestra causa vencerá!
Una segunda ola de aplausos, tan larga y ruidosa como la anterior, volvió a llenar el salón.
-Concluyo éste discurso pidiéndoles que recuerden a todos los que fallecieron para que éste día llegase. Ellos nos acompañan, se los aseguro. Sus espíritus están tan felices como nosotros por la victoria. Ellos también ocuparán un lugar importantísimo en un nuevo mundo que construiremos juntos.
“Ahora Harry Potter dirá unas palabras. Escúchenlo con mucha atención. Ven aquí, Harry.
Harry se puso de pie y se acercó hasta donde estaba Shacklebolt. Ambos se fundieron en un estrecho abrazo, y luego el ministro volvió a su asiento. Harry, visiblemente nervioso pero decidido a cumplir su rol, se aclaró la garganta y dijo:
-Buenas noches a todos. En primer lugar, quiero agradecer a todos aquellos que dieron lo más valioso que poseían en la lucha contra Tom Ryddle: sus vidas. Quiero dar las gracias a mis padres, que murieron intentando protegerme de Ryddle hace 17 años; a Cedric Diggory, que murió hace casi 4 años cuando Ryddle recuperó su cuerpo; a mi padrino Sirius Black, asesinado por Bellatrix Lestrange hace 3 años en el Departamento de Misterios; a Albus Dumbledore -un tercer aplauso estalló, y Harry debió esperar unos minutos para continuar con su discurso-, el único mago a quien Ryddle tenía miedo, que murió el año pasado a manos de Severus Snape, en circunstancias de las que hablaré en más detalle más tarde; a Alastor Moody, asesinado por el propio Ryddle el año pasado; al elfo doméstico Dobby, quien nos ayudó a mí, a Ron Weasley, Hermione Granger y a otros prisioneros a escapar de la Mansión Malfoy, donde éramos prisioneros de los Mortífagos y donde seguramente hubiésemos muerto, pero que fue asesinado por Bellatrix Lestrange. Al ministro Rufus Scrimgeour, que fue torturado por los Mortífagos hasta la muerte por negarse a revelar mi paradero; pese a que tuvimos muchísimas diferencias, él dio su vida para protegerme, y le doy las gracias. A Ted Tonks, asesinado por Merodeadores hace unos meses por el “crimen” de ser hijo de muggles. A Remus y Nymphadora Lupin, que murieron combatiendo a Antonin Dolohov y Bellatrix Lestrange. A Fred Weasley, que también murió en la batalla, justo después de reconciliarse con su hermano Percy. A Colin Creevey, un joven mago hijo de muggles que eligió volver a Hogwarts para luchar contra los Mortífagos, y pagó el precio de su enorme valentía. A Regulus Black, que murió intentando destruir uno de los Horrocruxes de Tom Ryddle. Y a todos los magos y brujas que olvidé mencionar. A todos ellos les agradezco: ellos fueron los verdaderos héroes.
“También quiero agradecer a Severus Snape. El profesor Snape fue un Mortífago, pero siempre fue secretamente leal a Albus Dumbledore y a la Orden del Fénix, y trabajó para vencer a Tom Ryddle hasta el momento de su muerte. Explicaré esto más adelante, pero por ahora sólo quiero darle las gracias.
“En éste momento, muchos deben estar preguntándose cómo llegamos aquí. Es imposible comprender la locura destructiva de Tom Ryddle, eso es algo que sólo Ryddle podría explicar. Pero sí podemos comprender cómo Ryddle llegó a ser tan poderoso como para arrastrarnos a ésta maldita guerra.
“La historia comienza a mediados de los años ’20. En el pueblo de Pequeño Hangleton vivía un mago llamado Sorvolo Gaunt con sus hijos Morfin y Mérope. También vivía allí un atractivo muggle llamado Tom Ryddle, de quien Mérope estaba enamorada. No obstante, los Gaunt no eran la clase de familia que tolerase las uniones entre brujas y muggles. Ellos descendían nada más y nada menos que de Salazar Slytherin, y durante generaciones habían intentado mantener su sangre pura casándose sólo con sus primos. De modo que Morfin Gaunt castigó a su hermana por su pasión prohibida atacando a Ryddle. Los oficiales del Ministerio le borraron la memoria y arrestaron a Morfin por el ataque, llevándose consigo también a Sorvolo, quién opuso resistencia a la detención de su hijo. Mérope se quedó sola, y pudo dar rienda suelta libremente a su pasión por Tom Ryddle.
“Por medio de una poción de amor, Mérope sedujo a Ryddle y logró que éste se casara con ella y se fugasen juntos de Pequeño Hangleton. Al poco tiempo ella quedó encinta, y dejó de administrarle la poción a Ryddle, quizá creyendo que se había enamorado de ella o que al menos se quedaría a su lado por el bien de su hijo; no obstante, se equivocó: Ryddle la abandonó en un abrir y cerrar de ojos apenas se libró de los efectos de la poción. Deprimida, en la Nochevieja de 1926 Mérope dio a luz a su hijo en un orfanato muggle, y murió poco después, habiendo alcanzado apenas a pedir que bautizasen a su hijo Tom por su padre y Sorvolo por su abuelo materno.
“Tom Sorvolo Ryddle creció en el orfanato, y no solo desarrolló sus poderes mágicos desde temprana edad sino que logró ejercer un gran control sobre ellos, utilizándolos para atormentar a otros niños del orfanato. Al cumplir 11 años, Albus Dumbledore fue enviado para revelarle al joven Tom que él era un mago y que podía asistir, si lo deseaba a Hogwarts. Por supuesto Ryddle accedió y fue estudiante en Hogwarts entre 1938 y 1945. En esos años reunió en torno suyo a un grupo de estudiantes, la mayoría de ellos miembros de la Casa de Slytherin, sobre los cuales ejercía una enorme influencia y muchos de los cuales terminaron convirtiéndose en Mortífagos años después. Entre ellos, Ryddle utilizaba el nombre de Lord Voldemort (como muchos deben haber deducido, ‘Soy Lord Voldemort’ es un anagrama de ‘Tom Sorvolo Ryddle’).
“En 1943, Ryddle descubrió su propia identidad. Viajó a Pequeño Hangleton y conoció a su tío Morfin (Sorvolo había muerto años atrás), quien le reveló la historia de su hermana Mérope con Tom Ryddle. Ryddle entonces mató a su padre y sus abuelos muggles y alteró la memoria de su tío Morfin para que él confesara los asesinatos. También le robó a su tío el anillo de la familia Gaunt, que antes había pertenecido a Sorvolo. Morfin murió años después en Azkaban.
“Ese mismo año, Ryddle abrió la Cámara Secreta en Hogwarts, liberando al basilisco encerrado adentro por su antepasado Salazar Slytherin. El monstruo atacó y mató a una estudiante hija de muggles, que hoy sigue habitando los baños de Hogwarts como fantasma y es conocida como Myrtle la Llorona. La muerte de Myrtle asustó a las autoridades de Hogwarts, que decidieron cerrar el colegio. Como Ryddle no quería tener que quedarse en el orfanato muggle, decidió volver a cerrar la Cámara y acusó a Rubeus Hagrid, que entonces era estudiante de segundo año en el colegio, de ser el responsable de la muerte de Myrtle. Como Hagrid tenía una acromántula en el castillo, todos supusieron que había sido ella la responsable, y se castigó a Hagrid con la destrucción de su varita y su expulsión del colegio, pero Dumbledore utilizó su influencia para permitir que se quedase en Hogwarts como guardabosque.
“En su quinto año en Hogwarts, Ryddle se obsesionó con la posibilidad de alcanzar la inmortalidad. Después de varias investigaciones, él descubrió la existencia de los Horrocruxes, objetos en donde una persona puede guardar una porción de su alma. Para poder fabricar uno, hace falta desgarrar la propia alma mediante un asesinato, el acto más maligno que existe.
Harry miró a Slughorn, que se removía incómodo en su asiento, quizá temiendo que su nombre estuviese por ser nombrado, y le sonrió tranquilizadoramente. Su secreto estaba a salvo.
-Ryddle -continuó Harry- quería crear seis Horrocruxes, de modo que su alma quedase dividida en siete partes (él creía que el número 7 tenía un poder talismánico irresistible), aunque terminó creando siete Horrocruxes.
“El primer Horrocrux fue su diario íntimo. Ryddle lo creó tras la muerte de Myrtle la Llorona. También fue el primero en ser destruido: Ryddle se lo entregó a Lucius Malfoy sin revelarle lo que era realmente, creyendo que Malfoy se limitaría a esconderlo. Pero tras su caída, Malfoy creyó que Ryddle había muerto y decidió utilizar el diario para su propio beneficio. En 1992 colocó el diario en la mochila de Ginny Weasley, esperando que el espíritu residente en él la poseyera. Efectivamente eso sucedió, y Ginny, bajo su influencia, abrió la Cámara Secreta nuevamente. Por suerte, el basilisco no llegó a matar a nadie en esa ocasión, y yo logré matarlo con la ayuda del fénix Fawkes y de la espada de Gryffindor. Luego clavé uno de los colmillos del basilisco en el diario y, sin saberlo, destruí ese primer fragmento del alma de Ryddle.
Harry dijo todo esto en un tono monocorde, enumerando los impresionantes acontecimientos sin ninguna inflexión en su voz. No quería narrar sus aventuras, sino que la gente comprendiera aquella larga y extraña historia.
-El segundo Horrocrux fue el anillo de los Gaunt; Ryddle puso una porción de su alma en él tras asesinar a su padre. Más tarde lo escondió en las ruinas de la cabaña donde habían vivido los Gaunt, en Pequeño Hangleton. En 1996 Albus Dumbledore lo encontró y lo destruyó utilizando la espada de Gryffindor, pero la maldición que contenía dañó severamente su mano y lo hubiese terminado matando de no haber muerto a manos de Severus Snape. Recuerden ese detalle, por favor.
“El tercer Horrocrux fue el relicario de Salazar Slytherin. Éste había pertenecido a los Gaunt, pero había sido vendido a Borgin & Burkes por su madre Mérope en un momento de necesidad, y luego había ido a parar a manos de una anciana bruja llamada Hepzibah Smith. Ryddle la envenenó (hizo que el Ministerio creyese que la vieja elfina doméstica de Hepzibah, Hokey, la había envenenado por accidente) y le robó el relicario, al que convirtió en Horrocrux tras matar a un pescador muggle. Ryddle luego escondió el relicario en una cueva marina que había visitado cuando era niño, protegido por distintos sortilegios. Por causalidad, el Mortífago Regulus Black descubrió la existencia de ese Horrocrux y logró sacarlo de la cueva con la ayuda de su elfo doméstico Kreacher, pero él mismo murió a manos de los Inferi que Ryddle puso allí para protegerlo. Kreacher intentó durante años destruir el relicario pero no lo logró. Luego el Horrocrux fue robado por Mundungus Fletcher y vendido a Dolores Umbridge. Hermione Granger, Ron Weasley y yo logramos infiltrarnos en el Ministerio de la Magia y quitárselo. Severus Snape más tarde utilizó su Patronus para guiarnos al lugar donde estaba la espada de Gryffindor, y Ron la usó para destruir el relicario.
“Otro objeto que Ryddle robó a Hepzibah Smith fue una copa perteneciente a la antepasada de ella, Helga Hufflepuff. Ryddle la convirtió en su cuarto Horrocrux con la muerte de Hepzibah y se la entregó a sus más fieles seguidores, Rodolphus y Bellatrix Lestrange, para que la guardasen en su bóveda en Gringotts. Ron, Hermione y yo, con la ayuda del duende Griphook, logramos penetrar en la bóveda y robar la copa. Más tarde, en Hogwarts, Ron y Hermione entraron en la Cámara Secreta, y Hermione utilizó uno de los colmillos del basilisco para destruir la copa.
“El quinto Horrocrux era la diadema de Rowena Ravenclaw, robada por su hija Helena siglos atrás y escondida en Albania. El espíritu de Helena no es otro que la Dama Gris, fantasma de la Casa de Ravenclaw. Ryddle utilizó sus encantos para lograr que Helena le revelase el lugar donde había escondido la diadema de su madre, y luego viajó a Albania, mató a un campesino y utilizó ese asesinato para convertir la diadema en Horrocrux. Más tarde la escondió nada más y nada menos que en la Sala Multipropósito, en Hogwarts. Ron, Hermione y yo la encontramos y estábamos a punto de destruirla cuando nos interrumpieron Draco Malfoy, Vincent Crabbe y Gregory Goyle. Crabbe intentó matarnos utilizando el Fuego Maldito, pero lo único que consiguió fue destruir la diadema y morir quemado vivo -concluyó Harry con desprecio mal disimulado.
-El sexto Horrocrux fue la serpiente que Ryddle tenía como mascota, Nagini. Para crearla, Ryddle utilizó la muerte de Bertha Jorkins, una empleada del Ministerio a quien Ryddle y Peter Pettigrew secuestraron y asesinaron en 1994. Todos sabemos cómo fue destruida, pues Neville Longbottom la decapitó con la espada de Gryffindor frente al propio Ryddle.
El público, que había guardado silencio hasta ese momento, aplaudió calurosamente a Neville, quien dio las gracias con su timidez habitual. Una vez que los aplausos fueron amainando, Harry cambió su sonrisa en una expresión más seria.
-El séptimo Horrocrux de Tom Ryddle era yo.
“Como muchos de ustedes deben saber, mi madre Lily murió intentando protegerme de Ryddle cuando yo era bebé. Lo que casi nadie debe saber es por qué Ryddle intentó matarme.
“En 1979, Albus Dumbledore entrevistó a Sibyll Trelawney, aspirante al puesto de profesora de Adivinación en Hogwarts, en la taberna Cabeza de Cerdo. Durante esa entrevista, Trelawney cayó en un trance profético y predijo que “quien tiene el poder para destruir al Señor de las Tinieblas” nacería a fines de julio del año siguiente, hijo de “quienes lo desafiaron tres veces”, que “el Señor de las Tinieblas lo marcaría como su igual”, pero que “él conocería un poder que el Señor de las Tinieblas desconoce”, y que “ninguno podrá vivir mientras el otro viva”. Severus Snape, entonces trabajando como espía a ordenes de Ryddle, le informó a su amo de lo que había oído, y Ryddle decidió que quien se ajustaba a los términos de la profecía era yo mismo, pues nací el 31 de julio y era hijo de un mago y una bruja que lucharon contra él desde el comienzo, en la Orden del Fénix.
“Ryddle no había contado con una cosa: que Snape había sido amigo de la infancia de mi madre y que… estaba enamorado de ella. Cuando Snape supo que Ryddle había decidido matarme y que por ende tanto mi vida como la de mi madre corrían riesgo, cambió de bando y se puso al servicio de Dumbledore, revelándole las intenciones de su amo. Dumbledore intentó protegernos mediante un encantamiento Fidelius; mis padres hubiesen elegido como Guardián del Secreto a su amigo Sirius Black, pero él los convenció de darle esa responsabilidad a Peter Pettigrew. Pero Pettigrew traicionó a mis padres y le reveló a Ryddle su paradero, lo cual le permitió atacarlos. Mi padre fue el primero en morir, y Ryddle luego intentó convencer a mi madre de apartarse para que él pudiese matarme (Snape le había pedido que no la matase de ser posible), pero ella se negó. Ryddle entonces la asesinó, pero olvidó algo muy importante: al morir para salvarme, ella me había dado una protección mágica muy poderosa. De modo que cuando me lanzó el Avada Kedavra, la maldición rebotó e hizo blanco en él.
“En ese momento, algo extraordinario y sin precedentes ocurrió. El alma de Ryddle se dividió nuevamente, y un fragmento fue a parar en mí. De allí provino la conexión que siempre existió entre él y yo, y el hecho de que yo tuviese algunos de sus poderes, como la habilidad de hablar pársel.
“El fragmento del alma de Ryddle residente en mí fue destruido anoche, magos y brujas, por el propio Ryddle. Yo me enteré de mi propio carácter de Horrocrux gracias a Snape, que me permitió ver sus recuerdos antes de morir, y cuando supe la verdad decidí dejar que Ryddle me matase, para así terminar la destrucción de los Horrocruxes y dejar a Ryddle como un simple mortal.
La revelación generó una ola de susurros en el Gran Salón, pero Harry continuó con su relato.
-Lo que sucedió entonces, ni siquiera yo lo comprendo del todo. Lo único que es seguro es que el Avada Kedavra que Tom Ryddle me lanzó no logró matarme, pero destruyó el fragmento de su alma que había en mí.
“No creo que haga falta que les explique cómo murió Ryddle, todos lo vieron. Lo último que les contaré es lo que se refiere a la muerte de Albus Dumbledore. El director, como conté antes, estaba agonizando por culpa del hechizo que contenía el Horrocrux de Ryddle. Sabiendo que Ryddle le había encargado a Draco Malfoy la misión de matarlo, arregló las cosas de modo que quien lo terminase matando fuese Severus Snape. No fue un asesinato, magos y brujas, pues Dumbledore y Snape ya lo habían concertado de antemano.
“Snape, como conté antes, nos reveló a Ron, Hermione y yo la ubicación de la espada de Gryffindor, con la que conseguimos destruir el relicario de Slytherin. También, durante su período como director, intentó contener a los Carrow y evitar que matasen alumnos, como le había pedido Dumbledore que hiciera en caso de que la escuela cayese en manos de los Mortífagos. Fue un héroe, magos y brujas, aunque no un héroe perfecto. Los héroes no están hechos de bronce y mármol, sino de carne y hueso, cometen errores y tienen debilidades. Y Severus Snape fue probablemente el héroe más humano, más imperfecto de la historia mágica. Pero debe ser recordado y sus acciones deben ser agradecidas. Por eso pido un aplauso para Severus Snape, director de Hogwarts.
Una nueva ola de aplausos, tan entusiasta como la antes dedicada a Albus Dumbledore, se produjo. Cuando terminaron, Harry dijo:
-Y eso es todo, amigos y amigas. Quiero darles las gracias por escucharme con tanta paciencia. Espero que recuerden éste discurso para poder contarles a sus hijos la verdad cuando les pregunten por esta guerra que acaba de terminar. Gracias.
El último aplauso fue el más largo y ruidoso de todos los que marcaron esa memorable cena.
domingo, 26 de agosto de 2007
Reunión de profesores
(Todos los personajes salvo Servilia Crouch, Gerald e Isaac Prewett, Agamemnon Lestrange, Livius Black, Portia Nott, Michael, Louis y Valerie Rosier pertenecen a J. K. Rowling. Éste es el tercer relato de fan fiction sobre la saga de Harry Potter que publico en mi blog, después de Después de la batalla y Albus en Hogwarts)
Todos los años, después del banquete inaugural, el director o directora de Hogwarts se reunía con los jefes de las Casas en su despacho para tomar una copa. Esa era la ocasión perfecta para hablar de los nuevos estudiantes y de los planes para el año que comenzaba. Albus Dumbledore había dado inicio a la tradición en su primer año como director del colegio. Dolores Umbridge probablemente no la hubiese continuado, pero como ella no alcanzó a estar un año entero como directora de Hogwarts, y terminó en Azkaban pocos años después, a nadie le importaba lo que hubiese podido o no hacer en ese puesto. Severus Snape no se atrevió a encontrarse cara a cara en privado con los jefes de las Casas, ninguno de los cuales apoyaba a Voldemort (pese a que en secreto él trabajaba en su contra). Pero Minerva McGonagall había restaurado la costumbre, y Servilia Crouch la continuaba.
De los cuatro jefes de Casas, quien parecía más contento era sin duda Horace Slughorn. Filius Flitwick, profesor de Encantamientos y jefe de Ravenclaw, Ernie MacMillan, profesor de Defensa contra las Artes Oscuras y jefe de Hufflepuff, y Neville Longbottom, profesor de Herbología y jefe de Gryffindor, estaban bastante menos entusiasmados.
-¡Albus Potter en mi Casa! -exclamó Slughorn- ¡Nunca me hubiese imaginado que viviría para ver el día en que un nieto de Lily Evans terminase en Slytherin!
-El Sombrero estuvo bastante… caprichoso éste año. La selección fue rapidísima -dijo Neville, mientras observaba su copa de vino.
-Es cierto -comentó Flitwick-. Nadie hubiese imaginado que un Lestrange terminaría en Gryffindor y una Weasley en Ravenclaw.
-Nadie hubiese imaginado que un Lestrange volvería a poner pie en Hogwarts después de todos los crímenes que cometieron Rodolphus, Rabastan y sobre todo Bellatrix -dijo Crouch con aspereza-. ¿De quién es hijo?
-De Rabastan -respondió Ernie, cuya esposa Susan Bones trabajaba en el Ministerio de la Magia-. Después de la muerte de Ryddle, los hermanos se separaron para siempre. Rodolphus… bueno, todos sabemos lo que quiso hacer. Intentó convertirse en un nuevo Señor de las Tinieblas y reunir en torno a sí a todos los Mortífagos que habían sobrevivido a la batalla de Hogwarts, pero no era tan poderoso, astuto o temible como Ryddle y no logró ganarse su confianza. Y fue lo bastante estúpido como para acudir a Lucius Malfoy con sus absurdos planes. Malfoy lo entregó al Ministerio en un abrir y cerrar de ojos. No duró ni dos años en Azkaban. Rabastan, en cambio, tuvo la inteligencia de huir del país. Tengo entendido que se refugió en Francia, de donde su familia es oriunda.
-¿Y allí tuvo a Agamemnon? -preguntó Flitwick.
-Sí. Él se había escondido con sus parientes franceses, y vivía con bastante tranquilidad. Pero pronto se dio cuenta de que se estaba poniendo viejo y que con su muerte se extinguiría para siempre la familia Lestrange. De modo que hizo que sus familiares le buscasen una esposa francesa de sangre pura, se casaron y al cabo de un tiempo tuvieron un hijo.
-¿Y cómo pudo mandar a su hijo a Hogwarts sin que el Ministerio lo molestase? -preguntó Crouch.
-Bueno, él no solo quería que los Lestrange no desapareciesen, sino que también quería que conservasen su nombre y su status en Inglaterra. De modo que le envió una carta a Shacklebolt ofreciéndole entregarse y afrontar los cargos en su contra si su mujer y su hijo podían vivir en Inglaterra y disponer de sus propiedades y su dinero. Shacklebolt aceptó (aunque creo que le impuso una multa del 25% a los bienes de los Lestrange), y Rabastan volvió a Inglaterra… y a Azkaban.
-¿Cuándo sucedió esto? -preguntó Slughorn.
-Hace unos 10 años.
-¿Y Agamemnon conoce a su padre? -preguntó Crouch.
-No, Rabastan murió el mismo año en que lo encerraron -Ernie hizo una mueca-. Aunque ya no haya Dementores en Azkaban, eso no significa que sea un lugar agradable donde vivir, ¿saben? La mayoría de los prisioneros no suele durar mucho. Aunque hay algunos más resistentes: me cuentan que Dolores Umbridge sigue viva, aunque ha perdido la razón.
-Éste año tenemos muchos alumnos provenientes de familias que creíamos extintas, ¿cierto? -dijo Slughorn- No sólo por Agamemnon Lestrange, sino por Livius Black y por Isaac Prewett. Creía que ya no quedaban varones en esas familias.
-Son descendientes de squibs, Horace -dijo Flitwick-. El bisabuelo de Livius es Marius Black, un nieto de Phineas Nigellus que fue desheredado por ser squib. E Isaac es nieto de un tal Gerald Prewett. También era un squib, pero los Prewett lo trataron un poco mejor. Creo que trabajó como contador. Ambos desarrollaron poderes mágicos, por lo que fueron aceptados en Hogwarts.
-Supongo que esto debería enseñarnos a no subestimar a los squibs. Probablemente los Black nunca hubiesen imaginado que el último de sus descendientes en llevar el apellido sería biznieto de aquel squib al que tanto despreciaban -comentó Neville, recordando como sus abuelos y sus tíos habían temido que él mismo fuese un squib.
-También hay una Rosier, Valerie -dijo Flitwick-. ¿Es hija de Evan Rosier?
-No, su nieta -respondió Ernie-. Evan murió hace demasiado tiempo como para tener una hija tan joven. Su padre es Michael Rosier, hijo de Evan.
-Vaya, no sabía que Evan Rosier tuviese un hijo -comentó Slughorn-. Recuerdo que él estuvo en mi Casa. No era un estudiante brillante, pero tenía buen linaje.
Los demás profesores intercambiaron miradas cómplices, recordando que Slughorn, a pesar de no tener prejuicio alguno contra los hijos de muggles o los mestizos, consideraba que ser de sangre pura era a priori un rasgo positivo.
-Rosier era uno de los Mortífagos más leales a Ryddle, junto a los Lestrange -dijo Ernie-. Su hijo Michael es de la misma generación que Neville y yo, pero no se unió a los Mortífagos. Su madre y su abuela decidieron que era más seguro para él crecer en Francia, de modo que se trasladaron allí. Michael estudió en Beauxbatons, se casó y tuvo a Valerie y a un hijo llamado Louis. Unos años después de la muerte de Ryddle, Michael consideró que era seguro volver a Inglaterra, y se estableció aquí.
-¿Y Valerie terminó en Slytherin, cierto? -preguntó la directora.
-Sí, el Sombrero la mandó a mi Casa apenas rozó su cabeza, como a Scorpio Malfoy y a Albus Potter -dijo Slughorn.
-Todavía no comprendo cómo Albus terminó en Slytherin… -dijo Neville-. No me malinterpretes, Horace -dijo dirigiéndose a Slughorn-, no creo que haya nada de malo en formar parte de tu Casa. Pero sus padres, sus abuelos y sus tíos estuvieron todos en Gryffindor.
-Bueno -dijo Slughorn con cierta aspereza-, Sirius Black provenía de una familia en donde todos estuvieron en Slytherin y fue enviado a Gryffindor por el Sombrero con tan pocas vacilaciones de su parte como con Albus.
-Espero que no tenga problemas -dijo Ernie.
-¿Por qué habría de tenerlos? -replicó Slughorn con frialdad.
-Bueno, en su año hay muchos estudiantes parientes de Mortífagos. Tenemos a Scorpio Malfoy, para empezar, cuyo padre y abuelo fueron Mortífagos… Los padres de Antoine Zabini y Perseus Flint no fueron Mortífagos, pero siempre sospeché que apoyaban las ideas de Ryddle… El abuelo de Portia Nott fue Mortífago, y creo que su padre Theodore no se unió a las filas de Ryddle solo porque era demasiado joven -ante la mirada escéptica de Slughorn, Ernie añadió-: Draco Malfoy fue una excepción, Ryddle lo aceptó como Mortífago porque quería vengarse de sus padres encomendándole una misión peligrosa…
Sintiendo la tensión entre los profesores, la directora Crouch intervino:
-Bueno, no creo que recordar hechos tan antiguos nos lleve a nada. Sólo porque sus padres hayan sido Mortífagos o simpatizantes de los Mortífagos no significa que los alumnos que mencionaste lo sean, Ernie. Creo que debemos alegrarnos de que el Sombrero tome decisiones como la de ésta noche. Seguramente Albus Potter ejercerá una influencia positiva entre sus compañeros, y se reducirá la rivalidad que existe entre los de Slytherin y los de Gryffindor.
Slughorn asintió.
-Por mi parte, siempre he creído que la pertenencia a tal o cual Casa no tiene la menor importancia. En el Club de las Eminencias siempre trato de mezclar magos y brujas talentosos, sin importar de qué Casa sean.
Neville, Ernie y Flitwick convinieron con Slughorn porque por naturaleza ninguno de los tres gozaba de los enfrentamientos verbales y porque, en el fondo, les caía bien su colega. Contenta por haber conjurado cualquier disputa entre los profesores, Servilia Crouch bebió lo que quedaba de vino en su copa y se puso de pie, indicándoles que se iba a dormir. Ernie, Neville, Flitwick y Slughorn también se pusieron de pie, se despidieron de la directora y se fueron a sus dormitorios.
Crouch quería irse a la cama, pero antes sintió que debía revisar sus recuerdos.
En su testamento, Albus Dumbledore había legado su Pensadero a Hogwarts. Era desde entonces propiedad de la escuela, como la espada de Godric Gryffindor, y descansaba en la oficina del director para que él o ella lo utilizasen a voluntad. Crouch tomó su varita del escritorio, la apuntó a su sien, extrajo sus recuerdos y los vertió en el Pensadero. Luego acercó su rostro a la superficie líquida y pronto entró en ese mundo en donde nadie podía verla ni oírla.
Estaba de pie en el campo. Caía una suave nevada, cuyo frío, por supuesto, no podía sentir. El lugar se trataba de una granja bastante vieja y desolada. Pronto vio acercarse a un grupo de tres personas. Se distinguió a sí misma entre ellos. Servilia Crouch, mucho más joven y con su hermoso cabello negro totalmente desprovisto de canas, caminaba rápida y decididamente hacia la granja. Estaba acompañada por Ojoloco Moody y por Amelia Bones.
-¿Es aquí? -preguntó Crouch a los otros dos Aurores.
-Sí, Servilia -contestó Moody-. Nos lo dijo Dumbledore.
-¿Es una de las propiedades de su familia? No parece la clase de lugar en donde viviría un Rosier -dijo Bones.
-Es la granja de un viejo muggle. Rosier lo mató e hizo desaparecer su cadáver, no sin antes cortarle el cabello y las uñas. Hace un par de semanas que se está haciendo pasar por él mediante la Poción Multijugos, pero dudo mucho que pueda seguir así para siempre. Debemos actuar ahora, antes de que Rosier decida buscarse otro lugar para vivir -respondió Moody.
Crouch y Bones asintieron. Luego Bones preguntó:
-¿Intentaremos capturarlo vivo?
-Le ofreceré la posibilidad de rendirse, pero no creo que acepte. Habrá que Aturdirlo.
Crouch dijo:
-Sinceramente, no tengo muchos deseos de que Rosier sobreviva.
Ni Moody ni Bones hicieron comentario alguno al respecto.
-Amelia, tú quédate afuera y vigila la casa para que no escape. Servilia y yo entraremos.
-De acuerdo, Alastor.
Moody, la Crouch del pasado y la Crouch del presente se aproximaron a la puerta. Moody utilizó un hechizo para abrir la cerradura y no tardaron en entrar a la casa.
El lugar era muy oscuro, pues Rosier había cerrado las persianas para evitar que lo viesen desde afuera sin haber tomado la poción. En las semanas en que había estado viviendo allí, el Mortífago no se había preocupado mucho por la limpieza.
Crouch y Moody se aproximaron lentamente al living de la casa. Había un plato con restos de comida. Moody se aproximó, los tocó con la punta del dedo y dijo:
-Están muy calientes. Todavía está aquí…
De pronto, alguien gritó “¡Sectumsempra!”, y de la nariz de Moody comenzó rápidamente a manar abundante sangre. Evan Rosier apareció de la nada, con su varita apuntando al Auror, y gritó “¡Avada…!”, pero no llegó a pronunciar la maldición pues Crouch le lanzó un Cruciatus. Rosier se retorció en el suelo, y Moody aprovechó para quitarle su varita con Expelliarmus. Evan Rosier estaba vencido.
Crouch, todavía apuntando a Rosier con su varita, miró con preocupación a Moody. Para su horror, vio que el Sectumsempra de Rosier le había cortado un pedazo enorme de su nariz. Y fue entonces que su rabia hacia lo que Rosier le había hecho a su amigo y colega estalló, haciéndola gritar:
-¡Avada Kedavra!
-¡NOOO! -gritó Moody demasiado tarde.
El rayo verde salió de la varita de Servilia Crouch e impactó directamente en Rosier, que no tuvo tiempo de cambiar la expresión de odio de su rostro. Estaba muerto.
-¡CÓMO PUDISTE HACER ESO! -gritó Moody, y en dos pasos cubrió la distancia que lo separaba de Crouch, la sujetó de los hombros y se puso a sacudirla violentamente.
-¡CÓMO SE TE OCURRIÓ MATAR A UN PRISIONERO DESARMADO!
Servilia, desesperada, apuntó su varita a la puerta por donde habían entrado y dijo “Muffliato”, evitando así que Amelia escuchase el vozarrón de Moody desde el exterior de la casa.
-¡¿Acaso te has vuelto loca?! ¡Ya sé lo mucho que odias a los Mortífagos, pero no podemos matarlos a menos que constituyan una verdadera amenaza, Servilia! ¡Rosier estaba desarmado!
-Suéltame, Alastor -dijo Servilia fríamente. Moody fue aflojando la presión de sus dedos en sus hombros, y ella aprovechó para liberarse.
-Escucha, yo no quise hacerlo. Es que… vi lo que ese animal te hizo y… perdí los estribos.
-¡No es la primera herida que me han hecho, y seguramente no será la última! ¡¿Acaso no lo sabes, Servilia?!
-¡Por supuesto, Alastor, lo sé! ¡Y si pudiera volver atrás y no matar a Rosier, lo haría, créeme! ¡Pero lo hice y no podemos deshacerlo!
-Tendrás que ir a Azkaban por esto, Servilia.
-Tú sabes bien que eso es imposible. Soy la mejor Auror del Departamento, me necesitan. El Innombrable todavía tiene seguidores peligrosos, como los Lestrange, que siguen en libertad y continuarán matando a menos que los detengamos. ¿De qué sirve mandarme a Azkaban? Rosier era un perro, Alastor. Nadie lamentará que esté muerto.
Moody gruñó:
-¿Qué les diremos a Amelia y a los demás Aurores?
-Que maté a Rosier cuando te lanzaba un Avada Kedavra. Después de todo, no es la primera vez que esto pasa. Amelia podrá testificar que escuchó su voz empezando a pronunciar la maldición.
-No me gusta nada, Servilia. No podemos rebajarnos al nivel de los Mortífagos de esa manera.
Pero Crouch notó que su tono era de resignación más que de rebeldía. Estaba claro que Moody estaba dispuesto a encubrir el asesinato de Rosier, aunque de muy mala gana. Crouch le dijo:
-Te prometo que seré más cuidadosa en el futuro, Alastor. No pienso volver a utilizar ninguna Maldición Imperdonable a menos que sea absolutamente necesario.
-Me aseguraré de eso, Servilia -dijo Moody lanzándole una mirada muy penetrante-. Salgamos de aquí, hay que hablar con Amelia antes de que decida entrar a ver qué pasó.
Crouch se inclinó, tomó la varita de Rosier que Moody había dejado caer cuando comenzó a sacudirla y la puso en la mano del cadáver. Luego ambos salieron de la habitación.
La Servilia Crouch actual salió del Pensadero y se sentó en su escritorio nuevamente.
He recorrido un largo camino desde lo de Rosier. Sobreviví prácticamente a todos los Aurores de mi generación, y supe retirarme a tiempo del trabajo, lo mismo que supe reaparecer a tiempo en la guerra contra Ryddle. Nadie sabe qué pasó en esa granja, logramos que todos creyesen que yo maté a Rosier para defender a Alastor. Es cierto que Alastor sabía la verdad, y que Amelia probablemente la sospechaba, pero ambos mantuvieron la boca cerrada; el propio Ryddle, años más tarde, me hizo el “favor” de matarlos.
Ahora estoy a muy pocos pasos de lograr lo que el pobre Barty jamás logró: ser ministra de la Magia. Shacklebolt pronto renunciará y yo estoy entre sus posibles sucesores, eso lo dicen hasta en El Profeta. No entiendo, entonces, por qué me preocupa tanto tener a la nieta de Rosier en Hogwarts. Ella nació décadas después de la muerte de Alastor y Amelia, por no hablar de la de su abuelo. Pero no puedo evitar sentir cierto desasosiego ante la perspectiva de que ella esté aquí. ¿Por qué le tengo tanto miedo?
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