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jueves, 8 de noviembre de 2007

Ahora, ella

Un poco de música para amenizar la lectura:

Como sospecho que muchos empezarán a creer que estoy más interesado en la discusión que se ha venido dando en la tribuna de doctrina, y a la que me referí acá y acá, sobre si a Cristina Fernández de Kirchner corresponde llamarla “presidente” o “presidenta” (insisto: para mí es “presidenta”) que en analizar cómo será su presidencia, voy a lanzarme de cabeza al tema.
Néstor Kirchner siempre ha estado dividido entre lo que es y lo que quiere ser. Kirchner es un caudillo peronista, con todo lo bueno y malo que ello conlleva, pero quiere ser el líder de un gran partido de centroizquierda como el PSOE en España, la Concertación en Chile o el Partido Demócrata en EUA. Hasta ahora, ha hecho ensayos muy tímidos para formar esa fuerza de centroizquierda; con la ayer famosa y hoy olvidada “transversalidad” él logró atraerse a varios dirigentes de centroizquierda no -o ex- peronistas como Miguel Bonasso, Patricia Vaca Narvaja o Graciela Ocaña. Con la “Concertación Plural” se ganó la adhesión de casi todos los gobernadores radicales.
Pero los kirchneristas “transversales” ocupan cargos más bien marginales en el gobierno nacional, y el principal representante de la “Concertación”, Cleto Cobos, llega a la vicepresidencia con la humillación de haber perdido su provincia a manos de otro kirchnerista, Celso Jaque. El cálculo de Kirchner al ponerlo en la fórmula presidencial era que le acarrease votos radicales a la candidatura de CFK, pero a la larga el aporte del Cleto -como le dicen sus comprovincianos- fue nulo y casi negativo, considerando los desacuerdos entre su gobierno y el INDEC por la inflación de Mendoza, que se produjeron justo en los últimos tiempos de la campaña; la clave de la victoria de Cristina fue la estupenda performance de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires, junto con otros factores como cierto voto culposo de la clase media que apoyaba la continuidad del kirchnerismo por otros 4 años pero que no osaba confesarlo ante sus amigos o los encuestadores; yo mismo podría estar encuadrado en ese voto de no ser porque nunca oculté a nadie que iba a votarla.
Otra “estrella” de la “Concertación Plural”, el intendente marplatense Daniel Katz, fue vencido en su propio distrito y además fue desairado por Scioli, en cuyo gabinete él esperaba tener un puesto. Como bien señaló Pepe Pompín en su última videocolumna, el 28/10 fue un mal día para los “radicales K”.
El hecho es que los intentos de Kirchner de armarse una estructura propia ajena al aparato del peronismo no han tenido mucho éxito. Su sueño es que alejado de las tareas del gobierno, podrá armar esa estructura con más facilidad que como presidente. Si tendrá éxito o no, es difícil saberlo. Yo desde ya adelanto que todas esas ideas de organizar una gran fuerza de centroizquierda y una gran fuerza de centroderecha en la Argentina me parecen muy alejadas de la realidad. Como comenté en los Apuntes postelectorales que hizo Tavos en Homoeconomicus, encorsetar a nuestra clase política en esos dos conglomerados en como tratar de adaptar la cabeza al sombrero en vez del sombrero a la cabeza. Nuestra política es como es, y no se puede tratar de cambiarla artificialmente.
CFK va a estar a cargo de los asuntos de Estado, mientras que Kirchner va a dedicarse a dos tareas quizá contradictorias: por un lado, construir desde el poder ese gran espacio de centroizquierda con el que sueña (según la revista Noticias, Kirchner habla en privado de conseguirse ¡12.000 militantes! para su criatura), y por el otro negociar con los factores de poder -los empresarios, los sindicatos, los caudillos peronistas del interior y del GBA, todos los viejos conocidos- para garantizar la gobernabilidad de su esposa.
¿CFK representa un cambio? Sinceramente, dudo que sea algo más que un cambio cosmético. Probablemente la veamos dar muchas más entrevistas que Kirchner (aunque siempre en el mismo estilo que las que concedió a Bonelli & Silvestre o a Morales Solá), respetar más el protocolo, hacer más viajes diplomáticos y quizá decida emplear al Congreso con más frecuencia que los DNU para aprobar leyes, más que nada por la cómoda y paradójicamente inédita mayoría con la que cuenta en ambas Cámaras. Tal vez, sólo tal vez, se impulsen el juicio por jurados (algo que a mí me parecería realmente positivo) y el voto electrónico (lo cual, como dije antes, yo veo con desconfianza). Pero en el fondo, el éxito de su gobierno no depende de todas esas cosas, que a la larga son apenas gestos. El éxito de su gobierno depende de cómo hará Kirchner para disciplinar y/o satisfacer a los factores de poder.

2 comentarios:

  1. Martín: ¿estás absolutamente seguro del juicio por jurados? ¿Con lo manipulable que es la opinión pública? Mmmm, yo antes bancaba eso por progresista. Pero ya no estoy tan seguro.

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  2. Tanto jueces como jurados pueden dar sentencias malas. Pero yo estoy a favor no del sistema yanqui, a la Doce hombres en pugna, sino del cordobés, con 8 jurados populares decidiendo conjuntamente con tres jueces sobre las sentencias. No es perfecto, pero creo que es mejor que los sistemas homogéneos.
    Saludos y muchas gracias por la visita.
    PD: ¿La pasaste bien en Pergamino?

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