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jueves, 6 de diciembre de 2007

El diario de Lanata y el golpe de Uriburu

Hoy me enteré acá que Jorge Lanata, recientemente alejado de la redacción del semanario Perfil, no va a crear un diario nuevo, como yo creía, sino a reabrir uno viejo: el legendario Crítica (1913-1962). Investigando (bah, buscando “Diario Crítica” + “Yrigoyen” en Google) me encontré con el texto que reproduzco a continuación, sobre el rol del diario que Lanata se dispone a resucitar de entre los muertos en el golpe de Estado de 1930, liderado por José “Von Pepe” Uriburu.

Crítica salió a la calle en 1913 para competir con verdaderos monstruos sagrados del periodismo argentino como La Nación, La Prensa, La Razón o El Mundo. Con el tiempo, de la mano de su fundador Natalio Botana, fue ganándose un espacio al aprovechar toda una enorme masa de lectores que se incorporaban lentamente al universo político-social de un país que cambiaba. La ley de Educación 1420, sancionada en 1883, había transformado paulatina pero inexorablemente a los hijos de inmigrantes en hablantes de castellano, detalle que democratizaba las opciones en relación con los criollos. La Ley Sáenz Peña de 1912 le aseguraba a todos los argentinos varones que viviesen en la Capital o en las provincias (no así en los entonces territorios nacionales), el derecho al voto. Mientras moría el régimen conservador y fraudulento del ’80, Crítica (sin pasado y sin “mitos” a los cuales responder -como La Nación con Bartolomé Mitre), comenzaba a construir su futuro.
Botana revolucionó la forma de hacer periodismo en la Argentina. Por sus páginas pasaron firmas tan notables como la de Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, Ulyses Peit de Murat, Roberto y Raúl González Muñón, Nicolás Olivari, Sixto Pondal Ríos, Gustavo Germán González (GGG, el hombre que transformó para siempre las noticias policiales), Pablo Rojas Paz o el ilustrador Diógenes Taborda, entre muchos otros. Creó suplementos deportivos, para chicos, la mujer, de cocina. Instaló secciones fijas de teatro o de cine, lanzó colecciones de libros baratos al alcance de la mayoría y se transformó, tal como pretendía su fundador y tal como lo sostiene Sylvia Saítta (
Regueros de tinta), el diario Crítica en la década de 1920, en “la voz del pueblo”.
El diario (y Botana) no admitía medias tintas: se lo amaba o se lo odiaba. Pero había ganado muchos lectores y eso era irrefutable. En materia política,
Crítica asumió diferentes posiciones, muchas de ellas contradictorias: frente a un nuevo público, adoptaba posturas que en muchas oportunidades lo emparentaban con la “vieja prensa”, esa que estaba destinado a modificar. Botana, por cuestiones difíciles de analizar, no compartía las ventajas de la ley de sufragio secreto y obligatorio, invocando cuestiones clasistas relacionadas con los privilegios que perdía la clase dominante con el ingreso, esta vez protegido legalmente, de las masas al “cuarto oscuro” de las decisiones. Sin embargo, esos nuevos votantes, puede suponerse, eran también sus “nuevos lectores”.
En materia internacional, Botana no tuvo dudas ni ideológicas ni periodísticas: apoyó a los Aliados en las dos Guerras Mundiales, estuvo junto a los republicanos en la Guerra Civil Española y, fundamentalmente, fue un claro y notorio opositor a Adolf Hitler. En otro terreno, fue capaz de diferenciar al delincuente común del político (por ejemplo Simón Radowitzky, Kurt Wilckens o los detenidos anarquistas o socialistas).
Pero como “actor político” dentro de la escena nacional, sus ideas fueron variando. Durante la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen, se enfrentó a él; apoyó luego a socialistas y a socialistas independientes, mantuvo una respetuosa relación con Marcelo Torcuato de Alvear, adhirió a Yrigoyen antes de sumir su segundo mandato y, una vez en el poder, “lo demolió en 1930” (Saítta). No obstante, cabe aclarar que su historia periodística comenzó, como para hacer de su biografía un particular “laberinto”, a partir de una alianza con el conservador Marcelino Ugarte.
En 1930, en las vísperas del golpe con el que José Félix Uriburu derrocaría a Yrigoyen, se puso en funcionamiento lo que Álvaro Abós (
El Tábano. Vida pasión y muerte de Natalio Botana), desde lo periodístico, llama “técnica de un golpe de Estado”. Sólo hay que repasar algunos (nada más que unos pocos) titulares:
“¿Se convenció el señor Yrigoyen de que todo el pueblo lo repudia?” Bajada: “La silbatina de la Sociedad Rural no tiene precedentes. Ni Juárez Celman experimentó un repudio parecido. Esto no puede durar más” dice Cantón: “Una chispa y estallará el incendio”. (1° de septiembre de 1930)
En primera plana: “Se está tramitando activamente la renuncia del señor presidente. El presidente hace dos días que no recibe a nadie”. (2 de septiembre de 1930)
Títulos gigantes: “Esto se acabó. Invitamos al comercio a cerrar sus puertas por la mañana. La universidad ha suspendido las clases. Hay orden terminante de disparar contra el pueblo”. (4 de septiembre de 1930).
“Yrigoyen no es más presidente de la República. Carece de autoridad moral: se ha ganado el odio colectivo; se esconde amedrentado en su fortaleza de la calle Brasil. ¡Que renuncie, que renuncie!! Por las calles de Buenos Aires, de todo el país, corre el tumulto arrollador de la protesta popular. Ahora mismo puede asomarse al balcón y presenciar el espectáculo imponente de la multitud indignada, execrando su nombre en todos los tonos y exigiéndole la renuncia. ¡Que renuncie, que renuncie!” (5 de septiembre de 1930)
Final,
Crítica, 6 de septiembre de 1930: “A las 19 horas el general Uriburu asumió el gobierno de la Nación. Irigoyen huyó y Martínez, el pobre diablo que ejercía el mando, firmó muy temblorosamente la renuncia. Finalizó por fin la pesadilla. Inmenso júbilo nacional”. Ese mismo día, Botana lanzó una edición especial (438.811 ejemplares), en la que la primera página está cruzada por una sola palabra escrita en la tipología más grande jamás utilizada por Crítica: “REVOLUCION”. Hay un dibujo de soldados desfilando y abajo se lee: “Esta mañana a las 8:05 el Ejército Nacional, al mando del general Uriburu, se levantó contra el gobierno inconstitucional del Sr. Yrigoyen”. Para Botana el “revolucionario” era Uriburu y el “inconstitucional” Yrigoyen.
Sin embargo, después del golpe
Crítica pide elecciones generales y el general Uriburu no sólo clausura el diario sino que encarcela al propio Botana. Era imposible volver atrás. Crítica había adoptado un papel fundamental en la asonada y, pese al brusco cambio de los acontecimientos, se lo reconocían. Dice Sylvia Saítta: “Los días posteriores al golpe de Estado, Crítica es aclamado por la multitud y Natalio Botana es homenajeado por algunos sectores del nuevo gobierno el 12 de octubre en el Pabellón de las Rosas. Los discursos de los conservadores más cercanos al uriburismo elogian calurosamente la ‘misión cumplida’ por Botana en ‘la jornada histórica’, y el presidente Uriburu, aunque no concurre al homenaje, envía una carta, por medio de Miguel Ángel Bunge, jefe de la Secretaría de la Presidencia”.
A veces en la Argentina no hay nada más nuevo y con más vigencia que el diario de ayer.


Pueden leer el artículo en su contexto original acá.
Che, ¿no les recuerda la historia de Natalio Botana y Crítica con los golpistas de 1930 a la de Jacobo Timerman y La Opinión con los golpistas de 1976?

2 comentarios:

  1. Realmente un comentario muy interesante. Recuerdo que el lema del diario Crítica, me parece que era algo así un tábano que pica donde más duele, como Lanata. Saludos de un bonaerense que vive en España.

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  2. Te agradezco la visita y el comentario, tocayo.
    Saludos

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